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Principios de
economía marxista (VI) |
| La teoría
del valor (III PARTE) |
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La tasa
de ganancia |
Juan Ignacio Ramos
La verdadera contradicción del sistema capitalista
consiste en que mientras la producción ha adquirido un carácter social, la
apropiación se realiza de forma individual. Ésta es la base material de la
explotación: el trabajo excedente de un hombre se convierte en condición
para la existencia de otros.
La lucha de clases, que para el marxismo es el motor de
todo el desarrollo histórico, se puede reducir en última instancia a la
lucha por la apropiación de la plusvalía. Los dueños de los medios e
instrumentos de producción, los capitalistas, que se apropian del
plusproducto generado por los trabajadores, se enfrentan constantemente a la
resistencia de éstos, que pugnan por ceder la parte menor de este
plusproducto.
Existen diferentes formas de aumentar la plusvalía para
los capitalistas, por ejemplo, incrementando la plusvalía absoluta, es decir
prolongando la jornada de trabajo. En los albores del capitalismo, tal como
Marx explica en el libro I de El Capital, el proceso de acumulación en
Inglaterra se desarrolló de una forma muy violenta, a través de la
expropiación de la masa campesina que se transforma en la mano de obra
proletaria, y de la incorporación de ésta al proceso productivo fabril en
condiciones de explotación despiadadas. Las jornadas de 16 horas eran
habituales, no sólo para los hombres, también para mujeres y niños. En la
práctica, la muerte de miles de estos nuevos proletarios en estas condiciones
laborales extremas no suponía ningún problema para la burguesía: tenían
abundante carne de explotación para reponer.
Si echamos un vistazo a la situación actual, durante los
últimos veinte años la burguesía ha llevado a cabo una ofensiva para
prolongar la jornada laboral. La precarización del empleo y el desarrollo de
nuevas tecnologías ha permitido disponer del horario del trabajador al antojo
del empresario, extendiendo la jornada considerablemente.
Junto con la prolongación de la jornada existen otras
maneras de aumentar la tasa de plusvalía que el capitalista se apropia, lo
que se conoce como plusvalía relativa: reduciendo el tiempo de trabajo
necesario para la producción de una mercancía dada, a través de la
incorporación de tecnología y de un incremento de los ritmos de trabajo.
Esta forma de aumentar la plusvalía es bien conocida por millones de
trabajadores en todo el mundo, especialmente los vinculados a nuevas
tecnologías o a la producción industrial. El estrés, las enfermedades
laborales, la ansiedad y el agotamiento que producen estos ritmos infernales
de trabajo es la norma habitual en numerosas empresas.
La tasa de ganancia
La plusvalía se descompone en ganancia, interés y renta
del suelo. Obviamente la plusvalía no es igual a beneficio, pues de la
plusvalía el capitalista tiene que descontar toda una serie de gastos que
desembolsa en el proceso productivo y de comercialización de la mercancía.
Para un capitalista es importante conocer la tasa de
plusvalía que obtiene en la producción, pues le indicará el grado de
rentabilidad que obtiene de la fuerza de trabajo. La tasa de plusvalía se
puede considerar como la relación entre el aumento del capital que aparece al
final del proceso de producción (plusvalía) y el capital variable que la
produce:
P’ es la tasa de plusvalía, P la plusvalía o D’
menos D, y V es el capital variable.
La tasa de plusvalía expresa el grado de
explotación del trabajo por el capital. Es necesario distinguir entre
tasa de plusvalía y tasa de ganancia. Al capitalista no le interesa
especialmente conocer a qué parte especial de su capital total debe
el aumento de plusvalía, puesto que tanto el capital variable como el
constante le resultan imprescindibles. Lo fundamental es que su
ganancia no disminuya. La tasa de ganancia se averigua de la siguiente
forma:
P es plusvalía y c + v es capital variable más
capital constante. La tasa de ganancia es directamente proporcional a
la tasa de plusvalía pero inversamente proporcional a la composición
orgánica de capital. La composición orgánica de capital se
representa de la siguiente manera:
q sería la composición orgánica, C es el capital
total y c + v el capital constante y el variable.
La práctica de la producción capitalista hace que
la competencia exija de cada capitalista individual integrar dentro
del proceso productivo los últimos adelantos en maquinaria y
tecnología que ofrece el mercado. De esta manera las inversiones en
capital fijo, es decir en medios e instrumentos de producción, se
elevan. A corto plazo esto permite producir más mercancías, pero
hace disminuir la tasa de ganancia en la medida que aumenta la
composición orgánica del capital. Para verlo de una forma más
concreta tomemos a dos capitalistas con la misma inversión en capital
variable, la misma plusvalía y tasa de plusvalía pero diferente
capital constante. Si aplicamos las fórmulas que hemos considerado
anteriormente la tasa de ganancia disminuirá para el que ha realizado
mayor gasto en capital constante.
| Capitalista
A |
| c |
y |
P |
P` |
G` |
|
|
|
|
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|
250.000 |
50.000 |
50.000 |
100% |
16,6% |
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| Capitalista
B |
| c |
y |
P |
P` |
G` |
|
|
|
|
|
| 150.000 |
50.000 |
50.000 |
100% |
25,0% |
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De esto se derivan varios hechos fundamentales
del sistema capitalista. Por un lado que la competencia producirá una
tendencia en todo capital a obtener la tasa media de ganancias y, por
otro, que esta misma competencia acelera la composición orgánica de
capital provocando una tendencia general a la caída de la tasa de
beneficios, que se manifiesta episódicamente. No obstante, los
capitalistas tienen recursos y medios para combatir esta tendencia
producto de la competencia, asunto del que nos ocuparemos en el
siguiente artículo.
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