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En
estas últimas semanas el Gobierno se ha visto obligado a
mostrar más claramente los dientes. A pesar de que las
direcciones sindicales y políticas mayoritarias de los
trabajadores siguen con su política de respeto a la "paz
social", pescadores, agricultores, transportistas y
taxistas se están movilizando. Represión salvaje y negativas
rotundas han sido la respuesta inicial del Gobierno, sólo
variada por la fuerza impuesta a través de la movilización
en alguno de estos sectores. Trabajadores asalariados,
trabajadores autónomos y parados hemos tenido que escuchar al
ministro Rodrigo Rato exigiéndonos moderación salarial a
pesar de la subida de la inflación, capacidad de sacrificio y
abstinencia en lo que al consumo de gasolina se refiere, así
como resignación ante la subida de los tipos de interés. El
argumento central es que si queremos una economía saneada,
que siga creciendo, combinada con un presupuesto con déficit
cero, es necesario un sacrificio colectivo.
Pero el discurso del ahorro y el sacrificio
sólo se aplica a la clase obrera. Muy diferente es el
tratamiento para los capitalistas, que revientan de beneficios
y como siempre quieren más. ¿Cuántos millones de pesetas ha
habido para la empresa Boliden, que explota las minas de
Aznalcóllar, mientras a los pescadores sólo se les ha
ofrecido 7.000, después de importantes movilizaciones? A esta
empresa se le concedió en 1995 una subvención de 6.277
millones, de los cuales ya ha cobrado 5.827. Sin embargo,
cuando sus vertidos provocaron una catástrofe ecológica en
Doñana, en 1998, y hubo que gastar más de 30.000 millones de
pesetas en su limpieza y restauración, los gastos corrieron,
al igual que las subvenciones, a cargo de la Administración.
A pesar de que las subvenciones fueron concedidas para
explotar las minas hasta el 2010, ahora la empresa exige
nuevas ayudas públicas para evitar el despido de 104
trabajadores. Estos señores, que han estafado al
Estado, que han contaminado y que incumplen sus compromisos,
¿serán recibidos en un lujoso despacho de algún alto
funcionario abierto a la negociación, o tratados a porrazos
como los pequeños agricultores, que sólo piden precios
razonables para continuar un trabajo enormemente duro?
Nosotros no pedimos dinero al Estado
burgués, pedimos apoyo de todo tipo (también económico) a
los trabajadores, a nuestra clase, porque es la única que
puede cambiar las cosas, transformar la sociedad, y mantener
los medios y los órganos de expresión necesarios para ello.
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