E l  M i l i t a n t e   Nº 1 41

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julio / agosto 2001


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Continúa la recesión en Japón

Ferran Alemany

Japón sigue sin salir de su crisis. La actividad económica se contrajo en el primer trimestre de 2001 el 0,2%, lo que se suma a las caídas del año 2000. La economía que durante décadas fue puesta como ejemplo de desarrollo capitalista, de crecimiento y productividad, es considerada ahora un enfermo crónico del que solo cabe esperar que empeore.

Todas las cifras son negativas. La inversión empresarial (-1%), las exportaciones -0,2% en valor, el consumo interno… Incluso la caída de precios que supone el control de la inflación no se debe a una mejora de la productividad, sino a la debilidad de la demanda y al exceso de capacidad productiva. Este fenómeno de deflación es la primera vez que ocurre en países avanzados desde los años 30.

Durante décadas Japón fue la versión moderna del cuento de la lechera: fuertes inversiones que hacían aumentar la productividad, abaratando costes, introduciendo nuevas tecnologías, etc. Las inversiones se recuperaban con creces al conquistar nuevos mercados. Pero este modelo se agotó con el pinchazo bursátil de los 80 y se agravo la situación con la crisis de superproducción que afecto a Asia en los 90.

El fracaso de los métodos keynesianos

Para salir de esta situación se ha recurrido a las viejas teorías keynesianas. En los últimos nueve años se ha inyectado más de un billón de dólares de dinero público sin ningún efecto, excepto convertirse en uno de los países más endeudados el planeta (un 120% del PIB). Y a pesar de que los tipos de interés son prácticamente cero, los préstamos bancarios siguen cayendo. La explicación es sencilla: ¿para que pedir prestamos si ya estamos endeudados? Y por otra parte si se acometen nuevas inversiones ¿Donde vender si los mercados están saturados? Por otra parte si se elevan los tipos para atraer inversión extranjera, provocaría una avalancha de bancarrotas. Ante esta perspectiva y la aparición del paro se está disparando el ahorro y contrayendo la demanda interna, lo que lleva a algunos economistas a explicar que la crisis de Japón se reduce a falta de confianza. Pero lo que no explican es por qué no hay confianza: por las razones objetivas.

El nuevo gobierno

El nuevo gobierno de Junchiro Koizumi parece haber apostado por abandonar las medidas keynesianas y volver a políticas de contención del gasto. A pesar de su popularidad y de no ser el típico político japonés sus perspectivas no son nada halagüeñas para la clase obrera japonesa. Consciente de que no puede seguir endeudándose, va a hacer cargar a los trabajadores con la crisis No excluye un "crecimiento negativo" (eufemismo de destrucción de empleo y caída en las condiciones de vida) durante los próximos dos años. Sus ministros de economía ya han anunciado que la única receta es la flexibilidad y de poner la economía al limite, además de no tener ningún plan para estimular la demanda interna. Su único objetivo será sanear los bancos.

El Credit Suisse ha calculado en un millón y medio los empleos que se perderán. Estamos ante el comportamiento clásico del capitalismo descrito por Marx: la única forma de salir de las crisis es la destrucción de fuerzas productivas, hecho que tarde o temprano provocará serias convulsiones sociales en la segunda economía del planeta.




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