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Presupuestos del
Estado para 2001
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Más
dinero para los ricos,
migajas para los trabajadores
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El Gobierno del PP ha presentado a bombo y platillo los
Presupuestos Generales del Estado para 2001 con el principal
objetivo de conseguir un déficit en las cuentas del Estado
del 0%. Es decir, que espera ingresar y gastar lo mismo. En
realidad, en su proyecto, los gastos exceden en 300.000
millones de pesetas a los ingresos, pero, como la Seguridad
Social va a tener superávit este año, se utilizarán
300.000 millones del mismo para equilibrar el presupuesto.
Dinero que sería necesario para aumentar las pensiones,
para hospitales y centros de salud, se utiliza para
maquillar las cuentas públicas sin ningún provecho para
las familias trabajadoras.
La inexistencia de déficit público no va
a suponer más prestaciones sociales (mejor sanidad y
educación, viviendas baratas, pensiones dignas, etc.), porque
sólo se puede conseguir recortando, congelando o aumentando
mezquinamente dichos gastos sociales, como ahora demostraremos
con las cifras facilitadas por el propio Gobierno.
Objetivos en entredicho
Aznar afirma que, como van a aumentar los
ingresos del Estado, los gastos sociales no van a sufrir
ninguna merma. Para conseguir esta maravilla el Gobierno
contempla un crecimiento del 3,6% del PIB para el año 2001
(de esta manera el valor de la producción generada en el
Estado español superaría por primera vez los 100 billones de
pesetas el próximo año) y un aumento de los precios de sólo
el 2%.
No hace falta ser un gran economista para
darse cuenta de que estos objetivos del Gobierno Aznar entran
en contradicción con la realidad. Unos presupuestos estatales
no pueden diseñarse al margen de la realidad económica,
particularmente del crecimiento económico y de la inflación,
pues ambos factores determinan toda la política de gastos e
ingresos del Estado.
Y la realidad nos dice que las perspectivas
para la economía española y europea no son tan halagüeñas
como nos las pintan Aznar y sus ministros. La subida del
precio de los combustibles y de los tipos de interés van a
tener una incidencia directa en el consumo de las familias
trabajadoras y en la cuenta de resultados de muchas empresas.
Fiar parte del crecimiento económico al aumento de las
exportaciones hacia el mercado estadounidense, aprovechando la
debilidad del euro, no va a durar siempre, particularmente si
la economía USA entra en una senda descendente (lo que es
más que probable en el próximo año) fruto de un
"aterrizaje suave" o "brusco", en el caso
de que se dé un descalabro en la Bolsa, tal y como avisan
incluso los economistas burgueses más serios.
Por otro lado, suena a broma fijar el
objetivo de inflación para el próximo año en el 2%, cuando
la inflación interanual está en el 3,7. Como afirman los
sindicatos este objetivo del 2% se ha fijado arbitrariamente
para que sirva de referencia a los empresarios para las
subidas salariales en la próxima negociación colectiva, y
para justificar la congelación salarial de los funcionarios.
Nuevas rebajas de impuestos para los ricos
A pesar de toda la propaganda, el gasto
público para el próximo año (34,7 billones de pesetas) va a
perder terreno en relación a la riqueza creada. Si este año
suponía el 33% del PIB, el próximo año supondrá el 32,5.
En el capítulo de ingresos llama la
atención que por tercer año consecutivo el Estado saque más
por los impuestos indirectos (los más injustos, porque pagan
lo mismo un banquero que un parado por cualquier objeto de
consumo) que por los directos (IRPF, impuesto de sociedades,
etc.), en donde deberían pagar más los que más tienen. En
particular esperan ingresar 1,55 billones de pesetas (un 3,1%
más que en 2000) por el impuesto a los carburantes, a pesar
del anuncio de su congelación, y, una vez más, a costa de
millones de trabajadores que utilizan el coche como
herramienta de trabajo para sus desplazamientos.
Para el próximo año, nuevamente, el
Gobierno de la derecha ha aprobado rebajas de impuestos
(exenciones fiscales), por valor de 6,1 billones de pesetas:
2,3 billones correspondientes al IRPF y el resto (cerca de 4
billones) rebajado directamente a los empresarios (impuesto de
sociedades, de transmisiones y del patrimonio, ayudas a las
inversiones, etc). Aquí se ve una vez más para quién
gobierna el PP: para los más ricos y privilegiados. Estas
rebajas de impuestos espera el Gobierno recuperarlas con la
"buena" marcha de la economía. "Si hay más
beneficios, si hay más consumo, se recaudará más".
Esos regalos del Gobierno PP a los empresarios no necesariamente
redundarán en la creación de empleo, que viene determinada,
desde el punto de vista del empresario, por las necesidades de
producción y las expectativas de venta. En vez de la
secuencia beneficios-consumo-empleo, podemos asistir a la de
beneficios-beneficios-más beneficios, y cuando lleguen las vacas
flacas quien pague el pato seremos los trabajadores, y los
empresarios podrán decir aquel refrán de "que nos
quiten lo bailao".
Los gastos sociales
El Gobierno Aznar se ufana de que el
capítulo de inversiones en infraestructuras va a crecer un
9,1% (en total 1,3 billones), si bien está muy desigualmente
repartido, porque la parte del león se la llevará el tren de
alta velocidad, mientras que la financiación de otras
infraestructuras básicas se dejará para mejor ocasión.
Los gastos sociales van a permanecer
congelados y, en el mejor de los casos, van a crecer de una
manera mezquina. Pues ¿no dicen que la economía va bien?
Entonces ¿no es hora ya de que nuestras pensiones, la
cobertura del subsidio de desempleo, la sanidad, la
educación, las posibilidades de acceso a una vivienda digna
crezcan de manera proporcional a los beneficios de los
empresarios? Nada de esto le importa a los capitalistas y a su
Gobierno.
Para que los gastos sociales se mantuvieran
al mismo nivel del pasado año deberían crecer como mínimo
lo que crece la economía (el PIB) más la inflación real
(que estará como mínimo en torno al 3,5%). Así pues
deberían crecer al menos entre el 6,5% y el 7% para que no
perdieran terreno en relación a la riqueza creada.
Sin embargo, los gastos de sanidad van a
crecer sólo un 5,8% (en total 4,7 billones); las pensiones un
5,5% (9,81 billones), y hay que tener en cuenta que incluye el
dinero destinado a mantener el poder adquisitivo de las
pensiones por la desviación de la inflación por encima de la
prevista este año, y que se prevé la incorporación de más
beneficiarios; el dinero del Inem destinado al subsidio de
desempleo un escaso 2,6%; las ayudas para el acceso a la
vivienda un miserable 0,5% (110.000 millones de pesetas).
Resulta escandaloso que del presupuesto del
Inem (2,2 billones de pesetas), pagado exclusivamente por los
trabajadores, se destine al subsidio de desempleo sólo 1,37
billones de pesetas, con el objetivo de ampliar la cobertura
por desempleo a la indignante cifra de ¡32.000 parados más!,
y que el resto vaya, sobre todo, al bolsillo de los
capitalistas: 300.000 millones como bonificaciones
empresariales y los otros 500.000 millones a las llamadas
políticas activas de empleo (que se llevan un total de
826.000 millones), que van también mayoritariamente a los
empresarios.
No obstante, por primera vez en dos años
va a crecer el dinero dedicado a pagar los intereses de la
deuda pública, 2,83 billones de pesetas (1,1 billones más
que el pasado año), como consecuencia del aumento de los
tipos de interés. Y este dinero irá directamente a los
grandes prestamistas del Estado: la gran banca y los
especuladores bursátiles.
No por casualidad, dentro del apartado de
gastos de estos presupuestos, hay una serie de partidas que
llaman la atención por su gran crecimiento. Los fondos
reservados destinados al Cesid, los servicios secretos,
aumentan un ¡33%!, hasta los 1.400 millones de pesetas. El
presupuesto del Ministerio de Defensa va a superar por vez
primera el billón de pesetas. Y los fondos destinados a la
"seguridad ciudadana e instituciones penitenciarias"
crecen un 8,4% (más de 800.000 millones de pesetas),
"como exponente de su carácter prioritario en el marco
sociopolítico actual", según se señala en la
documentación oficial. Es decir, que con la excusa del
"terrorismo" aumentarán los gastos de los cuerpos
represivos del Estado, que también serán utilizados contra
las luchas de los trabajadores y la juventud, como hemos
podido comprobar en los últimos meses.
En definitiva, ¿no decía ya Marx que cualquier Gobierno
de un país capitalista moderno actúa como el consejo de
administración de los intereses de la burguesía de ese
país? Los Presupuestos del Estado reflejan fielmente esta
realidad.
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