Cuando la guerra en Afganistán está lejos de haber
terminado, la frontera oriental de Pakistán con la India está hundida en la
histeria bélica. El masivo despliegue de tropas, el intercambio de fuego en
la frontera y la huida de los habitantes de la zona, representan la amenaza de
otra guerra entre los dos países. Si este conflicto termina en una guerra,
sería el cuarto choque militar entre India y Pakistán en sus 54 años de
existencia poscolonial.
Pero las guerras del pasado duraron poco y el armamento
entonces era relativamente primitivo. Hoy estas guerras provocarían una
devastación masiva y cientos de miles de bajas civiles. Y ninguna de estas
guerras ha conseguido resolver la cuestión de Cachemira.
Incluso el llamado periodo de paz se ha caracterizado por
la tensión constante y unas relaciones difíciles entre los dos países
vecinos. Se han producido constantes escaramuzas en la frontera. Las agencias
de inteligencia, el ISI de Pakistán y el RAW de la India, han puesto en
práctica el terrorismo y el sabotaje dentro de cada uno de los países para
desestabilizar la situación y mantener a la población del subcontinente en
constante tensión, alimentando el chovinismo, el odio y el patrioterismo en
la sociedad con la intención de perpetuar el dominio de la élite capitalista
decadente incapaz de conseguir la estabilidad interior.
Las consecuencias de la histeria ‘antiterrorista’
Como la mayoría de los regímenes del mundo, el régimen
en crisis de la India también se unió al carro del
"antiterrorismo", tras los atentados del 11 de septiembre. El
incidente del 13 de diciembre, el ataque terrorista al parlamento indio en el
que murieron cinco intrusos armados y nueve guardias de seguridad, resultó
beneficioso para los halcones reaccionarios del régimen indio. La reciente
doctrina Bush les ha resultado muy adecuada.
Antes de esta operación, la coalición encabezada por el
BJP tenía problemas. La oposición estaba en pie de guerra, irónicamente,
por una ley antiterrorista (POTO) considerada draconiana. El gobierno estaba
acusado de cargos de corrupción con el dinero destinado a defensa. El
escándalo paralizó el parlamento durante tres días la semana pasada.
Siguiendo el ejemplo de Bush, la dirección del BJP piensa
que una catástrofe es lo mejor para restituir la reputación del gobierno.
¿Pero durante cuánto tiempo? Difícil lo tiene el régimen para sobrevivir
mucho tiempo en una situación de guerra y malestar.
Maniobras de la clase dominante
Para los gobernantes indios está en juego no sólo el
"honor de la nación", también sus aspiraciones electorales,
necesarias para mantenerse en el poder y poder continuar con el saqueo y el
robo. El BJP de Vajpayee, que encabeza una coalición de 26 partidos en Nueva
Delhi, se tendrá que enfrentar a elecciones legislativas en Utter Pradesh y
Punjab Oriental antes de primavera.
Utter Pradesh, actualmente gobernado por otra coalición
encabezada por el BJP es un estado clave, el estado más populoso de la India
donde, según las encuestas, el BJP puede caer derrotado. Muchos líderes del
BJP admiten que la derrota del partido en Utter Pradesh podría terminar con
la coalición nacional. El colapso del régimen podría provocar una crisis
política seria.
Esta lucha contra Pakistán y el "terrorismo"
puede dar al BJP algunas esperanzas electorales. Pero a pesar de toda la
locura del régimen del BJP, los sectores más serios del estado y la clase
dominante son bastante escépticos con el resultado de la opción bélica.
Incluso la fuerzas armadas de la India son bastante
reticentes a lanzar un ataque sobre "Azad Cachemira" (la zona de
Cachemira controlada por Pakistán). Este conflicto militar podría durar
semanas con la espantosa posibilidad de una escalada nuclear. Cualquier
conflicto convencional entre India y Pakistán lleva implícita esta
posibilidad. Un estudio científico dice que incluso la primera generación de
bombas nucleares lanzadas sobre Karachi o Mumbai podría provocar la muerte
inmediata de entre 800.000 y dos millones de personas. Además estaría la
nube radioactiva que se extendería a toda la región y trasladaría el
desastre a otros países del subcontinente.
Crisis social y económica
Sin embargo, la causa principal de esta tensión e histeria
bélica es la intensa crisis socioeconómica que se ha agravado por el impacto
de la reciente recesión en la economía mundial. La clase dominante de India
y Pakistán intentan utilizar este chovinismo, la guerra o amenaza de la
misma, los actos de terrorismo y otras calamidades para sojuzgar a la clase
obrera que ya sufre la explotación bajo el capitalismo y la dominación
imperialista. Se han producido muchos recortes del gasto público y otras
medidas dictadas por el FMI y otras instituciones imperialistas, mientras que
el gasto militar se ha disparado. Irónicamente, los dirigentes de la
izquierda tradicional y los intelectuales están haciéndose eco de la clase
dominante en nombre del "nacionalismo" y la "democracia".
La pobreza se ha doblado en las últimas décadas. Se
están extendiendo las prácticas más monstruosas a muchas zonas de la India.
Según un reciente informe sólo en Andhra Pradesh, dos mil niñas son
vendidas a las agencias de adopción a través de las ONGs. Los padres de
estas desafortunadas niñas reciben sólo 12 dólares por cada una y son
vendidas sobre todo a padres estadounidenses por un valor de 14.000 dólares.
El infanticidio, la magia negra, el fanatismo religioso, la
quema de viudas, las castas, otros prejuicios y prácticas del pasado han
resurgido en la sociedad. Funcionan más escuelas fundamentalistas hindúes (ashrams)
dirigidas por el RSS, Jansang y otros grupos reaccionarios hindúes en India
que madrazas islámicas en Pakistán.
Esto refleja el estancamiento y la profunda crisis
orgánica de un sistema que no ha conseguido desarrollar la sociedad. Incluso
ha caído el crecimiento económico. La industria local de la burguesía india
está en ruinas y constantemente se cierran fábricas. La situación en el
sector agrario es aún peor.
Los conflictos religiosos, comunales, étnicos y regionales
están sacudiendo la base del estado. Con guerra o sin ella, la coalición
reaccionaria encabezada por el BJP tarde o temprano estallará. Esto abrirá
la caja de Pandora en una situación de vacío político donde la mayoría de
los partidos burgueses se enfrentan a la crisis de la economía y la sociedad.
Paralelamente la situación de la clase dominante en
Pakistán es patética. Han pasado veinte años apoyando a los talibanes y
otros grupos fundamentalistas dentro de Afganistán y ahora han fracasado de
una forma miserable. Esto ha hecho vulnerable su frontera con Afganistán.
La economía paquistaní es un caos. En la última década
la pobreza se ha doblado. La tasa de crecimiento ha pasado del 5% al 2,4% este
año. Pakistán ha sido la principal víctima de la guerra contra Afganistán,
tanto económica como políticamente. Los estadounidenses le han dado la
miserable cantidad de 673 millones de dólares, y al mismo tiempo, debido a la
guerra, Pakistán ha perdido 1.400 millones de dólares de sus ingresos por
exportaciones. Ahora la deuda externa de Pakistán representa casi un 600% del
total de sus ingresos presupuestarios y el 244% de sus exportaciones. La deuda
pública total es el 105% del PIB. Todos estos indicadores demuestran que la
situación de la deuda paquistaní es incluso peor que la de los países
pobres muy endeudados. El crimen, la violencia, la corrupción, la ignorancia,
la enfermedad y la miseria acechan esta tierra. La dictadura de Musharraf ha
sido una sirviente fiel del imperialismo no sólo en la guerra sino también
en la economía. Ha aplicado las recetas del FMI y el Banco Mundial con gran
celo y rapidez. Esto ha provocado el aumento del desempleo y más miseria para
las masas paquistaníes.
Al tiempo el gobierno indio hace que la vida de Musharraf
cada vez sea más difícil. Si Musharraf adopta una acción de castigo contra
Lashkar-a-Tayyaba y Jaish-a-Mohammed (dos organizaciones fundamentalistas
islámicas prohibidas ya por el régimen y a las que India culpa del ataque
del 13 de diciembre) será considerada como una capitulación ante la presión
india. Esto debilitará su posición en el frente interno. Si no adopta una
posición firme contra estos dos grupos fundamentalistas, entonces quien se
enfadará será el gran jefe de Washington.
Uno de los métodos que el régimen utilizaba para socavar
a los fundamentalistas era precisamente el uso de la retórica anti-india.
Aunque el ejército está aterrorizado ante la perspectiva de una guerra con
la India, no le queda otra opción que responder. Si Musharraf hace más
concesiones se podría enfrentar a una revuelta dentro del ejército. El
precio que ha tenido que pagar el ejército pakistaní por la aventura afgana
junto con el cambio de política ya ha sido excesivo. Las fisuras dentro de la
elite militar son evidentes.
El problema con los gobernantes es que no se puede avivar
la histeria bélica y después asustarse de la guerra. Su propia retórica les
puede llevar al precipicio. Este es el callejón sin salida al que la crisis
del capitalismo ha llevado a estas desafortunadas sociedades.
Mientras se siguen disparando armas y morteros, mientras
que el movimiento de tropas se intensifica, mientras que los aviones se
desplazan a sus bases aéreas, el pueblo inocente huye de las ciudades y
localidades fronterizas, el terror y la incertidumbre se adueña de las masas
de toda la región. Si sigue esta locura y la volátil situación termina en
una guerra, ésta será más violenta y sangrienta que en el pasado. Las
anteriores guerras parecerían un juego de niños.
Si estallara la guerra tampoco sería pan comido para la
India. Pakistán no es Afganistán o Palestina. Aunque el equilibrio militar
de fuerzas no es favorable a Pakistán, aún así, es una fuerza formidable y
tiene un arsenal militar considerable: medio millón de hombres armados, 350
bombarderos y una gran cantidad de tanques. La posesión de armas nucleares
por parte de Pakistán es lo que frena la opción india de una solución
militar. Esa es otra razón por la cual los estadounidenses intentan contener
a la India. Debido a las presiones del imperialismo y también por otras
razones, este choque se puede evitar. Pero los factores que han llevado a los
dos países al borde de otra guerra seguirán durante mucho tiempo presentes.
La llamada paz será efímera.
El Subcontinente Indio fue dividido en agosto de 1947,
porque la intensidad del movimiento de los trabajadores, marineros, soldados y
campesinos no sólo era una amenaza para el Raj británico, también lo era
para el propio capitalismo. Por lo tanto el imperialismo británico junto con
los dirigentes políticos burgueses hindúes y musulmanes, cometieron el
crimen atroz de la partición. Los desatinos de la dirección del PCI (Partido
Comunista Indio) provocaron la pérdida de la oportunidad histórica de
transformar el movimiento de liberación nacional en una revolución
socialista del Subcontinente Indio.
Han pasado cincuenta y cuatro años y no se ha solucionado
nada. Y con este sistema de explotación no se puede solucionar nada. Después
de más de medio siglo de "independencia" bajo el yugo del
imperialismo, el nivel de vida de cientos de millones de personas se ha
hundido. La miseria, la enfermedad y la ignorancia se han intensificado. La
burguesía de India y Pakistán han demostrado sus fracasos históricos. No
han solucionado un solo problema ni cumplido una sola tarea de la revolución
democrática nacional. Su entrada tardía en el escenario de la historia les
ha privado de esta capacidad.
La situación no puede durar mucho tiempo. Los trabajadores
y oprimidos de la India y Pakistán tienen que levantarse en un movimiento de
masas otra vez. Las masas trabajadoras del subcontinente, durante este breve
periodo histórico, han demostrado una y otra vez su capacidad y coraje para
llevar adelante su tarea histórica. Una revolución socialista en Pakistán o
India inevitablemente traspasaría estas fronteras artificiales y crearía una
Federación Socialista del subcontinente. Este es el único camino para poner
fin a la partición, para unir a los pueblos y encaminarse hacia una
Federación Socialista Mundial para conseguir la emancipación de toda la
humanidad.