El 1 de enero, con gran pompa y ceremonia, ha entrado
en circulación el euro en una zona comercial que comprende 300 millones
de personas. Sus ecos han llegado incluso al otro lado del Atlántico.
¿Qué significa esto? ¿Cuál es la perspectiva para la nueva moneda
europea?
Es verdad que subestimamos el grado en que los
capitalistas europeos podrían llegar a un acuerdo y conseguir una mayor
unificación económica y monetaria. No pensábamos que el euro llegaría
a este punto. Al final han introducido el euro como una moneda común en
doce estados de la UE. Este es un acontecimiento importante. Una moneda
común es la primera condición hacia la integración europea. Debería
estimular el comercio interno y actuar como un poderoso estímulo para el
desarrollo de las fuerzas productivas. ¿Es esto lo que va a ocurrir?
La razón para la introducción del euro se encuentra
en las condiciones generales de la economía mundial en el último
periodo. Esto sólo ha sido posible por el largo auge económico mundial
que benefició a Europa y permitió a los diferentes capitalistas dejar a
un lado, temporalmente, sus diferencias. Pero ahora la situación es
completamente diferente. El euro ha entrado en circulación en el peor
momento posible, en vísperas de una recesión económica mundial que
golpeará duramente a Europa.
¿Puede Europa evitar la crisis?
Los capitalistas europeos han demostrado una asombrosa
capacidad de autoengaño. Sólo hace unos meses decían que conseguirían
eludir la recesión. Ahora ha quedado en evidencia su error.
Irónicamente, el sector más afectado es la industria de
telecomunicaciones (telefonía móvil), que en teoría sería el principal
motor de un nuevo periodo de expansión del capitalismo europeo.
Vodafone, la empresa británica más grande de
teléfonos móviles, anunció unas pérdidas antes de impuestos de 8.400
millones de libras (12.000 millones de dólares) en los últimos seis
meses. Los beneficios de Siemens, el gigante de la ingeniería alemana,
hasta finales de septiembre habían caído un 76%, incluidos los cobros de
reestructuración y sus divisiones de telefonía fija y móvil. La tasa de
paro alemana oficialmente es el 8% de la fuerza laboral.
La idea de los capitalistas europeos de que podrían
vacunarse contra los gélidos vientos de la recesión mundial a través de
la unión monetaria y de una mayor explotación del mercado europeo, es un
sueño. Este es el contexto real en el que ha entrado en circulación el
euro. En condiciones de crisis económica mundial, crecimiento del
desempleo y lucha por los mercados, el rígido marco del tratado de
Maastricht agravará la crisis e incrementará las contradicciones entre
los estados de la UE.
Signo de interrogación sobre el euro
Contrariamente a las esperanzas de la burguesía
europea, el euro ha sido una moneda débil desde su nacimiento. La
necesidad de mantener su nivel es una de las razones por las cuales los
tipos de interés en Europa no han bajado tan rápidamente como en EEUU.
Esto agravará la crisis en Europa y aumentará el desempleo en los
próximos meses. Paradójicamente, los alemanes, que eran los más
inflexibles en exigir el estricto cumplimiento de los acuerdos de
Maastricht, ahora están sufriendo las consecuencias en la forma de cuatro
millones de parados. La economía alemana que debería actuar como la
fuerza motriz de Europa está atascada.
La negativa de Duisenberg y el Banco Central Europeo de
bajar los tipos de interés ha provocado un conflicto entre el banco y los
gobiernos europeos. A ellos les gustaría ver una nueva caída del euro
para poder estimular las exportaciones, la razón principal para el
relativo éxito de los países de la zona euro en el último periodo. Pero
a pesar de este éxito, la actuación de los países centrales, sobre todo
Alemania e Italia ha sido miserable, y sus problemas ahora aumentarán. El
paro está empezando a subir de nuevo.
Un efecto de la introducción de una moneda común
será incrementar la competencia a través de la frontera. El objetivo es
aumentar la productividad eliminando a las empresas débiles. Pero esto
sitúa a países como Italia, Grecia, España y Portugal en desventaja. El
aumento de la competencia provocará más bancarrotas, cierres de fábrica
y desempleo. Esto hará que se acumulen las contradicciones.
En el pasado Italia y otros países conseguían salir
de las dificultades con la devaluación de su moneda. Pero esto ahora es
imposible con el acuerdo de Maastricht. No están permitidas las
devaluaciones de los estados nacionales y ningún otro estado podrá
ayudar a Italia. Por lo tanto, todo el peso de la crisis caerá sobre los
hombros de la clase obrera. El escenario está dispuesto para una
explosión de la lucha de clases en un país europeo tras otro.
Esto llevará, no a la integración europea, sino al
aumento de las tensiones y antagonismos entre los estados nacionales y al
final es probable que el experimento del euro se rompa en medio de
recriminaciones mutuas. Ya hay muestras de conflicto entre los estados en
la zona euro, cuando cada gobierno intenta proteger a sus propios
capitalistas frente a la competencia extranjera.
Las contradicciones entre los estados
Hace dos años, en la Cumbre de Lisboa, los jefes de
gobierno de la UE acordaron un programa de más liberalización con el
objetivo de convertir a la UE en la economía más competitiva del mundo
para el 2010. ¿Qué ha ocurrido? Francia ha implantado sólo un programa
mínimo de liberalización de la energía y ha bloqueado la fecha tope
para la apertura total del mercado. La plena competencia en los servicios
postales se ha retrasado. Alemania ha puesto su veto a una directiva de la
UE sobre absorciones que costó doce años elaborarla y después ha
introducido nuevas reglas para proteger a los empresarios alemanes. El
Plan Lamfalussy para liberalizar todos los sistemas financieros ha sufrido
maniobras dentro del parlamento europeo, a pesar de ser aprobada
unánimemente en Estocolmo el pasado mes de marzo. El acuerdo sobre
patentes de la UE está detenido por los desacuerdos en la política de
idiomas y así sucesivamente.
Esto demuestra que cada gobierno nacional, mientras
presta un flaco servicio al "ideal de la integración europea",
está sobre todo preocupado con la defensa de los "intereses
nacionales", es decir, los intereses de su propia burguesía. La
decisión alemana de sabotear la ley de absorciones estaba dictada por su
deseo de proteger sus empresas domésticas frente a los absorbedores
extranjeros, como la oferta de Vodafone por Mannesmann. La oposición
francesa a la liberalización energética está destinada a apoyar a su
propio gigante público, Electricité de France. El gobierno francés
protege su monopolio nacional mientras aplica una política agresiva para
adquirir las empresas de otros estados con más apertura de mercados.
Detrás de la retórica "europea" hay
intereses y ambiciones de los estados más poderosos de Europa, sobre todo
Alemania y Francia, que buscan dominar Europa. Sólo los países más
pequeños toman en serio la retórica sobre el ideal europeo, ya que son
demasiado débiles para aguantar por sí mismos o para imaginar que pueden
ser actores principales en la escena europea. Además, tienen sus propios
intereses que defender.
Los belgas alojan a las "instituciones
europeas" y eso les reporta una suma importante de dinero a las arcas
nacionales. Por eso son los europeos "más convencidos". Las
economías más débiles como Grecia, Portugal, Irlanda y España son
"europeos" entusiastas sólo en la medida que pueden conseguir
subsidios europeos. Pero cuando éstos se reduzcan o eliminen, y ya está
ocurriendo, su entusiasmo se enfriará rápidamente. Eso es inevitable en
el próximo periodo, cuando la crisis económica comience a afectar más
profundamente y Alemania, que paga la mayoría de las facturas, se canse
de interpretar ese papel.
La verdad es que los estados más pequeños de Europa
cuentan muy poco. Esto se comprobó recientemente, tras los atentados del
11 de septiembre. Gran Bretaña (un semi satélite de EEUU) decidió todo
junto con Francia y Alemania. Los otros no estuvieron invitados a la cena
en Londres. Los italianos protestaron en voz alta. Los otros también se
quejaron: "Nos tratan como candidatos a entrar en la UE. Se toman las
decisiones y después nos informan". Pero ésta es la verdadera
situación, sólo que no se hace públicamente, aunque en ese caso fue
demasiado obvio debido a la crudeza característica de Blair. La reciente
pelea en Laeken por la distribución de las instituciones secundarias de
la UE llevó a Berlusconi a vetar todas las decisiones. Cuando el primer
ministro sueco se quejó de que su país no conseguía ninguna
institución, Chirac dijo que quizá a Italia "le gustaría tener la
sede central para las agencias de modelos de la UE porque en ese país
había ‘chicas muy bonitas’". Ese es el desprecio que los cuatro
grandes muestran por los países más pequeños de la UE.
Una nueva ampliación de la UE exacerbará este
problema. ¿Alguien cree sinceramente que Alemania, Francia y Gran
Bretaña aceptarán no tener una reunión sin tener que invitar a los
otros 22 líderes europeos? Los capitalistas alemanes presionan para que
entren sus estados clientes de Europa del Este: Polonia y la República
Checa. Francia, que se opone a esto, propone la entrada de Rumania. Este
es otro ejemplo del conflicto de intereses entre Alemania y Francia. Al
final, es probable que la expansión siga adelante. Pero en ese caso, los
estados más grandes de la UE encontrarán una forma u otra de dominar.
El futuro de Europa
El principal peligro para el sistema capitalista no es
la perspectiva de la recesión. El ciclo boom-recesión ha sido una
característica constante del capitalismo durante los últimos doscientos
años. Saben que tarde o temprano, pueden salir incluso de la recesión
más profunda. El verdadero peligro es la amenaza de acabar con el libre
comercio y el incremento del proteccionismo. Esto es lo que convirtió la
recesión de 1929-33 en una depresión mundial que duró hasta la II
Guerra Mundial.
La expansión del comercio mundial ha jugado un papel
vital en el último medio siglo, particularmente durante los últimos
veinte años. Eso ha permitido a los capitalistas, parcial y
temporalmente, superar los límites del estado nacional. Pero la base
sobre la que se sustenta es muy frágil y puede romperse fácilmente,
especialmente en condiciones de recesión mundial en la que todos luchan
por unos mercados limitados.
Ya hay tensiones entre Europa y EEUU relacionadas con
el comercio y que han llevado a la ruptura de las conversaciones de
Seattle. Aunque han solucionado algunos temas surgirán continuamente
nuevos conflictos. Particularmente en EEUU, están aumentando las
tendencias proteccionistas. EEUU es la mayor economía mundial y está
dispuesta a utilizar su fuerza para conseguir acceder a los mercados
extranjeros, mientras protegen el propio. Se han beneficiado, más que
cualquier otro país, de la caída de barreras comerciales, por eso su
entusiasmo público por el libre comercio. Pero los republicanos en el
Congreso (y también los demócratas) están ya dispuestos a sacrificar el
principio del libre comercio para proteger los intereses manufactureros y
agrícolas estadounidenses.
Por ahora los capitalistas siguen adelante con el
"libre comercio" y proponen una nueva ronda de reducciones de
las restricciones comerciales en la reunión de la OMC en Dohar, pero el
desarrollo de la recesión mundial inevitablemente conducirá a un aumento
de las tendencias recesivas, que amenazarán la frágil estructura del
comercio mundial que tan cuidadosamente fue construida durante el último
medio siglo. Éste es el principal temor de los estrategas del capital.
Han comprendido lo que hace mucho tiempo explicamos los marxistas: que la
principal fuerza motriz de la economía mundial ha sido el crecimiento del
comercio mundial ("globalización").
Incluso en el periodo de boom ha existido una
tendencia a dividir el mundo en bloques rivales. El imperialismo
estadounidense ha creado el Nafta, incluyendo a Canadá y México, que
aspira a controlar todo el continente americano, el norte y el sur de Río
Grande. Europa ha creado la UE que lucha por el control del norte de
África, los Balcanes y Europa del Este. En Asia, Japón ha creado el
bloque del yen que es más débil. Según se profundice la recesión, las
contradicciones entre estos bloques comerciales rivales se incrementarán.
Se intensificarán las tensiones entre Europa y EEUU,
entre EEUU y Japón. EEUU intentará exportar el desempleo a Europa y
Japón, lo que provocará represalias. La perspectiva que se abre es de
guerras comerciales y devaluaciones competitivas que profundizarán y
prolongarán la crisis.
El desarrollo de la crisis intensificará las
contradicciones entre los estados nacionales de Europa, y particularmente
entre Alemania y Francia, con Gran Bretaña maniobrando entre ellos. Pero
es poco probable que la UE se rompa, debido a la necesidad de competir con
EEUU. Los capitalistas europeos deben ahorcarse juntos, por temor a
ahorcarse por separado. En todo caso, el sueño de una Europa unida sobre
bases capitalistas, como dijo Lenin, es una utopía reaccionaria.
¡Por los Estados Unidos Socialitas de Europa!
La UE se formó después de la II Guerra Mundial porque
las débiles potencias capitalistas europeas eran demasiado pequeñas
frente a la poderosa Unión Soviética por un lado, y los EEUU por el
otro. Fue una admisión tácita de que el estado nacional se había
convertido en un freno reaccionario para el desarrollo de las fuerzas
productivas.
En sí misma, la idea de unir los recursos productivos
de Europa es progresista. Pero sobre bases capitalistas es completamente
imposible unir a Europa. Los capitalistas alemanes, franceses, italianos,
etc., ponen sus intereses nacionales en primer lugar. Compiten entre
ellos, y de vez en cuando, se declaran la guerra entre sí. La única vez
que Europa ha estado unida sobre bases capitalistas fue cuando Hitler la
redujo a la esclavitud.
Sobre bases capitalistas Europa nunca podrá estar
unida. Cada burguesía nacional guarda celosamente sus propios intereses,
mercados, esferas de intereses, ejército, etc. Para conseguir una genuina
integración europea primero es necesario derrocar el dominio de los
grandes bancos y monopolios. Sólo entonces será posible introducir un
genuino plan socialista de producción para el conjunto de Europa, bajo el
control y administración democráticos de los trabajadores y pequeños
campesinos.
En los Estados Unidos Socialistas de Europa no sólo
habría una moneda común, se trataría de una federación libre de los
pueblos, con la más plena autonomía de incluso los grupos nacionales
más pequeños: vascos, corsos, bretones y galeses. Significaría, no la
asfixia de los pequeños pueblos, sino el derecho a desarrollar su propia
lengua y cultura, dentro del contexto general de un plan común de
producción que eliminaría inmediatamente la fuente del desempleo y
movilización toda la capacidad productiva de Europa para el beneficio de
todos.
El enorme aumento de la producción de riqueza hecho
posible por una utilización planificada y armoniosa de las fuerzas
productivas, sentaría las bases para una reducción general de la jornada
laboral. Sentaría las bases para una revolución cultural que haría
palidecer todas las conquistas del Renacimiento. Europa saldría de
décadas de declive y recuperaría su antigua gloria como un centro de la
civilización mundial, y sería la pionera de un nuevo orden mundial
socialista.