El informe Forbes del
año 2000 sobre el incremento de las grandes fortunas, plasma de forma
concluyente la esencia misma del capitalismo: que los ricos son cada vez más
ricos mientras que los pobres son cada vez más pobres. Así, desde la lógica
capitalista, todo parece estar en su sitio. Las mismas condiciones que hacen
que la vida sea una pesadilla para la mayor parte de la humanidad, aúpan a un
puñado de "elegidos por la diosa fortuna" al paraíso del lujo y el
confort.
Según dicho estudio,
las grandes fortunas "sólo" aumentaron un 6% en el último año.
Teniendo en cuenta que en el informe no se reflejan los bienes inmuebles, los
negocios sucios (tráfico de armas, drogas, etc.) y que estos poderosos
"amos del universo" no suelen tener a bien declarar todas sus
posesiones, podemos sospechar que los datos proporcionados son sólo una
tímida aproximación a la realidad.
La concentración de
la riqueza que Marx y Engels pronosticaron en su Manifiesto Comunista,
hace la friolera de 154 años, ha alcanzado cotas delirantes. Todos los
procesos que anunciaron respecto a la monopolización de las fuerzas
productivas y el efecto de la competencia y el libre mercado tendrían sobre
las masas trabajadoras en todo el globo, hoy son una realidad aplastante en el
sentido más literal de la palabra.
Los ricos nunca
pierden, las grandes fortunas sigan aumentando año tras año a pesar de los
vaivenes de la bolsa. La década de los noventa estuvo caracterizada por las
fusiones empresariales, grandes compañías que engullen a otras, OPAS y todo
tipo de tratas para aumentar el margen de beneficios de los ricos sin tener
que invertir nada en mejorar las técnicas de producción, renovar la
maquinaria industrial, controlar el impacto ambiental, etc. Todo ello a costa
de cerrar plantas y plantas industriales a puñados, dejando a cientos de
miles de obreros en la calle, pero manteniendo el nivel de producción a costa
de un aumentando la explotación.
Cada día se realizan
operaciones especulativas en el mundo por valor de tres billones de dólares,
sin crear ninguna riqueza, en contradicción con la acuciante necesidad de las
masas a nivel mundial (el 80% de la humanidad sólo tiene acceso a un 14% de
los bienes).
Todos esos miles de
millones de dólares (desde los 60.000 de Bill Gates, el número uno en el
ranking, hasta los "modestos" 12.000 millones de dólares de los
menos ricos entre los ricos), son la otra cara de la pobreza, el atraso, la
explotación y la degradación que genera este sistema.
A pesar de que la
descripción de la vida de rajás que se pegan estos señores de oro del club
de los elegidos nos haría soñar a todos los que sufrimos carencias
materiales (pese a que nos matemos trabajando), los marxistas somos
conscientes de que los trabajadores como clase no tiene ningún interés en
mantener ni consentir ningún tipo de privilegio, porque todo privilegio es el
producto del robo y del expolio de unos pocos sobre la mayoría. Lejos de
envidiar a estos multimillonarios, les odiamos por todo lo que representan: la
opresión y la barbarie del capitalismo sobre las masas a nivel mundial, sobre
todos nosotros.