. El Militante Nº 133

Editorial .



15 de septiembre - 16 de octubre 2000


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¿Hay solución al llamado problema vasco?

 

Desde que ETA declaró rota la tregua el pasado 21 de enero, una oleada de atentados, particularmente en los meses de verano, ha sacudido hasta los cimientos la conciencia de la clase trabajadora y la juventud.

Las ilusiones por la declaración de tregua indefinida (particularmente en Euskadi) han quedado barridas por el curso de los acontecimientos. El acuerdo de Lizarra está hecho pedazos. El Gobierno de PNV y EA intenta mantenerse en minoría tras el abandono de EH del Parlamento vasco, y el Partido Popular, incapaz de ofrecer ninguna solución, presenta una nueva batería de medidas represivas.

 

 Las movilizaciones contra dichos atentados, si bien reflejan la misma repulsa de las masas a los métodos del terrorismo individual, no son del mismo nivel que las que precedieron a la tregua, en las que cerca de seis millones de personas llegaron a movilizarse en todo el Estado en respuesta al asesinato del concejal del Partido Popular Miguel Ángel Blanco.

Poco a poco un ambiente de reflexión y una cierta impotencia y cansancio está calando en lo más profundo de las masas en el Estado español, y de eso se aprovecha el PP.

¿A quién benefician los métodos del terrorismo individual?

El Partido Popular donde más incrementó sus votos en las últimas elecciones fue en Euskadi, debido principalmente al terrorismo individual. De hecho el Partido Popular hoy aspira a lograr una mayoría en las próximas elecciones autonómicas en Euskadi y por ello reclama un adelanto electoral, aunque no es probable que consigan un lehendakari del PP si no es con el apoyo del PSE-PSOE.

Otro efecto del terrorismo individual es fortalecer el aparato del Estado (todo lo contrario de lo que dice pretender ETA con sus métodos) como demuestra que la tasa de agentes por habitante en la Comunidad Autónoma Vasca es un 30% superior a la media del Estado y un 40% superior a la de la Unión Europea.

Pero lo más importante es que estos métodos, lejos de servir para fortalecer el nivel de organización, de unidad y de conciencia de la clase trabajadora tienen el efecto totalmente contrario. Divide y fragmenta a la clase trabajadora. El asesinato de dirigentes socialistas como Fernando Buesa y los atentados contra sedes del PSOE y de la UGT sólo sirven para echar a miles de trabajadores en brazos de la reacción y de aquellos dirigentes obreros más dispuestos a apoyar la política represiva del Estado burgués. Las últimas declaraciones de Nicolas Redondo Terreros, secretario general del PSE, llamando a abrir las filas del Partido a los liberales y a apoyar a los empresarios que "crean riqueza y empleo", y profundizando el acercamiento al PP en lugar de defender una alternativa auténticamente socialista y de clase, es una buena muestra de ello.

Para los marxistas los métodos del terrorismo individual son totalmente ajenos a la clase trabajadora y no tienen nada que ver con la lucha por la transformación socialista de la sociedad. Al mismo tiempo reflejan el callejón sin salida del capitalismo por un lado y la ausencia de una alternativa revolucionaria por parte de las direcciones tradicionales de la clase trabajadora, el PSOE e IU, por otro.

¿Por qué un sector de la población vasca apoya el terrorismo individual?

Ni la política represiva del PP, que cuenta con el apoyo de la dirección del PSOE, ni la llamada construcción nacional, de la mano de PNV, EA e IU, han aportado solución a ninguno de los problemas pendientes, y es por esa razón por lo que el sector más duro de ETA, apoyándose en un sector de la juventud abertzale, ha encontrado los apoyos suficientes para llevar a cabo esta espiral de atentados. Cree que de ahí vendrá la solución a los problemas y que lograrán convencer a PNV y EA de la necesidad de apoyar sus demandas. En los ocho meses del año en curso se han llevado a cabo más actos de kale borroka (400), que en todo el año pasado (399).

La Universidad de Deusto hizo hace cuatro años una investigación sacando a relucir que un 30% de los jóvenes vascos justificaba tanto la llamada kale borroka como el terrorismo individual, y de ellos un 9% se declaraba dispuesto a empuñar las armas en cuanto se lo pidieran. El autor del estudio, el catedrático de Sociología Javier Elzo, afirma que este verano caliente confirma sus peores previsiones. "Le han echado un pulso al sistema y alardean del desafío (...), cualquier sacrificio es pequeño si se trata de liberar a la patria vasca del capitalismo español y francés e instaurar en su lugar el socialismo más ortodoxo (...), parecen bravos y están seriamente enfadados con el mundo en general y con la democracia española en particular (...). Pretenden cambiar la sociedad mediante una revolución y creen que la violencia de ETA no es tal, sino una respuesta a la auténtica violencia, la represión ejercida por el Estado invasor. Su objetivo es la ruptura frontal con las instituciones" (El País, 27/8/2000).

No es comprensible pues la persistencia de este problema y más en esta época de auge económico sin entender claramente el carácter de la época, una época de crisis orgánica del sistema capitalista, de declive, de decadencia a todos los niveles de la sociedad, y donde las ideas burguesas dominantes (el liberalismo, el pensamiento único), la sobreexplotación y la expoliación de las masas más pobres del planeta están creando en un país tras otro un sentimiento de rabia e indignación. Se ve en las manifestaciones contra el FMI y el Banco Mundial, en los movimientos revolucionarios de América Latina e Indonesia y en los movimientos anticapitalistas que surgen, con ideas confusas, en muchos países avanzados.

Euskal Herria, lejos de ser una excepción vive estos problemas agravados por la opresión nacional, pero el terrorismo individual es un callejón sin salida. En las propias filas del movimiento abertzale hay un sector crítico con estos métodos que declaró en su propia prensa: "Una victoria militar de ETA no es hoy posible ni deseable y, aunque fuese posible en un futuro, después de los catastróficos costos económicos, humanos, sociales y morales que supondría, como toda guerra, al final, ¿qué podría llevar a efecto ETA en caso de una victoria salvo lo que el pueblo le autorizase?".

La represión no es ninguna solución

Los marxistas no compartimos en absoluto los métodos del terrorismo individual, que consideramos totalmente contraproducentes para la lucha de la clase trabajadora y la juventud por su emancipación social y la consecución de los derechos democráticos de las nacionalidades oprimidas. Sin embargo, el paquete de medidas legislativas propuesto por el PP representa una demostración fehaciente de su propia impotencia para solucionar la cuestión nacional. Exactamente igual que las medidas de represión policial y judicial, como la reciente detención de veinte dirigentes de EH y asalto de sus locales.

La dictadura, con todo su potencial represivo, no logró debilitar siquiera a ETA; por el contrario, la represión alentó a nuevas capas a comprometerse más directamente en la lucha contra el Estado burgués, que asesinaba y torturaba impunemente, y contra las bandas fascistas. La UCD, que utilizó los mismos métodos, y los Gobiernos de Felipe González, que se negaron a depurar un aparato estatal heredado del franquismo, se implicaron directamente en la guerra sucia a través de los GAL y aprobaron medidas reaccionarias como la ley Corcuera, consiguieron un sonoro y rotundo fracaso. ¿Qué hay de nuevo en las medidas que pretende Aznar? Nada nuevo, un endurecimiento de la legislación penal que con la excusa de combatir el terrorismo podrá ser aplicado a la clase trabajadora y a la juventud que lucha contra el sistema.

Las propuestas del Gobierno del PP implica considerar como actos de terrorismo las amenazas "cuando su fin sea atemorizar a los integrantes de una población o un colectivo social, político o profesional". Igualmente se considerará terrorismo "todos los actos de violencia callejera aunque no causen daños a la integridad de las personas". Los menores entre 14 y 18 años "serán juzgados en la Audiencia Nacional" y "podrán ser condenados a penas mayores de las que prevé la Ley del Menor". Igualmente la exaltación y justificación del terrorismo, los actos considerados de desprecio o humillación de las víctimas serán condenados...

Con estas medidas el Gobierno lo único que conseguirá será empujar a un sector de jóvenes implicados en la kale borroka a integrarse en ETA. Al fin y al cabo, pensarán, si las penas son similares ¿para qué andar con cócteles molotov, para qué limitarse a hacer pintadas o quemar autobuses o cajeros automáticos pudiendo usar bombas y pistolas? El Gobierno del PP no puede ignorar esto, de la misma manera que no ignora que el incremento de la inflación, la subida de los precios de la gasolina, la pérdida progresiva de poder adquisitivo de la clase trabajadora, anuncian un año de luchas donde la juventud explotada por las ETTs y el empleo precario jugará un importante papel. ¿Acaso no cabe preguntarse si con la excusa del terrorismo el PP no está endureciendo el Código Penal para aplicarlo a la clase trabajadora y la juventud, como ocurrió en el pasado con la ley Corcuera?

En última instancia, como afirmaba Lenin, la cuestión nacional es una cuestión de pan. El terrorismo individual es un callejón sin salida, al igual que lo son las ideas del reformismo. La solución pasa por el fortalecimiento de las ideas del marxismo revolucionario. La lucha por los derechos democráticos de las nacionalidades oprimidas y la lucha por la transformación socialista de la sociedad son la misma lucha.




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