Algo está cambiando en la lucha de
clases en el Estado español. Si hace poco más de un año los
circulos dirigentes del PP rebosaban confianza, después de
haber alcanzado una mayoría absoluta hace pocos años
inimaginable, la situación actual es muy diferente.
En las últimas semanas hemos asistido a un
cambio importante en una situación política que parecía
inalterable. El anuncio de la UGT a favor de una huelga
general para combatir la última contrarreforma laboral
impuesta por el gobierno Aznar y la negativa de este mismo
sindicato a firmar el vergonzante acuerdo de pensiones, marca
una profunda quiebra del modelo de pacto social y
colaboración con el gobierno de la derecha practicado por las
cúpulas sindicales en estos últimos cinco años. En la
práctica, la negativa de UGT a continuar dando cheques en
blanco al PP es el reconocimiento del fracaso de una política
que ha permitido a la patronal y al gobierno de la derecha
acabar con conquistas históricas del movimiento obrero.
La decisión de UGT ha sido duramente
criticada por la dirección oficialista de CCOO. Sin embargo,
se equivoca de cabo a rabo José María Fidalgo cuando afirma,
en toda entrevista que concede, que no existen condiciones
objetivas ni subjetivas para una huelga general. ¿En que
mundo vive el secretario general de CCOO? ¿Acaso no lee los
datos que su propio sindicato publica?
En el año 2000 los beneficios
empresariales crecieron un 30% y en el caso de la banca
llegaron a superar el billón de pesetas. La precariedad en el
empleo sigue anclada en más del 32%, llegando al 85% en los
jóvenes menores de 20 años. La cobertura al desempleo se ha
reducido en los últimos cuatro años un 25%, mientras la
siniestrabilidad laboral es la mayor de Europa: tan sólo en
el año 2000 más de 1.700 trabajadores murieron en accidentes
laborales, lo que ofrece una media superior a los cinco
muertos diarios. Por si esto no bastara, la subida salarial
media no supero el año pasado el 2,6 % cuando la inflación
creció por encima del 4% y la ofensiva contra los servicios
públicos, la privatización encubierta de la sanidad y la
enseñanza no han parado de profundizarse. En este contexto
¿quién puede afirmar en nombre de los trabajadores y sus
familias que no hay motivos para una huelga general?
La izquierda tiene que pasar a la ofensiva
En estos últimos meses han sido numerosas
las voces, desde la izquierda política y sindical, que han
afirmado una y otra vez, como una letanía cansina, que nada
se puede hacer frente al PP pues la sociedad ha girado a la
derecha. Desde estas páginas hemos combatido firmemente el
argumento sociológico del giro social a la derecha,
que no es más que una hoja de parra utilizada por los
dirigentes de la izquierda para esconder el fracaso de su
política, la ausencia de iniciativas movilizadoras y los
acuerdos bajo manga con la derecha.
Como otras veces en la historia de nuestro
país estamos asistiendo a un impulso de la movilización que
viene desde abajo y que conecta con los auténticos problemas
que sienten y padecen millones de trabajadores y jóvenes. Las
luchas contra la ley de extranjería que han movilizado a
decenas de miles de personas en todo el Estado, las
manifestaciones masivas en Andalucía contra el Tireless,
contra el Plan Hidrológico Nacional o contra el mal de las vacas
locas, son un reflejo del descontento real y creciente de
la población contra la derecha. Luchas como la de los
trabajadores de Sintel, que llevan más de tres meses
acampados en el Paseo de la Castellana de Madrid, o los
numerosos conflictos que están surgiendo al calor de la
negociación colectiva, son una prueba de que este ambiente de
contestación está llegando también a las fábricas. Si se
piensa detenidamente, éstas son las auténticas causas del
cambio de postura de la dirección de la UGT: la combinación
del fracaso de una política que sólo ha dado frutos a la
derecha y la patronal y el ambiente creciente de contestación
que se vive en sectores muy amplios de la sociedad.
Sería un error, sin embargo, pensar que el
PP va a realizar un paréntesis en su política de ataques
contra el movimiento obrero. Dentro de pocos días se
celebrarán elecciones autonómicas en Euskadi y la campaña
de la derecha contra los derechos democráticos del pueblo
vasco está en pleno apogeo. Por otro lado el PP ha anunciado
nuevas medidas para recortar derechos en la negociación
colectiva que los trabajadores han conquistado tras luchas muy
duras. Por si fuera poco, la situación recesiva de la
economía norteamericana esta afectando al Estado español de
plano, tal como ha tenido que reconocer el ministro Rato que
ha rebajado la previsión de crecimiento de la economía
española al 3,2% para este año. Se acercan pues ataques muy
duros contra el conjunto de la clase obrera.
En este contexto no es ninguna casualidad
que el gobierno haya anunciado la implantación de una doble
selectividad, para transformar radicalmente el sistema
universitario español, dar cobertura al recorte de los
presupuestos educativos y limitar decisivamente el acceso de
los hijos de los trabajadores a la enseñanza superior.
Después de las últimas medidas de Pilar del Castillo, nadie
puede negar la justa y oportuna convocatoria de la huelga
general de estudiantes realizada por el Sindicato de
Estudiantes el pasado 29 de marzo, que movilizó a más de dos
millones de jóvenes en todo el Estado.
Entramos en una nueva etapa de la lucha de
clases y si los dirigentes obreros, tanto de los sindicatos
como del PSOE e Izquierda Unida, no aprovechan esta
situación, es muy probable que asistamos a una escalada de
movilizaciones que desborden ampliamente su falta de
oposición al gobierno de la derecha.
Para disgusto de los propagandistas de la
burguesía, la idea de que el capitalismo ofrecería solución
a nuestros problemas fundamentales está chocando con la cruda
realidad y con la experiencia de millones de personas en todo
el mundo. La lucha es fundamental si queremos parar estos
ataques, pero es necesario ir más allá. Necesitamos levantar
una alternativa revolucionaria que unifique las
reivindicaciones del conjunto del movimiento obrero y las dote
de un contenido socialista. Ésta es la tarea que nos
proponemos los trabajadores y jóvenes marxistas agrupados en
El Militante.
¡Únete a nosotros para construir una
fuerza marxista de masas y luchar por la transformación
socialista de la sociedad!