. El Militante Nº 134

Internacional .



20  de octubre - 21  de noviembre 2000


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Yugoslavia: Testigo ocular


El día en que el pueblo se hizo cargo de la situación

 

 GM
Belgrado

Los dirigentes de la oposición convocaron a la población frente al Parlamento estatal. No es la primera vez que se producen protestas de masas en las calles de Belgrado, pero el autor de estas líneas nunca había presenciado una multitud tan grande y heterogénea. Estudiantes, profesores, diferentes sindicatos, todos marcharon por separado a la ciudad, y al final se juntaron en el parlamento.

En cada esquina había gente y se podían ver camiones, autobuses e incluso motos aparcadas que formaban barricadas perfectas. "Ahora o nunca" era la frase más repetida entre las masas.

Nadie se atrevía a realizar un cálculo oficial del número de gente reunida en la calle, pero sí había más de medio millón de personas. Sin embargo, no puedo relatar esta epopeya sin contar la ocurrida el día anterior. Sería un error, porque la primera barrera no se rompió en Belgrado, sino a unos cuantos kilómetros de distancia, en el complejo minero de Kolubara.

Las protestas estallaron en todo el país y en Belgrado una semana antes, nada más comenzar las sospechas de fraude electoral.

Como en 1996 (cuando el establishment tuvo que admitir la victoria de la oposición en las elecciones municipales), la gente salió a las plazas de las principales ciudades de todo el país exigiendo justicia, y comenzó una campaña de desobediencia civil. Sin embargo, esta llamada se limitó a determinadas capas sociales: los profesionales de clase media y el movimiento estudiantil, que tradicionalmente formaban el centro de estos movimientos. Las pequeñas empresas, cines, teatros, escuelas y universidades respondieron a las llamadas de la oposición y fueron a la huelga inmediatamente, pero los obreros industriales, en general, en estos movimientos permanece impasible. En parte debido a la política elitista y antiobrera de los dirigentes de la oposición, y principalmente debido a la manipulación de los sindicatos controlados por el Partido Socialista de Milosevic a través la burocracia sindical, no se han producido grandes oleadas huelguísticas en los últimos diez años.

Participación de la clase obrera

Esta vez las cosas fueron más lejos. El punto de inflexión se alcanzó hace unos meses, mucho antes de las elecciones, en el lugar donde la lucha de clases había alcanzado su nivel más alto durante años, en Kosovo. Con la débil excusa de que destruía el medio ambiente, 900 soldados de la "fuerza de pacificación" de la KFOR, con la ayuda de tanques y helicópteros, tomaron una fundición en el sur de Kosovo. Los trabajadores se negaron a regresar al trabajo y decidieron formar un piquete. Este acontecimiento fue utilizado por el establishment serbio, aparecieron noticias e imágenes de la huelga en la televisión nacional en los horarios de máxima audiencia, y el régimen dando su apoyo a los trabajadores (sólo en palabras, por supuesto).

Así que, después de la publicación de los resultados electorales, la oleada de huelgas fue más profunda de lo que nadie podía imaginar. A mediados de semana, menos de cien fábricas estaban en funcionamiento en todo el país. La huelga empezó por el transporte público y la recogida de basuras y culminó en las minas de carbón más importantes del país, en Kolubara. Esta última huelga amenazaba con dejar a la mitad del país sin electricidad. La policía rodeó la planta e inmediatamente se desató una campaña de propaganda contra los mineros, comenzando las amenazas de despidos. A pesar de todas las presiones, los trabajadores resistieron, se negaron a negociar y exigieron que los dirigentes de la oposición fueran allí en persona. El miércoles por la tarde llegó un autobús con un portavoz de la oposición, atravesó las barricadas policiales y entró en la planta, y el jueves por la mañana los mineros estaban en Belgrado para poner el último clavo al ataúd de Milosevic. Los mineros de Kolubara son sólo el ejemplo más destacado, los trabajadores de todo el Estado hicieron lo mismo. Como dije al principio, Belgrado estaba llena de maquinaria pesada y gente animada y decidida a continuar pasara lo que pasara.

La iniciativa, del pueblo

Para un observador casual, sería difícil explicar todo lo que ocurrió en esa tarde caótica. Para un observador casual podría parecer que la gente había enloquecido, y muchos dirían que presenciaron la anarquía, pero precisamente gracias a esta mayoría enloquecida la historia puede seguir adelante. Gracias a este medio millón de lunáticos nos deshicimos de la burocracia parasitaria. De cualquier forma intentaré describir lo que vi.

A las dos de la tarde, cientos de miles de personas se habían reunido alrededor del Parlamento. Los dirigentes de la oposición pronunciaban discursos y decidieron dar a Milosevic un ultimátum de sesenta minutos para que presentara su dimisión. Sería un error pensar que los organizadores tenían alguna influencia, poder o control sobre la multitud. Todo lo que ocurrió surgió directamente de la atmósfera general, y la iniciativa llegó del pueblo. A los dirigentes de la oposición les cogió desprevenidos, y al principio estaban dubitativos.

9 de octubre de 2000




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