Las movilizaciones que se han desarrollado en Argentina en
las últimas semanas, en particular el alzamiento popular del 19 y 20 de
diciembre pasados, no tienen precedentes en la historia argentina: se trata de
la primera vez en la amplia tradición de lucha de la clase obrera y del
pueblo argentino que un gobierno electo cae de forma directa e inmediata ante
la lucha de la calle. Una insurrección, en fin, que una vez más ha puesto en
evidencia la eficacia de los métodos de la clase obrera: la movilización
colectiva, la manifestación y la huelga general.
Ahora, todos los analistas políticos, los medios
económicos y diplomáticos miran temerosos hacia el segundo país
sudamericano en importancia. Contemplan acongojados cómo los efectos
económicos y sociales del ya declarado cáncer argentino amenazan con
desarrollarse y desbocarse por todo el planeta. Nada de lo que pasó sin
embargo se puede entender sin analizar los últimos años.
El saqueo latinoamericano de los 90
Esta es la mejor manera de describir lo que ha ocurrido en
los países del subcontinente sudamericano, aquejados de enormes deudas (más
enormes diez años después). Para satisfacerlas se vieron obligados a atacar
a fondo los gastos sociales y a privatizar todo el sector público en
beneficio de las principales multinacionales y acreedores internacionales.
La política del gobierno Menem de entregarse al saqueo
propugnado por las multinacionales y el FMI provocó un rápido aumento del
paro y el empobrecimiento de las masas. Asistimos entonces a movimientos
semiinsurreccionales en diferentes ciudades y regiones afectadas por las
reconversiones y el paro obrero, que jalonarán el camino recorrido hasta
ahora en los últimos diez años. En 1993, el Santiagueñazo; después las
movilizaciones en junio de 1996 de los piqueteros de Cutral Co, que obligaron
al gobierno a ceder frente a numerosas reivindicaciones. Entre mayo y julio de
1997 nuevamente en Cutral Co, Tartagal, Jujuy, Cruz del Eje. En el último
periodo del gobierno Menem, vimos nuevamente movilizaciones muy radicalizadas
en Jujuy, Tucumán o Corrientes, de los empleados públicos y los sectores
más empobrecidos.
Muchas de estas movilizaciones fueron defensivas y
adquirieron en algunos casos una gran virulencia. Es muy interesante destacar
el movimiento que se ha conocido como piqueteros, que ha logrado
organizar a decenas de miles entre los sectores más combativos de jóvenes
desocupados y obreros que quedaron en paro tras las reconversiones de los
años 90, jugando en diferentes ocasiones un papel clave en la lucha desde
1996 y, especialmente, a escala nacional, en el último año y medio.
La deuda, la dolarización de la economía y la recesión
en Argentina
El gobierno argentino, para atraer y dar más garantías al
capital para sus privatizaciones y obtener nuevos créditos con los que
financiar su deuda, decidió ligar paritariamente el peso argentino al dólar
de una manera fija e inalterable durante los últimos diez años. Durante esta
época, el dólar ha sido una moneda de uso cotidiano en Argentina,
cambiándose paritariamente un dólar por un peso. Consecuentemente, con la
estabilización de esta política, la mayor parte de los créditos pedidos por
los argentinos se han solicitado en dólares, al igual que los créditos
pedidos por el gobierno para pagar la deuda.
En 1998 la devaluación de las monedas del sudeste
asiático, y posteriormente de Brasil, motivaron que las exportaciones
Argentinas hacia el vecino del norte cayeran ostensiblemente, lo que ha sido
un elemento determinante para explicar la recesión en que se ha visto
envuelta Argentina, que dura ya más de tres años.
De la caída del gobierno Menem a la revolución de
diciembre del 2001
En 1999 los justicialistas (peronistas), en el poder desde
hacía una década, pierden las elecciones ante una alianza opositora formada
por la Unión Cívica Radical y el Frepaso, constituido por sectores
desgajados del peronismo y socialdemócratas. La llegada del gobierno de la
Alianza, evidenciaba el desgaste del peronismo ante las masas y las ilusiones
de un sector de ellas en el mensaje anticorrupción que lanzó De La Rúa. Sin
embargo rápidamente, el gobierno de De La Rúa se dispuso a cumplir con su
"responsabilidad" ante el FMI y los capitalistas con ajustes
estructurales en sanidad, pensiones, educación y función pública.
La respuesta de la clase obrera fue unánime y todo el
descontento acumulado durante la década de los 90, que había estallado
episódicamente en movilizaciones puntuales, se galvanizó en torno a huelgas
generales estatales y auténticas insurrecciones en diferentes ciudades. En el
último año y medio se han sucedido siete huelgas generales contra el
gobierno De La Rúa que provocaron, entre otros hechos, la caída de tres
ministros de economía, del gobernador del Banco de Argentina y de la ministra
de Trabajo.
Durante todo este periodo los dirigentes sindicales han ido
a la cola de los acontecimientos, convocando movilizaciones cuando la presión
por abajo era insostenible para ellos. A pesar de eso, desde entonces para
acá, cuando los trabajadores vieron cualquier tipo de referencia de lucha, se
expresaron a través de ella: así fue en el caso de la lucha de Aerolíneas
Argentinas, cuando la solidaridad con estos trabajadores cautivó a la inmensa
mayoría de la población y la consigna de la nacionalización de la empresa
ganó una audiencia de masas, obligándose otra vez más a la dirigencia
sindical a convocar una nueva huelga general.
Posteriormente, la jugada de las elecciones le salió mal a
la burguesía: cinco millones de votos perdidos por la Alianza, más de un
millón perdido por los peronistas; un 40% del electorado se abstuvo (en un
país donde votar es obligatorio), o bien votó nulo o en blanco; un 25% de
los votos en Buenos Aires fue a los partidos de izquierda con un programa
antisistema… Es decir, también aquí hubo una clara movilización de la
clase trabajadora contra el gobierno.
Las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre
Después de las elecciones, la Alianza estaba agotada como
gobierno. La situación se deterioraba día a día. En el norte, en la ciudad
de General Mosconi, se había dado un movimiento insurreccional durante el
verano: el intendente fue expulsado por la población, los concejales
también, y otros representantes de la administración huyeron. Durante un
tiempo los piqueteros prácticamente expulsaron de la ciudad a la policía,
quedando dueños de la ciudad. El ministro Cafiero, que trató de actuar como
apagafuegos negociando directamente con los insurrectos, tuvo que reconocer
que "en General Mosconi no hay Estado" (La Nación, 24
de junio).
En septiembre se desarrolló la II Asamblea Nacional
Piquetera a la que asistieron 1.500 delegados representando a 30.000
piqueteros y que organizó el corte de carreteras estatal más importante
hasta entonces, celebrado el 5 de diciembre.
A principios de diciembre, el gobierno de la Alianza se
enajenó definitivamente el poco apoyo que todavía podía tener por parte de
las clases medias al congelar los ahorros y limitar la cantidad que se podía
sacar de los bancos mensualmente, lo que se ha venido en llamar el
corralito, que perjudicaba a los pequeños ahorradores. Los grandes
capitalistas ya hacía tiempo que habían puesto su dinero a buen recaudo,
retirando en los anteriores seis meses el 24% de los depósitos, cerca de
20.000 millones de dólares. Si Cavallo y De la Rúa no hubieran tomado esta
medida, se habría producido una inmediata quiebra financiera que, de hecho,
hoy sigue estando encima de la mesa.
A partir de aquí, los acontecimientos se desbocaron. En
Neuquén se suceden diferentes huelgas generales que afectan a toda la
provincia pidiéndose entre otras cosas la nacionalización de las industrias
en crisis. Las huelgas siguen en otras zonas del país, entre los
ferroviarios, en las telefónicas. En Mar de la Plata funcionarios públicos
ocupan el Banco provincial; el MTA (o CGT rebelde, de Hugo Moyano)
convoca huelga general el 13 de diciembre a la que se ven obligadas a sumarse
el resto de las organizaciones sindicales… Empiezan los asaltos a los
supermercados por parte de los sectores más desesperados, que se convierten
en una ola irresistible ante la miseria existente.
El gobierno De la Rúa queda totalmente sobrepasado. Fuerza
el estado de sitio, creyendo que esa medida encontraría eco entre las clases
medias y que éstas buscarían orden. Para entonces la inmensa mayoría de las
clases medias ya habían sido ganadas para el desorden… Aparte de elementos
aislados que se enfrentaron a los desesperados que asaltaban sus tiendas, lo
que hay que destacar entre las clases medias es cómo columnas enteras
convergieron el 19 y 20 de diciembre, provenientes de los barrios
pequeñoburgueses para manifestarse en la Plaza de Mayo con las decenas de
miles de obreros que había allí, y cómo se enfrentaron junto con ellos
ferozmente a la policía cuando ésta trató de desalojarlos el día 20.
La represión es tremenda, 35 muertos, centenares de
heridos, 4.500 detenidos. En esa situación los dirigentes peronistas
sacrificaron a De la Rúa negándose a su petición de entrar en un gobierno
de concentración nacional.
Después del 20 de diciembre
La ceremonia de confusión es tremenda tras la dimisión de
De la Rúa. Los peronistas, mayoritarios en el Congreso y el Senado, toman la
iniciativa, disputándose el poder entre las diferentes familias, más
divididos que nunca ante la presión existente por abajo y sus ansias de poder
y prestigio.
Finalmente se elige a Rodríguez Saá, un gobernador de una
provincia pequeña que una vez llegado al cargo empezó a ofrecer una serie de
promesas, cada una más demagógica que la anterior: "Argentina no
pagará ni un centavo de la deuda hasta que todos los argentinos tengan un
trabajo" (El País, 23 de diciembre). Prometió subir el salario
mínimo a 500 dólares y crear un millón de empleos en un mes, pero no dijo
con qué medios lo iba a hacer. Para financiar todas estas promesas imposibles
propuso emitir inmediatamente una nueva moneda, el argentino, moneda
depreciada un 50% al día siguiente de asegurar su creación, pues no estaba
respaldada por ningún bien tangible, y que hubiera hundido a Argentina en una
espiral inflacionista de manera inmediata .
Sin programa, sin base dentro del partido, visiblemente
incapaz, en contra de la patronal alarmada por su demagogia, su gobierno cayó
ante la movilización de masas de la cacerolada del 28 de diciembre al grito
de "que se vayan todos". La gota que colmó el vaso para la
movilización del 28 vino dada paradójicamente por el Tribunal Supremo, al
garantizar éste la legalidad del corralito.
Un manifestante que participó en la cacerolada que
derribó de la presidencia a Rodríguez Saá resumía el sentir general de los
que participaron en la movilización. "…Este pueblo no quería un
cambio de títeres, sino un cambio de fondo…Con la gente en la calle hay
garantías para que se respete la voluntad popular. Tenemos que marcar a
este gobierno, tenemos que respirarle en la nuca…" (El País,
30 de diciembre).
Las asambleas populares
La cacerolada del 28 de diciembre había sido convocada por
las asambleas barriales que se fueron formando de manera más o menos
espontánea en todos los barrios de Buenos Aires, si bien hay que explicar a
qué nos referimos con el término "espontáneo". Como hemos
explicado, las movilizaciones del 19 y 20 "no caen del cielo", sino
que nacen de una tradición de luchas fecundada con múltiples experiencias en
los últimos años en Argentina.
Cuando las masas se echan a la calle de manera masiva para
solucionar sus problemas es cuando han llegado a la conclusión de que todo
está mal y de que tienen que hacer algo, de que no pueden dejar en
manos de otros que les solucionen sus problemas. Así, un vecino del barrio
bonaerense de San Cristóbal declara: "…En las últimas semanas hicimos
cosas que nunca habíamos pensado y todavía no sabemos qué otras vamos a
tener que hacer" (diario Página 12, 6 de enero). En el populoso
barrio de La Boca habla otro vecino "…Nosotros estamos haciendo una
reunión semanal y lo que vemos es que se acerca más gente. Pero lo
(importante) es que la mayoría pregunta qué pueden hacer, cómo
involucrarse, de qué manera se pueden enganchar. Eso, hasta hace muy poco, no
pasaba".
Las asambleas que se están formando, fortaleciendo y
tomando protagonismo en Buenos Aires y otras ciudades argentinas están
impulsadas por los elementos más combativos, militantes de izquierda,
piqueteros, activistas sindicales "de toda la vida"… Pero si las
masas no hubieran llegado a la conclusión que explicaban los anteriores
vecinos no tendrían ninguna influencia, como sí están teniendo ahora.
Lo que es claro es que estas asambleas se van consolidando
y que se están coordinando entre sí. Así en el citado barrio de San
Cristóbal un grupo de miembros de una parroquia cercana organizó una
asamblea en su iglesia repartiendo panfletos (volantas). Asisten 150 personas.
La composición entre los asistentes es representativa de lo que es el barrio:
el dueño de un bar, trabajadores de un hospital cercano, estudiantes, amas de
casa, parados, algunos militantes de izquierda ... Las tres conclusiones que
les unen son:
· No confiamos en los políticos pero sí hay que
hacer política.
· Lo que hay afuera no nos representa (Parlamento,
gobierno, jueces…).
· Lo más importante es mantener la movilización en
la calle.
En otros barrios se repiten procesos similares, en Villa
Crespo, en La Boca, Floresta. Esto revela que la consigna de elección de
representantes o comités de entre estas Asambleas, que se coordinen entre sí
en cada ciudad y a escala estatal conectaría ahora totalmente con la
experiencia concreta, no ya de unos pocos activistas, sino de decenas de
miles, de centenares de miles. En Floresta, donde la policía asesinó a tres
jóvenes durante las protestas "…la gente del barrio se está
encargando de proteger a los testigos de los asesinatos y sus asambleas son
tan numerosas que hay que usar un megáfono para que todos escuchen. Se está
sumando gente de otros barrios, un poco como delegados que después cuentan en
el suyo qué pasó: en la última reunión hubo gente de Mataderos, Liniers,
Paternal, Villa del Parque y Flores" (Página 12, 6 de enero).
Éste es el auténtico poder por el que luchar en estos
momentos. Potenciar y crear Asambleas y comités de trabajadores en todas las
fábricas, barrios y centros de estudio, donde puedan participar el conjunto
de la población afectada por la crisis, obreros, estudiantes, pequeños
comerciantes, y coordinarlos en un congreso o Asamblea estatal de delegados
electos de estos comités. De esta manera se podría ofrecer una alternativa a
las instituciones de poder de la burguesía, para dar paso a un gobierno de
los trabajadores y de las masas oprimidas.
Sólo ese gobierno podría llevar a cabo una política que
solucione los problemas de la inmensa mayoría de la sociedad, iniciando la
transformación socialista de Argentina. Es necesario defender un programa de
acción que pase por satisfacer las necesidades inmediatas de la población,
vinculándolo a un plan de medidas que acaben con la catástrofe creada por el
caos del capitalismo y supongan la planificación democrática y socialista de
la economía en beneficio de la mayoría:
· Huelga general contra las medidas antiobreras de
Duhalde.
· No al pago de la deuda externa.
· Salario mínimo que contemple la posibilidad de
compra de la totalidad de productos de la canasta básica, unos 600 dólares.
· Escala móvil de precios y salarios para luchar
contra la inflación.
· Ni un solo despido. Nacionalización bajo control
obrero de las empresas en crisis para garantizar todos los puestos de trabajo.
Reducción inmediata de la jornada laboral, sin reducción salarial para
repartir el empleo.
· Nacionalización de la banca, sin indemnización
salvo en casos de necesidad comprobada.
· Nacionalización, bajo control obrero, de los
monopolios, los latifundios y las principales empresas del país para
establecer un plan nacional de la producción. Expropiación de la
oligarquía.
· Por el poder de las asambleas de trabajadores y
resto de sectores oprimidos de la sociedad.
· Por la defensa de la población frente a la
violencia policial y para neutralizar un intento de golpe: Impulsar la
formación de comités democráticos de soldados y la creación de grupos de
autodefensa obreros.
· Por la solidaridad internacionalista de la clase
obrera de todo el mundo con la revolución argentina.
Es necesario ganar a la mayoría de la población para este
programa. Por eso una genuina organización marxista tendría que orientar la
agitación también hacia la base del movimiento sindical peronista, que sigue
agrupando al sector decisivo de la clase obrera. Un trabajo que exige
liberarse de sectarismos y prejuicios si se quiere conquistar la mayoría.
El socialismo es la única salida
El gobierno de concentración nacional de Duhalde, que
incorpora a dirigentes de la Alianza ex gobernante, nace como un gobierno
nacionalista de la burguesía industrial, que busca restablecer la tasa de
ganancia y la competitividad para los productos argentinos. Duhalde ha optado
por devaluar la moneda casi un 30% con respecto al dólar y busca que un
sector de las empresas privatizadas contribuyan a pagar una parte de la crisis
¿Qué puede ofrecer a las masas? El FMI exige un plan claro de ataques a los
gastos sociales como condición para un nuevo crédito, lo que sería como
echar gasolina al fuego. Lo peor es que estas medidas ya han provocado un
incremento extraordinario de los precios en los productos básicos.
La salida de la recesión va a ser muy complicada cuando el
ciclo económico en los principales países capitalistas va hacia abajo, lo
que afectará seriamente a una economía fuertemente exportadora de materias
primas como la argentina. La inversión, que es el elemento esencial bajo el
capitalismo, para el desarrollo de la economía está en fortísimo retroceso
¿Quién va a invertir con este panorama? ¿Acaso la patriota burguesía
argentina? El patrioterismo de palabra de la burguesía nacional argentina es
grande, pero mucho más grande es su amor por el dinero. De hecho, en los
últimos diez años la evasión de divisas se ha duplicado, tal como muestran
los datos:
· Fondos en el exterior (1991):
....................50.077 millones $ USA
· Fondos en el exterior (2001):
..................101.000 millones $ USA
Podemos apostar que poco de este dinero va a retornar a
Argentina en los próximos meses.
Quienes van a invertir todavía menos en este contexto van
a ser las aves de rapiña de las multinacionales, que se beneficiaron de la
política de privatizaciones más intensa de toda Latinoamérica y ahora temen
pagar una pequeña parte de la crisis. La burguesía argentina intentará
utilizar el mercado exterior para sortear la crisis, aumentando las
exportaciones a costa de los países vecinos. Pero el recurso a devaluaciones
continuas, que será también utilizado por otros países de la zona,
provocará una desestabilización económica general.
Ahora hay un 20% de paro, la esperanza de vida está
estancada en los últimos 20 años y 16 millones de argentinos en la pobreza
de una población de 36 millones. El capitalismo, ahora más que nunca, no
puede ofrecer nada a las masas argentinas, ni en Latinoamérica, ni en el
mundo entero. La población se ha movilizado contra la deuda externa y el
poder de las multinacionales y bancos; han visto durante meses cómo se ha
permitido el enjuague de la evasión de miles de millones de dólares de los
potentados mientras a los pequeños ahorradores les congelaban las cuentas;
millones de la clase media se han proletarizado… Por otra parte, tienen en
su bagaje la experiencia del último año: han parado varios ataque generales
del gobierno a las conquistas sociales, han echado a tres ministros de
economía, al presidente del Banco de la Nación, a la ministra de Trabajo, a
dos gobiernos.
Sí que hay un futuro para Argentina, pero no bajo el
capitalismo sino luchando por el socialismo, por el poder de los obreros y de
los oprimidos. Los acontecimientos en Argentina van a tener consecuencias
inmediatas en toda Latinoamérica y en el mundo entero. Efectivamente,
América Latina se mueve hacia el rojo.