Miles de campesinos armados con machetes y palos, muchos de
ellos a caballo, se enfrentaron a la policía en la ciudad de México el
pasado 14 de noviembre. Los campesinos habían viajado 30 kilómetros desde
sus tierras en el estado de México para protestar contra la expropiación de
sus tierras por parte del gobierno, que quiere construir sobre ellas el nuevo
aeropuerto de Ciudad de México. Este conflicto, que dura ya meses, amenaza
con convertirse en un importante dolor de cabeza para el gobierno de Vicente
Fox.
La decisión de construir el nuevo aeropuerto sólo obedece
a los intereses de las grandes empresas relacionadas con Fox. Los campesinos
denuncian el daño medioambiental que causará el aeropuerto y además el
ridículo precio que quiere pagar el gobierno en compensación: siete pesos
por metro cuadrado. Estos trozos de tierra son la única fuente de ingresos
para cientos de familias campesinas que sólo les quedará el remedio de
emigrar a las ciudades en busca de un empleo, en medio de una situación de
crisis económica.
Esta ausencia de alternativas es lo que ha radicalizado a
los campesinos de San Salvador Atenco y otras comunidades vecinas. La
ubicación del nuevo aeropuerto fue anunciada en octubre, el alcalde de la
ciudad (del PRI) abandonó la ciudad por temor a perder su vida ya que había
prometido a los campesinos proteger su tierra. Desde entonces los campesinos
han tomado el control de la ciudad y han llevado adelante luchas.
Por último, el 14 de noviembre, después de bloquear las
carreteras locales en varias ocasiones, decidieron marchar hacia la capital.
Con ellos llevaban sus herramientas, fundamentalmente largos machetes. Una vez
en la capital la policía intentó llevarles por calles secundarias y por
último les rodeó un cordón policial. Los campesinos empezaron a cantar el
himno nacional (que habla de la defensa de la tierra), golpearon el suelo con
los machetes y se dispusieron a romper el cordón policial. La policía
respondió con gas lacrimógeno y golpes. Pero como los campesinos iban a
caballo consiguieron romper las líneas policiales y después de una violenta
batalla continuaron su marcha.
Cientos de personas se unieron y marcharon con ellos hasta
la plaza del Zócalo. Hicieron una entrada triunfal bajo dos banderas que
representaban a los dos líderes campesinos revolucionarios: Zapata y Villa.
Estas banderas están puestas en el ayuntamiento de Ciudad de México porque
se está conmemorando el 91 aniversario de la revolución mexicana, hoy la
consigna de Zapata: "¡Tierra y Libertad!" es más actual que nunca.
La lucha de los "ejidatarios" de Atenco (cooperativa de campesinos)
ya era muy popular antes, pero después de la batalla con la policía se ha
convertido en un símbolo nacional para todos aquellos que luchan contra el
nuevo gobierno (y el número cada vez es mayor).
El 28 de noviembre los campesinos de Atenco marcharon de
nuevo a la capital pero esta vez pudieron entrar sin problemas. Avisaron que
no llevarían armas, pero insistieron en que los machetes eran herramientas
con las que se ganaban la vida y por lo tanto los llevarían.
Los ejidatarios han dejado claro que van a luchar por su
tierra aún a costa de su vida, y esto se ha convertido en un problema más
para Fox. No ha podido poner en práctica ninguno de los planes que prometió
llevar adelante. No ha conseguido privatizar la compañía eléctrica ni la
petrolera, y ahora él congreso le ha frenado su reforma de impuestos. La Ley
de los Pueblos Indígenas que supuestamente pondría fin a la insurrección
zapatista, ha sido rechazada por el EZLN. Si termina derrotado en una
cuestión como esta, que ha conseguido una difusión nacional, será una nueva
señal que demuestra que se puede ganar la lucha.
Por eso el gobierno está haciendo todo lo posible para
intentar derrotar este movimiento. Están infiltrando policías en el
movimiento para intentar hacer actos terroristas y acusar al movimiento
campesino. Destacados dirigentes del movimiento han recibido amenazas
telefónicas. A algunos de los ejidos les han prometido más dinero si dejan
la lucha.
La naturaleza explosiva de este movimiento se puede
explicar por la profunda crisis de la agricultura mexicana. La introducción
del NAFTA ha significado un colapso total de la producción agrícola mexicana
que se enfrenta al hundimiento de los precios, a las importaciones más
baratas de EEUU y a la monopolización de los principales sectores agrícolas.
La lucha de los ejidatarios de Atenco contra la
expropiación de sus tierras es sólo un anticipo de lo que se tendrá que
enfrentar el gobierno Fox cuando intente privatizar la electricidad y el
petróleo. Y esta vez no se enfrentará sólo a unos miles de campesinos, sino
a la clase obrera organizada.