Xaquín García Sinde
Comisión Ejecutiva CCOO · Galicia
El Sector Crítico de CCOO celebrará una asamblea
estatal en Madrid el 19 de enero. Esta reunión debe servir como punto de
partida de una campaña estatal del Sector Crítico explicando cuál es
nuestra alternativa al pacto social firmado recientemente, el Acuerdo para
la Negociación Colectiva 2002, que el Sector Crítico rechazó.
El Sector Crítico cristalizó en el marco del proceso
precongresual del VI Congreso Confederal (1996), como reacción de una
parte muy importante de los cuadros y afiliados de CCOO al proceso de
derechización que se estaba dando en nuestro sindicato. Por esto
precisamente una de sus señas de identidad es la demanda de un giro
sindical a la izquierda.
En el VI Congreso, el Sector Crítico demuestra su
influencia al obtener un 30%. La reacción del aparato oficialista es una
brutal campaña de represión. Esta caza de brujas, aunque muy dura, se
demostró ineficaz. De cara al VII Congreso (2000), los oficialistas
cambian el palo por la zanahoria y hacen un ofrecimiento de
"normalización" interna. Esta supuesta normalización
consistiría en rebajar las tensiones por ambas partes: ellos suavizarían
el régimen de apartheid contra los críticos impuesto en muchos
órganos y nosotros tendríamos que suavizar el grado de crítica a su
política. Dicho de otra forma: si nos portábamos bien (según su punto
de vista), repartirían algunos cargos.
Parte del Sector Crítico, un tanto desgastado por los
ataques constantes de los cuatro años anteriores, vio en la
normalización una puerta abierta, también influidos por la falsa idea de
que sólo ocupando puestos de responsabilidad en el aparato sindical se
puede ganar influencia entre los trabajadores. Transcurridos ya casi dos
años desde el congreso, la conclusión es que la normalización no
existió. Como mucho significó la integración de algunos críticos,
especialmente los más vinculados al PCC y al aparato del PCE; pero en
muchos órganos de dirección, empezando por la propia Comisión Ejecutiva
Confederal, seguimos estando excluidos del proceso de toma real de
decisiones.
Además, desde el congreso los oficialistas
profundizaron todavía más su giro a la derecha, como pudimos ver el año
pasado: negativa a responder al decretazo de reforma laboral del 3 de
marzo, firma del acuerdo de pensiones unas semanas después, oposición a
la huelga general en Galicia y, culminándolo, un pacto social con la
CEOE, como respuesta cobarde a las perspectivas de recesión económica.
Esto creó tensiones entre los oficialistas, como las habidas sobre cómo
responder al decretazo o las que se reflejaron en la reciente campaña de
acusaciones contra el responsable confederal de Organización, Rodolfo
Benito, y la Unión de Madrid por parte de Toxo y la Federación
Minerometalúrgica, acusándolos de orquestar el rechazo de la plantilla
de Síntel a la propuesta auspiciada por la Federación, con el objetivo
de crearle problemas a la misma.
El Sector Crítico sigue siendo necesario
Aunque es inevitable que en el próximo período una
parte de los oficialistas giren hacia una mayor movilización, sería un
error depositar esperanzas en ellos porque lo harán forzados por las
circunstancias. La burguesía les va a pedir tanto, que cumplirlo
equivaldría a un suicidio sindical. No serán ellos los que garanticen un
firme giro sindical a la izquierda porque estarán a cada momento mirando
hacia atrás a ver si ven la posibilidad de retornar a las cómodas
negociaciones y pasteleos por arriba.
La situación de los trabajadores sigue empeorando, y
la mejor prueba es el incremento del paro en el año 2001, que rompe la
tendencia desde que gobierna el PP. En otras palabras, la causa de
fondo que dio lugar al surgimiento del Sector Crítico –luchar por un
giro sindical a la izquierda para defender mejor los intereses de nuestra
clase– está hoy más vigente que nunca.
El deterioro de la situación económica propiciará
todavía más ataques del PP y los empresarios, lo que facilitará que los
trabajadores entiendan cuáles son los dos modelos que existen en CCOO,
que las diferencias responden a diferentes visiones de cómo responder a
esos ataques: si con la lucha y la movilización, o con el pacto y la
resignación aceptando lo menos malo, como defienden los oficialistas en
su obsesión por pactar a cualquier precio.
Hay que pasar a la ofensiva. El Sector Crítico debe
lanzar una campaña decidida (como se hizo con la reforma laboral de 1997)
para explicarles a los trabajadores las perspectivas económicas, los
planes del PP, qué nos estamos jugando y reafirmar la necesidad de un
giro sindical a la izquierda, a través de reuniones, asambleas y
movilizaciones. Tenemos que extender la influencia del Sector Crítico
yendo a la base, acudiendo directamente a las fábricas, a los afiliados,
a los trabajadores. Las posibilidades están ahí. No desviemos el rumbo.
Si apelamos directamente a los trabajadores, si les demostramos que hay
otra forma de sindicalismo, el próximo ascenso de la lucha de clases nos
pondrá al frente del movimiento.