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El pacto social sólo
beneficiará a los empresarios
El pasado 20 de
diciembre tuvo lugar la firma del Acuerdo sobre Negociación Colectiva
(ANC) entre los representantes de las patronales CEOE y CEPYME y los de
los sindicatos UGT y CCOO.
Según las declaraciones de los dirigentes sindicales
ésta es la manera con la que pretenden hacer frente a las graves
consecuencias que para los trabajadores pueda tener la recesión
económica mundial en el Estado español. Han optado por seguir con más
de lo mismo. Si la política de pactos sociales y consensos ha fracasado
en el periodo de boom económico, ¿por qué va a ser útil ante la
recesión?
En primer lugar se nos presenta este pacto como la
alternativa a otro mal peor, es decir, a que el gobierno hubiera
legislado. Éste es, supuestamente, uno de los grandes triunfos del
acuerdo. Pero claro está, esto dependerá de lo que se haya firmado, del
contenido, ya que el objetivo del gobierno al legislar no era otro que
preservar los beneficios de las empresas y debilitar a los trabajadores
para que a través de la Negociación Colectiva no se consiguieran
aumentos "excesivos" de los salarios y facilitar a las empresas
los despidos y el cierre en momentos de crisis.
Contenido del ANC
El texto del ANC es bastante claro. Tras varias
páginas sobre el cambio que se produce en el ciclo económico y la
dificultad que eso supondrá para los empresarios y trabajadores, se puede
leer lo siguiente, en el capitulo II, sobre criterios a seguir en materia
salarial:
"Las organizaciones firmantes declaramos nuestra
intención de llevar a cabo en el 2002 una política de moderado
crecimiento de los salarios (...).
"(...) CCOO, UGT, CEOE y CEPYME consideramos que
la negociación salarial debe tomar como primera referencia la inflación
prevista por el Gobierno para el año 2002 (...).
"(...) Los convenios colectivos así negociados
incorporarán una cláusula de revisión salarial, sin que ello trunque el
objetivo de moderación salarial (...).
"(...) Asimismo consideramos oportuno recomendar
que no deben utilizarse otras previsiones de inflación distintas de las
oficiales (...).
"(...) debe tenerse en cuenta que el crecimiento
de los salarios en Convenio debería también tener como referencia los
costes laborales unitarios, de forma tal que la cifra resultante permita a
las empresas, en particular las abiertas a la competencia internacional,
mantener, al menos, el grado de competitividad actual y no verse
perjudicadas con respecto a sus competidores".
Es decir, ahora se trata de que aceptemos subidas
salariales del 2% cuando todos sabemos que las previsiones de inflación
del gobierno PP no se cumplen, como han venido denunciando todo este
tiempo los propios sindicatos. El gobierno ha utilizado su previsión
oficial para rebajar pensiones, salarios a los funcionarios, empleados
públicos y limitar los incrementos del SMI.
Sin ir más lejos, cuando estaba fresca todavía la
tinta del pacto, se han conocido los datos del año 2001, en que el
gobierno también fijó la previsión de inflación del 2% y la cifra
oficial ha sido del 2,7%, casi un punto más de lo previsto, lo que
supondrá una nueva perdida de poder adquisitivo para los salarios.
Además, la inflación subyacente, es decir, sin contar
el precio de los combustibles, ha llegado nada menos que al 3,8% el año
pasado. Según la OCU, sobre una bolsa de 750 productos básicos, los
precios han subido el 1,27% sólo considerando los últimos tres meses.
Por otro lado, coincidiendo con la puesta en marcha del euro, en este
primer mes del 2002, se ha producido un alza generalizada de los precios
en productos de primera necesidad, el pan, el transporte, a lo que hay que
añadir el famoso duro en la subida de los carburantes para que,
según dice el Gobierno, las comunidades autónomas financien la sanidad
pública.
En el ANC se dice también que en algunos casos, y
siempre respetando el criterio de la moderación salarial, se podrán
plantear subidas por encima del 2% pero ligados al incremento de la
productividad.
Ya hemos explicado muchas veces que conseguir empresas
más productivas y competitivas no depende sólo de los salarios, ni
siquiera es lo fundamental, ya que esto va relacionado con invertir en
educación, infraestructuras, finanzas saneadas... Si no ¿cómo explican
que las empresas alemanas o francesas, en general, sean mucho más
competitivas que las españolas con salarios bastante mayores?
No cabe duda de que los empresarios, con este pacto,
sí que se están preparando para defender sus intereses ante la
recesión. No contentos con esto se ha recogido también una cláusula de
descuelgue, por si lo anterior no fuera suficiente. Así, en la página 20
del ANC se dice:
"La inclusión de la llamada cláusula de
inaplicación del régimen salarial forma parte del contenido mínimo de
los Convenios Colectivos de ámbito superior al de empresa.
"En tal sentido las Organizaciones Empresariales y
Sindicales consideramos necesario que en tales Convenios se establezcan
las condiciones y procedimientos por los que podría no aplicarse el
régimen salarial a las empresas cuya estabilidad económica pudiera verse
dañada como consecuencia de tal aplicación".
Ante la próxima recesión ¿cuántas empresas podrán
alegar que una subida salarial que no quiera aceptar pone en peligro su
"estabilidad económica? No es necesario tener una larga experiencia
sindical como delegado de personal o ser un dirigente sindical para
contestar a esta pregunta, cualquier trabajador puede hacerlo.
Todas estas concesiones que se pretende que hagamos los
trabajadores se dice que es para luchar mejor por el empleo, tanto para
mantener y mejorar el ya existente como incrementarlo.
Pero en todo el ANC no hay ni un solo compromiso de la
patronal que garantice esto, ni siquiera han hecho promesas como en otras
ocasiones, aunque luego tampoco se cumplieron.
En conclusión, si leemos detenidamente el acuerdo
suscrito entenderemos por qué es un grave error decir que los contenidos
de este pacto social se contraponen a los que perseguía el Gobierno y
entenderemos su positiva opinión sobre el mismo.
Un acuerdo a espaldas de los trabajadores
Un acuerdo de esta envergadura debería de haber
contado con la opinión de la base de los sindicatos, que ni siquiera ha
sido informada antes de su firma. A estas alturas, la inmensa mayoría de
los trabajadores no conoce su contenido, ni los afiliados, ni siquiera los
delegados. Es como si los firmantes no tuvieran demasiado interés o
confianza en defender lo que han suscrito aunque desde luego sí que
consideran de enorme trascendencia el acuerdo firmado. UGT, en la
resolución aprobada unánimemente por el Comité Confederal
Extraordinario el 18 de diciembre de 2001 a favor del acuerdo llega a
decir: "(...) Se trata de suscribir un acuerdo ante un cambio de
ciclo económico, lo que constituye un hecho prácticamente inédito en
nuestra historia reciente (...)".
Pero sino ha sido antes tendrá que ser después de la
firma cuando se discuta su contenido en la base de los sindicatos y entre
el conjunto de los trabajadores.
Desde El Militante vamos a tratar de explicar el
contenido del ANC, y por qué consideramos un grave error de los
dirigentes sindicales haberlo firmado, profundizando en errores
anteriores. Es necesario cambiar rápidamente esta política, obligar a la
dirección a girar a la izquierda y si los actuales dirigentes no lo hacen
habrá que cambiarles.
El ANC dice: "Transcurridos nueve meses de
vigencia del Acuerdo, las partes signatarias evaluarán la aplicación
efectiva del mismo en orden a su posible renovación o prórroga".
Sin embargo, desde ahora podemos afirmar que no será necesario esperar
nueve meses para comprobar que una Negociación Colectiva basada en estos
criterios no conseguirá ni mantener ni recuperar el poder adquisitivo de
los salarios, ni aumentar los derechos sindicales, ni reducir la jornada
laboral y desde luego no mantendrá el empleo existente, ni mejorará su
calidad.
Un programa de clase contra la crisis capitalista
Por ello será la propia realidad de la situación la
que obligará a llevar a cabo una política de movilizaciones para hacer
frente a la crisis. Desde luego estaríamos en mejores condiciones si los
dirigentes de UGT y CCOO explicaran desde ya esta perspectiva, para
prevenir los ataques, dejando claro que no debemos permitir ningún
despido, y que no vamos a consentir que tras años de beneficios record,
ahora quieran que seamos los trabajadores los que paguemos las
consecuencias de la crisis capitalista.
Si se reduce la actividad reduzcamos las horas de
trabajo, ¡por una jornada de 35 horas semanales sin reducción de
salario! Si se produce una subida cada vez mayor de precios de productos
básicos que ni el gobierno ni los empresarios detienen, exijamos una
subida de salarios no al cabo de un año, sino de forma inmediata, para
ello hay que defender la escala móvil de precios/salarios; hay que exigir
un incremento del SMI a 120.000 pesetas y cobertura total para todos los
parados.
Ante un posible incremento de las empresas que se
declaran en crisis, hay que exigir que muestren las cuentas y enseñen
donde están los beneficios que hasta ahora han estado amasando. Cuando
los tenían no nos llamaron para repartir esa "pesada carga",
pero cuando vienen las vacas flacas nos dicen que estamos en el mismo
barco y que repartamos los sacrificios. ¡Ningún cierre de empresa! Si el
empresario no quiere mantenerla hay que expropiarle: nacionalización bajo
control de los trabajadores, manteniendo todos los puestos de trabajo.
Bajo el capitalismo hemos tenido lo mejor que podía
ofrecernos en estos últimos años de crecimiento económico, ahora
durante la recesión nos exigirán más sangre, sudor y lágrimas a los
trabajadores para mantener y defender su decrépito y corrupto sistema.
¡No podemos aceptarlo!
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