E l  M i l i t a n t e   Nº 1 46

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15 enero / 7 febrero 2002


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Portugal, tras la derrota socialista en las municipales y la convocatoria de elecciones anticipadas

Miguel Campos

La derrota de los socialistas portugueses en las elecciones municipales del 16 de diciembre ha provocado la dimisión del primer ministro, y secretario general socialista, Antonio Guterres y la convocatoria de elecciones anticipadas para marzo.

El margen por el que ha ganado el principal partido de la burguesía (el PPD/PSD) al PS ha sido más bien escaso: en Lisboa superó en 856 votos a la coalición entre socialistas y comunistas que gobernaba la ciudad; en Oporto obtuvo vez en coalición con el CDS/PP, otro partido burgués—5.000 votos más que el PS, pero si sumásemos a los 45.634 votos obtenidos por los socialistas los 12.425 conseguidos por el Partido Comunista (PCP), la derecha habría perdido. De hecho, contabilizando los votos totales a escala estatal de los principales partidos de derechas e izquierdas la diferencia también sería mínima, pero en este caso favorable a la izquierda: 2.382.056 votos contra 2.325.364.

Lo que agrava la derrota del PS y la hace más dolorosa es que se ha producido donde es mas fuerte tradicionalmente: en los grandes núcleos urbanos (incluidos algunos en los que gobernaba desde la revolución de 1974). Otro aspecto importante es la rapidez y magnitud de la caída electoral socialista. Hace dos años, en las elecciones parlamentarias, el PS quedaba a un escaño de la mayoría absoluta y en las presidenciales de 2001 el actual presidente, Jorge Sampaio, todavía se imponía por un amplísimo margen (aunque con una abstención cercana al 50%) al candidato del PPD/PSD.

¿Por qué ha perdido el PS?

La principal causa de la derrota socialista ha sido la política derechista de Guterres. El PS, que llegó al poder hace seis años gracias al apoyo masivo de la clase obrera y a la confianza de sectores importantes de los campesinos y de la pequeña-burguesía urbana en que con los socialistas mejoraría su situación, ha continuado las privatizaciones de empresas y servicios públicos ya aplicadas por el PSD y ha recortado los gastos sociales.

Varios dirigentes socialistas también se han visto salpicados por escándalos, el más grave la tragedia mortal que supuso el hundimiento del puente de Entre-os-Rios (un puente sobre cuyo estado ruinoso y necesidad de acometer inversiones para reconstruirlo existían informes que fueron ignorados). Además, Guterres impidió que el proyecto de ley del aborto impulsado por el PCP y las propias Juventudes Socialistas saliese adelante, a pesar de contar con mayoría parlamentaria para ello, y aplicó otras medidas impropias de un gobierno de izquierdas.

El descontento acumulado contra la política social y económica del gobierno ha emergido a la superficie en estas elecciones al combinarse con los efectos de una recesión mundial que en Portugal está golpeando ya de forma más clara que en otros países de la Unión Europea a la población: el consumo está cayendo, la inflación ha aumentado mucho en los últimos meses, mermando considerablemente el poder adquisitivo de los trabajadores y la pequeña-burguesía, y el paro también ha crecido significativamente.

Una parte importante de las capas medias que votaron socialista en anteriores convocatorias, decepcionada, ha decidido abstenerse (la abstención aumenta en general, siendo especialmente numerosa en algunas circunscripciones en las que gana ampliamente el PSD) o girar a la derecha (el PSD concentra, además, prácticamente todo el voto de derechas, dejando al CDS/PP con unos resultados pobrísimos allí donde concurría en solitario).

El descontento con el PS por la izquierda no es recogido por ningún otro partido: el PCP mantiene o incluso ve bajar un poco su apoyo (550.247 votos, el 10,6%), pierde en Évora, capital de la provincia tradicionalmente comunista del Alentejo, y sólo gana en una ciudad importante: Setúbal; el Bloque de Izquierdas (frente formado por algunos pequeños grupos de izquierdas e intelectuales progresistas) no pasa del 1,3% (61.000 votos).

La gran mayoría de los trabajadores sigue apoyando al PS, que gana en los barrios obreros y populares (en los barrios obreros donde no gana, lo hace el PCP). Aun así, entre sectores del electorado tradicionalmente socialistas también ha crecido significativamente la abstención e incluso es posible que algunas capas de trabajadores políticamente más atrasados hayan votado al PSD, aunque la mayoría (a juzgar por lo ajustado de los resultados) parecen haberse abstenido o incluso votado sin ilusión al PS. Este escepticismo creciente es un serio aviso para la izquierda.

Por un gobierno de la izquierda con un programa socialista

La derrota electoral ha conmocionado al PS. De momento (presionados por la inmediatez de las elecciones anticipadas) los distintos dirigentes han intentado evitar una crisis abierta consensuando un candidato: Ferro Rodrigues, uno de los ministros más populares del actual gobierno (fue el responsable de implantar el salario mínimo) al que la prensa sitúa en el ala "socialdemócrata" de la dirección, enfrentada al sector más derechista encabezado por Jaime Gama (Asuntos Exteriores) o el propio Guterres. De todos modos la crisis estallará antes o después.

Ferro ha hecho algún guiño socialdemócrata pero al mismo tiempo ha dicho que para acercarse al PCP éste debe "modernizarse", modificando su postura en temas como la "construcción europea" y otros. Dentro del PCP, el sector más derechista (todavía muy minoritario) presiona para que el giro hacia una mayor moderación tanto en el discurso como en el programa ya había iniciado tímidamente en los últimos tiempos el actual secretario general, Carlos Carvalhas—vaya mucho más lejos.

Sin embargo, girar a la derecha supondría un desastre para ambos partidos. Guterres lo ha hecho durante los últimos seis años y vemos el resultado. El camino para ilusionar y movilizar a los trabajadores y recuperar el apoyo de las capas medias es luchar por un programa auténticamente socialista que responda a sus necesidades y problemas: aumentar los gastos sociales y el salario mínimo hasta niveles dignos, acabar con la precariedad laboral y mejorar la educación y sanidad públicas, renacionalizar las empresas y la tierra privatizadas durante los últimos años, nacionalizar la banca bajo el control democrático de los trabajadores para ofrecer créditos baratos a los campesinos y pequeños comerciantes. En torno a este programa sería posible unir a toda la izquierda y afrontar una transformación profunda de la sociedad.




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