El Militante Nº 139

Editorial .

1 de mayo / 1 de junio



Para parar los ataques del PP

¡Huelga general de 24 horas ya!

 

Algo está cambiando en la lucha de clases en el Estado español. Si hace poco más de un año los circulos dirigentes del PP rebosaban confianza, después de haber alcanzado una mayoría absoluta hace pocos años inimaginable, la situación actual es muy diferente.

En las últimas semanas hemos asistido a un cambio importante en una situación política que parecía inalterable. El anuncio de la UGT a favor de una huelga general para combatir la última contrarreforma laboral impuesta por el gobierno Aznar y la negativa de este mismo sindicato a firmar el vergonzante acuerdo de pensiones, marca una profunda quiebra del modelo de pacto social y colaboración con el gobierno de la derecha practicado por las cúpulas sindicales en estos últimos cinco años. En la práctica, la negativa de UGT a continuar dando cheques en blanco al PP es el reconocimiento del fracaso de una política que ha permitido a la patronal y al gobierno de la derecha acabar con conquistas históricas del movimiento obrero.

La decisión de UGT ha sido duramente criticada por la dirección oficialista de CCOO. Sin embargo, se equivoca de cabo a rabo José María Fidalgo cuando afirma, en toda entrevista que concede, que no existen condiciones objetivas ni subjetivas para una huelga general. ¿En que mundo vive el secretario general de CCOO? ¿Acaso no lee los datos que su propio sindicato publica?

En el año 2000 los beneficios empresariales crecieron un 30% y en el caso de la banca llegaron a superar el billón de pesetas. La precariedad en el empleo sigue anclada en más del 32%, llegando al 85% en los jóvenes menores de 20 años. La cobertura al desempleo se ha reducido en los últimos cuatro años un 25%, mientras la siniestrabilidad laboral es la mayor de Europa: tan sólo en el año 2000 más de 1.700 trabajadores murieron en accidentes laborales, lo que ofrece una media superior a los cinco muertos diarios. Por si esto no bastara, la subida salarial media no supero el año pasado el 2,6 % cuando la inflación creció por encima del 4% y la ofensiva contra los servicios públicos, la privatización encubierta de la sanidad y la enseñanza no han parado de profundizarse. En este contexto ¿quién puede afirmar en nombre de los trabajadores y sus familias que no hay motivos para una huelga general?

 

La izquierda tiene que pasar a la ofensiva

 

En estos últimos meses han sido numerosas las voces, desde la izquierda política y sindical, que han afirmado una y otra vez, como una letanía cansina, que nada se puede hacer frente al PP pues la sociedad ha girado a la derecha. Desde estas páginas hemos combatido firmemente el argumento sociológico del giro social a la derecha, que no es más que una hoja de parra utilizada por los dirigentes de la izquierda para esconder el fracaso de su política, la ausencia de iniciativas movilizadoras y los acuerdos bajo manga con la derecha.

Como otras veces en la historia de nuestro país estamos asistiendo a un impulso de la movilización que viene desde abajo y que conecta con los auténticos problemas que sienten y padecen millones de trabajadores y jóvenes. Las luchas contra la ley de extranjería que han movilizado a decenas de miles de personas en todo el Estado, las manifestaciones masivas en Andalucía contra el Tireless, contra el Plan Hidrológico Nacional o contra el mal de las vacas locas, son un reflejo del descontento real y creciente de la población contra la derecha. Luchas como la de los trabajadores de Sintel, que llevan más de tres meses acampados en el Paseo de la Castellana de Madrid, o los numerosos conflictos que están surgiendo al calor de la negociación colectiva, son una prueba de que este ambiente de contestación está llegando también a las fábricas. Si se piensa detenidamente, éstas son las auténticas causas del cambio de postura de la dirección de la UGT: la combinación del fracaso de una política que sólo ha dado frutos a la derecha y la patronal y el ambiente creciente de contestación que se vive en sectores muy amplios de la sociedad.

Sería un error, sin embargo, pensar que el PP va a realizar un paréntesis en su política de ataques contra el movimiento obrero. Dentro de pocos días se celebrarán elecciones autonómicas en Euskadi y la campaña de la derecha contra los derechos democráticos del pueblo vasco está en pleno apogeo. Por otro lado el PP ha anunciado nuevas medidas para recortar derechos en la negociación colectiva que los trabajadores han conquistado tras luchas muy duras. Por si fuera poco, la situación recesiva de la economía norteamericana esta afectando al Estado español de plano, tal como ha tenido que reconocer el ministro Rato que ha rebajado la previsión de crecimiento de la economía española al 3,2% para este año. Se acercan pues ataques muy duros contra el conjunto de la clase obrera.

En este contexto no es ninguna casualidad que el gobierno haya anunciado la implantación de una doble selectividad, para transformar radicalmente el sistema universitario español, dar cobertura al recorte de los presupuestos educativos y limitar decisivamente el acceso de los hijos de los trabajadores a la enseñanza superior. Después de las últimas medidas de Pilar del Castillo, nadie puede negar la justa y oportuna convocatoria de la huelga general de estudiantes realizada por el Sindicato de Estudiantes el pasado 29 de marzo, que movilizó a más de dos millones de jóvenes en todo el Estado.

Entramos en una nueva etapa de la lucha de clases y si los dirigentes obreros, tanto de los sindicatos como del PSOE e Izquierda Unida, no aprovechan esta situación, es muy probable que asistamos a una escalada de movilizaciones que desborden ampliamente su falta de oposición al gobierno de la derecha.

Para disgusto de los propagandistas de la burguesía, la idea de que el capitalismo ofrecería solución a nuestros problemas fundamentales está chocando con la cruda realidad y con la experiencia de millones de personas en todo el mundo. La lucha es fundamental si queremos parar estos ataques, pero es necesario ir más allá. Necesitamos levantar una alternativa revolucionaria que unifique las reivindicaciones del conjunto del movimiento obrero y las dote de un contenido socialista. Ésta es la tarea que nos proponemos los trabajadores y jóvenes marxistas agrupados en El Militante.

 

¡Únete a nosotros para construir una fuerza marxista de masas y luchar por la transformación socialista de la sociedad!




 

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