Miriam Municio
Secretaria general del
Sindicato de Estudiantes
Durante el primer trimestre de curso hemos asistido a
la movilización más importante que ha protagonizado la juventud desde
hace quince años. Han sido tres meses en lucha contra el Ministerio de
Educación y su Ley de Universidad (LOU) que, finalmente, el PP aprobó el
20 de diciembre en el Congreso de los Diputados. La prepotencia, la
imposición y la represión han sido, nuevamente, las respuestas de la
derecha a millones de jóvenes y trabajadores que defendemos la educación
pública.
Los estudiantes, desde el 25 de octubre, hemos salido a
la calle en cinco jornadas de huelga general en todo el Estado además de
participar masivamente, junto a los trabajadores, en la multitudinaria
marcha sobre Madrid del 1 de diciembre, en la que se hizo palpable —con
300.000 personas en la calle— el rechazo generalizado a la política
privatizadora de la derecha y el aislamiento social tan fuerte del
Gobierno del PP. El 80% de la población apoyaba nuestras
reivindicaciones, según distintas encuestas.
Sin embargo, sin olvidar el fuerte desgaste social que
ha sufrido el gobierno de Aznar, la realidad es que el PP ha podido
aprobar la LOU.
¿Era posible echar atrás la LOU?
El Sindicato de Estudiantes explicó desde el primer
momento que sí era posible echar atrás la LOU. Desde luego, no iba a ser
tarea fácil. El desmantelamiento de la enseñanza pública es fundamental
para la derecha dentro de su política general de degradar cada vez más
las condiciones de vida de las familias trabajadoras (recortes de los
gastos sociales, privatizaciones, reformas laborales, etc.) para que los
empresarios puedan, más en un contexto de crisis y recesión económica
como el que se avecina, seguir manteniendo sus beneficios. Pretenden
adaptar el sistema educativo al mercado laboral, en el que abunda el
empleo basura, poco cualificado y mal pagado. Desde su punto de vista no
es rentable gastar miles de millones de pesetas en formarnos y, en este
escenario, la educación superior se convierte en un privilegio para quien
se lo pueda pagar. Por todo esto para el PP era fundamental sacar adelante
esta ley.
Pero, aún así, ganar al PP, a pesar de su mayoría
absoluta en el Parlamento, era posible si lográbamos un movimiento lo
más amplio y masivo posible. Había que implicar no sólo a los
estudiantes de la universidad sino también a los de los institutos que
iban a ser los más afectados por la LOU, puesto que el nuevo sistema de
acceso por universidades vinculado a la reválida, significa más
obstáculos para acceder a la universidad. La estrategia del Ministerio de
Educación era clara: tratar de dividir el movimiento. Aprobar la LOU en
otoño y, una vez cerrado ese frente, empezar con la Ley de Calidad y la
de FP. No podíamos caer en su juego. Echar atrás la LOU significaba
estar en mejores condiciones de frenar el resto de contrarreformas
educativas que prepara la derecha. Por eso, el Sindicato de Estudiantes
convocó unitariamente a los estudiantes de institutos y universidad desde
el principio.
Pero, lo más importante era unificar la lucha con los
trabajadores; empezando con los profesores y el Personal de
Administración y Servicios (PAS) de la universidad y continuando con el
profesorado y personal no docente de institutos y colegios, que también
están sufriendo las consecuencias de la política privatizadora llevada a
cabo por el PP. En definitiva, lograr un movimiento masivo, unitario y que
tuviera una expresión coordinada en todo el Estado. La responsabilidad de
conseguir esto recaía en los dirigentes sindicales de CCOO y UGT.
1 de diciembre:
La ministra contra las cuerdas
Tras el éxito del 1 de diciembre, la lucha entraba en
un momento decisivo. Estábamos en el punto álgido, en todas partes se
hablaba del conflicto educativo y la posibilidad de ganar al PP estaba al
alcance de la mano. No sólo la ministra, cuya dimisión era coreada por
parte de todo el mundo, sino el Gobierno en pleno estaba siendo
cuestionado por millones de jóvenes. Sabían que una victoria de los
estudiantes sería un ejemplo de lucha para los trabajadores y, por eso,
mantenían una actitud de dureza negándose a hacer la más mínima
concesión.
Era el momento para dar un nuevo paso en la lucha. La
forma más seria y consecuente de hacerlo era convocando, antes de
navidades, una huelga general de toda la comunidad educativa en la que
participasen todos los profesores de secundaria y universidad, los
estudiantes, y que habría contado con el apoyo de las asociaciones de
padres. Una huelga así, concentrando a cientos de miles de personas en
manifestaciones a lo largo y ancho de todo el Estado, hubiera sido un
enorme paso adelante y habría dejado al gobierno en absoluta evidencia.
Esta fue la propuesta que el Sindicato de Estudiantes
hizo a los dirigentes sindicales de CCOO y UGT. Lamentablemente, la
rechazaron con el argumento de que no era el momento de utilizar esta
medida. Esta actitud desmovilizadora contrastaba con las ganas de luchar
de un amplio sector del profesorado y el PAS que, en diferentes
universidades, realizaron huelgas de hasta varias semanas. Precisamente
era, en ese momento, cuando la gente estaba en la calle y todavía no se
había aprobado la ley, cuando más presión se podía hacer.
El Sindicato de Estudiantes convocó una nueva huelga
de estudiantes para el 19 de diciembre. Nuevamente, hubo decenas de miles
de estudiantes en las calles de todo el Estado contra la política
educativa del PP.
Lógicamente, el cansancio de tres meses
ininterrumpidos de movilizaciones y, sobre todo, el jarro de agua fría
que significó que los dirigentes de CCOO y UGT no continuaran la lucha
después del 1 de diciembre, con el consiguiente escepticismo de que se
pudiera echar atrás la LOU, hizo que en esta jornada de huelga la
participación fuera menor.
Hacer frente a la Ley de Calidad
Sin embargo, esta lucha no ha caído en saco roto.
Gracias a las masivas manifestaciones de estos meses el aislamiento social
del PP ha sido claro y hemos desenmascarado su política privatizadora y
elitista ante la mayoría de la sociedad. Los jóvenes hemos demostrado
que no estamos dispuestos a acatar sin más los ataques que nos quieren
imponer. Esto es muy importante, puesto que la lucha de la juventud anima
la lucha de los trabajadores, imprescindible para poder frenar todos los
ataques de la derecha.
Una de las conclusiones de esta lucha es la necesidad
de tener un movimiento estudiantil a nivel estatal más fuerte. Teniendo
una organización combativa, de izquierdas y coordinada a nivel estatal,
como es el Sindicato de Estudiantes, en todas las facultades e institutos
del Estado, nuestra capacidad de movilización y nuestro impacto entre los
trabajadores se dejaría sentir con más fuerza. Por eso, fortalecer y
construir el SE es la mejor manera de continuar la lucha contra la derecha
que, por otro lado, renueva los ataques con la anunciada Ley de Calidad, a
la que tendremos que hacer frente con nuevas movilizaciones.