E l  M i l i t a n t e   Nº 1 46

Internacional ....

15 enero / 7 febrero 2002


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Teoría Marxista


El lanzamiento del euro

¿Hacia la unidad europea?

Ted Grant y Alan Woods
Teóricos marxistas británicos

El 1 de enero, con gran pompa y ceremonia, ha entrado en circulación el euro en una zona comercial que comprende 300 millones de personas. Sus ecos han llegado incluso al otro lado del Atlántico. ¿Qué significa esto? ¿Cuál es la perspectiva para la nueva moneda europea?

Es verdad que subestimamos el grado en que los capitalistas europeos podrían llegar a un acuerdo y conseguir una mayor unificación económica y monetaria. No pensábamos que el euro llegaría a este punto. Al final han introducido el euro como una moneda común en doce estados de la UE. Este es un acontecimiento importante. Una moneda común es la primera condición hacia la integración europea. Debería estimular el comercio interno y actuar como un poderoso estímulo para el desarrollo de las fuerzas productivas. ¿Es esto lo que va a ocurrir?

La razón para la introducción del euro se encuentra en las condiciones generales de la economía mundial en el último periodo. Esto sólo ha sido posible por el largo auge económico mundial que benefició a Europa y permitió a los diferentes capitalistas dejar a un lado, temporalmente, sus diferencias. Pero ahora la situación es completamente diferente. El euro ha entrado en circulación en el peor momento posible, en vísperas de una recesión económica mundial que golpeará duramente a Europa.

¿Puede Europa evitar la crisis?

Los capitalistas europeos han demostrado una asombrosa capacidad de autoengaño. Sólo hace unos meses decían que conseguirían eludir la recesión. Ahora ha quedado en evidencia su error. Irónicamente, el sector más afectado es la industria de telecomunicaciones (telefonía móvil), que en teoría sería el principal motor de un nuevo periodo de expansión del capitalismo europeo.

Vodafone, la empresa británica más grande de teléfonos móviles, anunció unas pérdidas antes de impuestos de 8.400 millones de libras (12.000 millones de dólares) en los últimos seis meses. Los beneficios de Siemens, el gigante de la ingeniería alemana, hasta finales de septiembre habían caído un 76%, incluidos los cobros de reestructuración y sus divisiones de telefonía fija y móvil. La tasa de paro alemana oficialmente es el 8% de la fuerza laboral.

La idea de los capitalistas europeos de que podrían vacunarse contra los gélidos vientos de la recesión mundial a través de la unión monetaria y de una mayor explotación del mercado europeo, es un sueño. Este es el contexto real en el que ha entrado en circulación el euro. En condiciones de crisis económica mundial, crecimiento del desempleo y lucha por los mercados, el rígido marco del tratado de Maastricht agravará la crisis e incrementará las contradicciones entre los estados de la UE.

Signo de interrogación sobre el euro

Contrariamente a las esperanzas de la burguesía europea, el euro ha sido una moneda débil desde su nacimiento. La necesidad de mantener su nivel es una de las razones por las cuales los tipos de interés en Europa no han bajado tan rápidamente como en EEUU. Esto agravará la crisis en Europa y aumentará el desempleo en los próximos meses. Paradójicamente, los alemanes, que eran los más inflexibles en exigir el estricto cumplimiento de los acuerdos de Maastricht, ahora están sufriendo las consecuencias en la forma de cuatro millones de parados. La economía alemana que debería actuar como la fuerza motriz de Europa está atascada.

La negativa de Duisenberg y el Banco Central Europeo de bajar los tipos de interés ha provocado un conflicto entre el banco y los gobiernos europeos. A ellos les gustaría ver una nueva caída del euro para poder estimular las exportaciones, la razón principal para el relativo éxito de los países de la zona euro en el último periodo. Pero a pesar de este éxito, la actuación de los países centrales, sobre todo Alemania e Italia ha sido miserable, y sus problemas ahora aumentarán. El paro está empezando a subir de nuevo.

Un efecto de la introducción de una moneda común será incrementar la competencia a través de la frontera. El objetivo es aumentar la productividad eliminando a las empresas débiles. Pero esto sitúa a países como Italia, Grecia, España y Portugal en desventaja. El aumento de la competencia provocará más bancarrotas, cierres de fábrica y desempleo. Esto hará que se acumulen las contradicciones.

En el pasado Italia y otros países conseguían salir de las dificultades con la devaluación de su moneda. Pero esto ahora es imposible con el acuerdo de Maastricht. No están permitidas las devaluaciones de los estados nacionales y ningún otro estado podrá ayudar a Italia. Por lo tanto, todo el peso de la crisis caerá sobre los hombros de la clase obrera. El escenario está dispuesto para una explosión de la lucha de clases en un país europeo tras otro.

Esto llevará, no a la integración europea, sino al aumento de las tensiones y antagonismos entre los estados nacionales y al final es probable que el experimento del euro se rompa en medio de recriminaciones mutuas. Ya hay muestras de conflicto entre los estados en la zona euro, cuando cada gobierno intenta proteger a sus propios capitalistas frente a la competencia extranjera.

Las contradicciones entre los estados

Hace dos años, en la Cumbre de Lisboa, los jefes de gobierno de la UE acordaron un programa de más liberalización con el objetivo de convertir a la UE en la economía más competitiva del mundo para el 2010. ¿Qué ha ocurrido? Francia ha implantado sólo un programa mínimo de liberalización de la energía y ha bloqueado la fecha tope para la apertura total del mercado. La plena competencia en los servicios postales se ha retrasado. Alemania ha puesto su veto a una directiva de la UE sobre absorciones que costó doce años elaborarla y después ha introducido nuevas reglas para proteger a los empresarios alemanes. El Plan Lamfalussy para liberalizar todos los sistemas financieros ha sufrido maniobras dentro del parlamento europeo, a pesar de ser aprobada unánimemente en Estocolmo el pasado mes de marzo. El acuerdo sobre patentes de la UE está detenido por los desacuerdos en la política de idiomas y así sucesivamente.

Esto demuestra que cada gobierno nacional, mientras presta un flaco servicio al "ideal de la integración europea", está sobre todo preocupado con la defensa de los "intereses nacionales", es decir, los intereses de su propia burguesía. La decisión alemana de sabotear la ley de absorciones estaba dictada por su deseo de proteger sus empresas domésticas frente a los absorbedores extranjeros, como la oferta de Vodafone por Mannesmann. La oposición francesa a la liberalización energética está destinada a apoyar a su propio gigante público, Electricité de France. El gobierno francés protege su monopolio nacional mientras aplica una política agresiva para adquirir las empresas de otros estados con más apertura de mercados.

Detrás de la retórica "europea" hay intereses y ambiciones de los estados más poderosos de Europa, sobre todo Alemania y Francia, que buscan dominar Europa. Sólo los países más pequeños toman en serio la retórica sobre el ideal europeo, ya que son demasiado débiles para aguantar por sí mismos o para imaginar que pueden ser actores principales en la escena europea. Además, tienen sus propios intereses que defender.

Los belgas alojan a las "instituciones europeas" y eso les reporta una suma importante de dinero a las arcas nacionales. Por eso son los europeos "más convencidos". Las economías más débiles como Grecia, Portugal, Irlanda y España son "europeos" entusiastas sólo en la medida que pueden conseguir subsidios europeos. Pero cuando éstos se reduzcan o eliminen, y ya está ocurriendo, su entusiasmo se enfriará rápidamente. Eso es inevitable en el próximo periodo, cuando la crisis económica comience a afectar más profundamente y Alemania, que paga la mayoría de las facturas, se canse de interpretar ese papel.

La verdad es que los estados más pequeños de Europa cuentan muy poco. Esto se comprobó recientemente, tras los atentados del 11 de septiembre. Gran Bretaña (un semi satélite de EEUU) decidió todo junto con Francia y Alemania. Los otros no estuvieron invitados a la cena en Londres. Los italianos protestaron en voz alta. Los otros también se quejaron: "Nos tratan como candidatos a entrar en la UE. Se toman las decisiones y después nos informan". Pero ésta es la verdadera situación, sólo que no se hace públicamente, aunque en ese caso fue demasiado obvio debido a la crudeza característica de Blair. La reciente pelea en Laeken por la distribución de las instituciones secundarias de la UE llevó a Berlusconi a vetar todas las decisiones. Cuando el primer ministro sueco se quejó de que su país no conseguía ninguna institución, Chirac dijo que quizá a Italia "le gustaría tener la sede central para las agencias de modelos de la UE porque en ese país había ‘chicas muy bonitas’". Ese es el desprecio que los cuatro grandes muestran por los países más pequeños de la UE.

Una nueva ampliación de la UE exacerbará este problema. ¿Alguien cree sinceramente que Alemania, Francia y Gran Bretaña aceptarán no tener una reunión sin tener que invitar a los otros 22 líderes europeos? Los capitalistas alemanes presionan para que entren sus estados clientes de Europa del Este: Polonia y la República Checa. Francia, que se opone a esto, propone la entrada de Rumania. Este es otro ejemplo del conflicto de intereses entre Alemania y Francia. Al final, es probable que la expansión siga adelante. Pero en ese caso, los estados más grandes de la UE encontrarán una forma u otra de dominar.

El futuro de Europa

El principal peligro para el sistema capitalista no es la perspectiva de la recesión. El ciclo boom-recesión ha sido una característica constante del capitalismo durante los últimos doscientos años. Saben que tarde o temprano, pueden salir incluso de la recesión más profunda. El verdadero peligro es la amenaza de acabar con el libre comercio y el incremento del proteccionismo. Esto es lo que convirtió la recesión de 1929-33 en una depresión mundial que duró hasta la II Guerra Mundial.

La expansión del comercio mundial ha jugado un papel vital en el último medio siglo, particularmente durante los últimos veinte años. Eso ha permitido a los capitalistas, parcial y temporalmente, superar los límites del estado nacional. Pero la base sobre la que se sustenta es muy frágil y puede romperse fácilmente, especialmente en condiciones de recesión mundial en la que todos luchan por unos mercados limitados.

Ya hay tensiones entre Europa y EEUU relacionadas con el comercio y que han llevado a la ruptura de las conversaciones de Seattle. Aunque han solucionado algunos temas surgirán continuamente nuevos conflictos. Particularmente en EEUU, están aumentando las tendencias proteccionistas. EEUU es la mayor economía mundial y está dispuesta a utilizar su fuerza para conseguir acceder a los mercados extranjeros, mientras protegen el propio. Se han beneficiado, más que cualquier otro país, de la caída de barreras comerciales, por eso su entusiasmo público por el libre comercio. Pero los republicanos en el Congreso (y también los demócratas) están ya dispuestos a sacrificar el principio del libre comercio para proteger los intereses manufactureros y agrícolas estadounidenses.

Por ahora los capitalistas siguen adelante con el "libre comercio" y proponen una nueva ronda de reducciones de las restricciones comerciales en la reunión de la OMC en Dohar, pero el desarrollo de la recesión mundial inevitablemente conducirá a un aumento de las tendencias recesivas, que amenazarán la frágil estructura del comercio mundial que tan cuidadosamente fue construida durante el último medio siglo. Éste es el principal temor de los estrategas del capital. Han comprendido lo que hace mucho tiempo explicamos los marxistas: que la principal fuerza motriz de la economía mundial ha sido el crecimiento del comercio mundial ("globalización").

Incluso en el periodo de boom ha existido una tendencia a dividir el mundo en bloques rivales. El imperialismo estadounidense ha creado el Nafta, incluyendo a Canadá y México, que aspira a controlar todo el continente americano, el norte y el sur de Río Grande. Europa ha creado la UE que lucha por el control del norte de África, los Balcanes y Europa del Este. En Asia, Japón ha creado el bloque del yen que es más débil. Según se profundice la recesión, las contradicciones entre estos bloques comerciales rivales se incrementarán.

Se intensificarán las tensiones entre Europa y EEUU, entre EEUU y Japón. EEUU intentará exportar el desempleo a Europa y Japón, lo que provocará represalias. La perspectiva que se abre es de guerras comerciales y devaluaciones competitivas que profundizarán y prolongarán la crisis.

El desarrollo de la crisis intensificará las contradicciones entre los estados nacionales de Europa, y particularmente entre Alemania y Francia, con Gran Bretaña maniobrando entre ellos. Pero es poco probable que la UE se rompa, debido a la necesidad de competir con EEUU. Los capitalistas europeos deben ahorcarse juntos, por temor a ahorcarse por separado. En todo caso, el sueño de una Europa unida sobre bases capitalistas, como dijo Lenin, es una utopía reaccionaria.

¡Por los Estados Unidos Socialitas de Europa!

La UE se formó después de la II Guerra Mundial porque las débiles potencias capitalistas europeas eran demasiado pequeñas frente a la poderosa Unión Soviética por un lado, y los EEUU por el otro. Fue una admisión tácita de que el estado nacional se había convertido en un freno reaccionario para el desarrollo de las fuerzas productivas.

En sí misma, la idea de unir los recursos productivos de Europa es progresista. Pero sobre bases capitalistas es completamente imposible unir a Europa. Los capitalistas alemanes, franceses, italianos, etc., ponen sus intereses nacionales en primer lugar. Compiten entre ellos, y de vez en cuando, se declaran la guerra entre sí. La única vez que Europa ha estado unida sobre bases capitalistas fue cuando Hitler la redujo a la esclavitud.

Sobre bases capitalistas Europa nunca podrá estar unida. Cada burguesía nacional guarda celosamente sus propios intereses, mercados, esferas de intereses, ejército, etc. Para conseguir una genuina integración europea primero es necesario derrocar el dominio de los grandes bancos y monopolios. Sólo entonces será posible introducir un genuino plan socialista de producción para el conjunto de Europa, bajo el control y administración democráticos de los trabajadores y pequeños campesinos.

En los Estados Unidos Socialistas de Europa no sólo habría una moneda común, se trataría de una federación libre de los pueblos, con la más plena autonomía de incluso los grupos nacionales más pequeños: vascos, corsos, bretones y galeses. Significaría, no la asfixia de los pequeños pueblos, sino el derecho a desarrollar su propia lengua y cultura, dentro del contexto general de un plan común de producción que eliminaría inmediatamente la fuente del desempleo y movilización toda la capacidad productiva de Europa para el beneficio de todos.

El enorme aumento de la producción de riqueza hecho posible por una utilización planificada y armoniosa de las fuerzas productivas, sentaría las bases para una reducción general de la jornada laboral. Sentaría las bases para una revolución cultural que haría palidecer todas las conquistas del Renacimiento. Europa saldría de décadas de declive y recuperaría su antigua gloria como un centro de la civilización mundial, y sería la pionera de un nuevo orden mundial socialista.




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