E l  M i l i t a n t e   Nº 1 46

Denuncias de clase

15 enero / 7 febrero 2002


Sumario
Editorial
Estado Español
Internacional
Sindical
Juventud
Fondo de Lucha
La Transición Española
Teoría Marxista


Testimonio de un joven obrero

Al finalizar el año un joven trabajador vino al local de El Militante en Vitoria, que está justo enfrente de la UGT. Traía un puñado de fotos donde se veían montañas de hierros retorcidos, cubetas de ácido semi-podridas que habían dibujado el suelo de cemento con surcos que filtraban su contenido a los desagües. Las foto parecían en blanco y negro por el polvo, la herrumbre y la suciedad, particularmente los baños. Los únicos colores que se veían eran los de la miseria de una patronal que había logrado "el más alto certificado de calidad" y seguramente jugosos beneficios a costa de la explotación más brutal de los trabajadores. Este es el testimonio de este compañero que no tiene más remedio que permanecer en el anonimato para poder conservar su empleo.

Soy un trabajador de una pequeña empresa de once trabajadores. Cuatro son socios, otro que lleva ya 14 años y tres más son jóvenes aunque no nos vemos porque trabajan en el turno de noche. Llevo allí dos años y medio. Es un taller donde se hace de todo: galvanizar recubrimientos plásticos, baños, níquel, estaño, etc. Las condiciones son espantosas. En mi pabellón no hay calefacción, las máquinas no tienen los dispositivos de seguridad, no tenemos gafas, pantallas protectoras, mascarillas ni mandil protector a pesar de trabajar con ácidos decapantes.

La limpieza brilla por su ausencia. El baño de mi pabellón lo tenemos que limpiar nosotros o no lo limpia nadie.

Acabé el graduado escolar y poco después entré a trabajar en varias empresas y esta ha sido la peor. Si quieres que te admitan tienes que trabajar diez horas, si no, no te cogen; de ellas te pagan ocho y las dos restantes son para la empresa. A partir de esas diez horas te dejan hacer horas extras y yo meto una hora y otra los sábados para sacar líquidas al mes unas 145.000 pesetas. Me veo obligado a ello porque me compré una vivienda y al mes sólo la hipoteca me cuesta 100.000 pesetas, sin contar luz, agua, gas etc.

El maltrato psicológico es constante. Un chaval entró por una ETT en un puesto que hay que coger mucho peso. Se le salió el brazo y el jefe le llamó "mierda", "maricón", etc., y le echó. Vino a trabajar un trabajador de color al que nunca le llamó por su nombre. Le llamaba "el negro" y cuando éste una vez se enfadó le despidió.

No puedo abandonar esta pesadilla porque al no tener estudios me ofrecen trabajar por 130.000 pesetas al mes y con eso no podría vivir.

Esta empresa la montaron cuatro socios, lleva veinte años en funcionamiento y cuenta con uno de los certificados más altos de calidad. ¡Un auténtico despropósito!

Quiero denunciar la precariedad que hay en las empresas y la falta de revisiones y de control por parte de la inspección. El delegado lo ha puesto la empresa. Yo he ido a la UGT para que conozca la situación y para cambiarla de una vez. He venido aquí a El Militante para que otros jóvenes, también los estudiantes conozcan cómo vivimos la juventud obrera.




Suscríbete

Mándanos tú opinión

© E l  M i l i t a n t e