El día 1 de diciembre la juventud de todo el
Estado español protagonizó la mayor movilización contra el gobierno del
PP desde que accediera al poder en 1996. Con la LOU y los planes previstos
en la Ley de Calidad, la derecha se propone lanzar el mayor ataque contra
la educación pública desde la caída de la dictadura. El aislamiento del
Gobierno en este empeño es evidente. La actitud arrogante de la ministra,
dando cifras ridículas de la participación en las manifestaciones y
negándose a retirar la LOU, no ha hecho más que crispar aún más los
ánimos de los estudiantes, profesores, PAS y padres e incrementar la
simpatía social hacia la lucha de la juventud. Ahora mismo, el frente
educativo está centrando toda la atención social y la preocupación del
gobierno y de la burguesía.
La actitud cerril del MEC y del Gobierno, teniendo en
cuenta lo que se juega y desde el punto de vista de los intereses de clase
que defiende, tiene su lógica. Por un lado, las medidas que quiere
imponer en el terreno educativo tienen un carácter estratégico y son una
parte importante del conjunto de medidas que son imprescindibles para la
burguesía para afrontar la crisis económica, evitando en lo posible su
repercusión negativa en el beneficio de los capitalistas. Es ese el
sentido que tiene la recientemente impuesta reforma laboral, la
privatización de la sanidad, el aumento de los impuestos indirectos, las
exenciones fiscales a las empresas, etc. Por otro lado, hacer cualquier
concesión seria a los estudiantes, como sería la retirada de la LOU,
animaría a la movilización y a la lucha de los trabajadores, hartos de
la precariedad en el empleo, de salarios de miseria, de jornadas laborales
extenuantes, de represión patronal en los puestos de trabajo... Incluso
otros sectores sociales como los pequeños agricultores, duramente
castigados por la reconversión agraria de los últimos años, podrían
movilizarse.
La gran baza con la que ha contado el PP en los seis
años que lleva en el gobierno es haber contado con paz social, en gran
medida fundamentada en la falta de una oposición política y sindical
seria. Incluso la propia mayoría absoluta del PP en el parlamento tiene
muchísimo más que ver con la incapacidad de las direcciones de los
partidos y sindicatos de izquierdas de ilusionar su base social—basta
recordar que el PSOE e IU perdieron tres millones de votos en las últimas
elecciones generales, que se fueron a la abstención —, que con el apoyo
y simpatías que pueda suscitar la política de la derecha que, como se
está viendo, está cada vez más contestada.
Las movilización de la juventud contra las medidas
educativas del PP han abierto una oportunidad para cambiar radicalmente el
panorama político de los últimos años. Se podría derrotar al PP si
toda la expectativa, el ánimo y la presión social generada con la
multitudinaria manifestación del día 1 se aprovecha para convocar otro
paso más contundente: la convocatoria de una huelga general de toda la
comunidad educativa. El paso dado por la dirección de CCOO y UGT de
convocar la Marcha a Madrid ha sido muy positivo, porque dio una magnitud
social a la lucha que hubiese sido imposible sin la implicación de los
trabajadores. Pero el día 1 no puede ser la "culminación" de
las movilizaciones contra las medidas educativas del PP, tal como
machaconamente defiende El País —fiel representante de los
intereses de la burguesía— en sus artículos y editoriales, consciente
del peligro que supone que la lucha vaya a más.
Ciertamente, echar atrás los planes del PP no es
fácil, pero tan cierto como esto es que nunca la posibilidad de infligir
una derrota a los planes de la derecha está tan cerca como hoy.
Las tan recurrentes lamentaciones sobre la pasividad de
la juventud, sobre la oleada de conservadurismo que impregna la sociedad y
argumentos por el estilo, que han servido de base para justificar la
política del "consenso" y del "mal menor", suenan ya
ridículas estos días. Las movilizaciones estudiantiles del día 25 de
octubre, del 7, 14 y 28 de noviembre y la última Marcha a Madrid
constituyen el golpe más duro recibido por la derecha desde que está en
el gobierno, pero también contienen un mensaje muy claro para los
máximos dirigentes del CCOO y UGT: tienen que cambiar drásticamente la
orientación sindical que han defendido en los últimos años. Ahora
tienen una oportunidad clarísima para rectificar, y la enorme
responsabilidad de llevar la lucha hasta final, empezando por una huelga
general de toda la comunidad educativa, tal como defiende el Sindicato de
Estudiantes, para frenar un ataque tan grave del PP que afecta a un
aspecto tan decisivo, como es la educación, para la vida de millones de
familias obreras.