La crisis abierta en el Partido Socialista con la dimisión
de Nicolás Redondo Terreros y la formación de una Gestora presidida por
Ramón Jáuregui está directamente relacionada con la política de Zapatero
de pactos con el Partido Popular; por tanto sólo puede ser vista como un
episodio de una crisis mucho más amplia que se está fraguando en el seno del
PSOE en todo el Estado. Euskadi ha resultado ser el eslabón más débil de la
cadena.
La mayoría del Partido en Guipúzcoa, una parte
considerable en Vizcaya y en menor medida en Álava se han expresado a favor
de romper con la afinidad a las posturas del Partido Popular, que fracasó en
las pasadas elecciones autonómicas vascas.
Ésto podría ser una buena noticia si como consecuencia
del debate interno la organización socialista decidiese recuperar la defensa
de los derechos democráticos del pueblo vasco, como el derecho de
autodeterminación, vinculándolos a la defensa de un auténtico programa
socialista. Si por el contrario la alternativa que propugnan los dirigentes
socialistas es alejarse del PP para pactar con el PNV-EA el Partido Socialista
de Euskadi irá de crisis en crisis.
Enfrentamientos entre el PP y el PNV
No es casualidad que la crisis en el PSE se haya dado en
uno de los momentos de mayor ofensiva del Partido Popular para proceder a la
ilegalización de Batasuna y de toda la izquierda abertzale tratando de
que figurasen en las listas de organizaciones terroristas de la UE. Al mismo
tiempo, el empeoramiento de las relaciones del PP con el PNV-EA ha llevado al
fracaso de la negociación del Cupo, a un enfrentamiento directo con las
instituciones vascas, llegándose a plantear la ruptura de relaciones de las
instituciones vascas con el Estado y al boicot del Parlamento Vasco en el
debate de aprobación de los presupuestos de la Comunidad Autónoma Vasca
tanto por el PP como por el PSE-PSOE y Batasuna.
Muchas veces en estas páginas hemos insistido en que, si
bien existe una clara comunidad de intereses entre la burguesía española y
vasca en torno a la defensa de una política de derechas, de privatizaciones,
de recortes sociales y de los derechos democráticos, cuando se trata de
repartirse la tarta de la plusvalía arrancada a la clase trabajadora, la
lucha entre ambas burguesías puede llegar muy lejos como podemos ver.
La bronca se ha hecho mayor al coincidir la presidencia
española en la Unión Europea y la decisión del Gobierno de Aznar de
enterrar cualquier forma de representación de las autonomías en los Consejos
de Ministros de la Unión Europea. El enfrentamiento ha sido mayor con Euskadi
por otros muchos motivos pero el malestar se extiende a Cataluña, Galicia,
Castilla-La Mancha, Andalucía, Extremadura y Canarias que se sienten
igualmente marginados por esta decisión.
El PNV no tiene nada de ‘progresista’
Sería ingenuo, cuanto menos, creer que en la postura del
PNV-EA hay algo de progresista. La burguesía vasca defiende únicamente sus
intereses de clase. Que Izquierda Unida participe en un Gobierno de derechas
con el PNV-EA y les salve la cara en lo que se refiere a Vivienda y Asuntos
Sociales es un regalo. Que Batasuna acuda al Parlamento Vasco a última hora
para salvar al Gobierno de Ibarretxe y le tienda la mano en todo momento para
llevar adelante una pretendida "construcción nacional" es otro
regalo y que el PSE-PSOE se divida para apoyarles a ellos en lugar de al PP es
el tercero de los regalos de Navidad. ¿Qué más puede esperar la burguesía
de las organizaciones obreras? Lo único, un pacto social con las direcciones
sindicales para congelar los salarios y preservar los beneficios escandalosos
obtenidos los últimos años, como el recientemente firmado por UGT y CCOO con
la CEOE. Ah!... y que dicho pacto se aplique también en Euskadi.
Las organizaciones obreras deben romper ya de una vez con
la política de pactos y acuerdos con la burguesía para defender un programa
de independencia de clase, apoyarse única y exclusivamente en la fuerza y la
organización de la clase obrera tanto para defender los derechos
democráticos como para avanzar en sanidad, educación, vivienda y empleo.
Euskadi es una de las cuatro zonas del estado donde menos contratos fijos se
suscriben. La precariedad alcanza cotas alarmantes, la siniestralidad laboral
—con más de cien trabajadores muertos el año pasado— es de las más
altas. Hoy más que nunca hay que levantar en Euskal Herria la bandera del
marxismo revolucionario. La revolución argentina es un ejemplo de cómo la
lucha de masas es la única que puede cambiar radicalmente esta sociedad.