Corriente Marxista Internacional

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Mirando las cosas con cierta objetividad bastaría con que de dedicara un 10% de los recursos destinados al capital especulativo para que el mundo potencialmente duplicar su producción mundial, no habría motivo para pobreza ni hambre, enfermedades o violencia, es decir para el horror sin fin del capitalismo. El problema es que para el capital  el crédito y la especulación son como una droga de la que dependen y necesitan dosis cada día más fuertes.

La crisis del sistema capitalista se traduce en inestabilidad general y en una profunda crisis en todos los niveles de la sociedad. La contradicción entre el libre desarrollo de las fuerzas productivas y la camisa de fuerza que supone la propiedad privada de los medios de producción (el monopolio de las grandes multinacionales y el dominio del capital financiero) así cómo del estado nacional conduce a la humanidad a una crisis cada vez más profunda.

Mientras que hace unos meses parecía no tener fin el movimiento ascendente de los precios bursátiles y disponibilidad de los préstamos para comprar empresas, construir rascacielos o invertir en interminables bloques de pisos desde San Diego a Shoreditch y Shanghái, ahora todo ha cambiado. Se ha abierto un abismo ante el sector financiero del capitalismo.

Hace un par de semanas, los cobradores de impuestos del gobierno estadounidense, el Internal Revenue Service (IRS), publicaron un nuevo informe. Según el IRS el 1 por ciento más rico en EEUU acaparó en 2005 el 21,2 por ciento de todos los ingresos, superior al 19 por ciento que consiguieron el año anterior. Al mismo tiempo, en 2005, el 50 por ciento que menos gana sólo acaparó el 12,8 por ciento de todos los ingresos, inferior al 13,4 por ciento conseguido el año anterior. Estos datos son una cifra récord y para obtener unos resultados similares tendríamos que remontarnos a 1986, aunque otros sugieren que la última vez que los norteamericanos más ricos consiguieron este porcentaje tan elevado del ingreso nacional fue en los años veinte.

El reciente caos de los mercados bursátiles mundiales es una manifestación de la turbulencia general que es la característica más destacada de la época actual. En la última semana, hemos presenciado casi el colapso de Northern Rock, el quinto banco más grande de Gran Bretaña. Cuando se supo que el banco había tenido que recurrir a un préstamo de emergencia del Banco de Inglaterra para evitar su colapso, miles de personas furiosas hicieron cola durante todo el día para retirar su dinero del banco.

Nunca el capitalismo ha dependido tanto del sector financiero. Nunca el sector financiero ha contribuido tanto al beneficio. Marx lo denominó "capital ficticio". El boom de los años noventa y de los últimos cuatro años no se ha basado principalmente en la expansión de la producción real (al menos no en los países capitalistas desarrollados de la OCDE).

La economía mundial está recorrida por un escalofrío helado. Lo que muchos temían, otros venían advirtiendo y otros más numerosos aún no querían reconocer, finalmente se ha producido: la burbuja inmobiliaria estadounidense ha estallado arrastrando a la bancarrota a decenas de entidades crediticias norteamericanas, y obligando a los Bancos Centrales de las potencias más importantes del planeta a proceder a una inyección de liquidez, cercana al medio billón de dólares, para evitar un estrangulamiento del crédito y el derrumbe del sistema financiero.

¿excepción a la regla o engranaje fundamental del sistema financiero?
A continuación volvemos a publicar este artículo escrito el pasado mes de mayo por su interés de cara a entender la actual crisis de los mercados financieros y sus efectos en la economía mundial.

Es verdad que durante los últimos veinte años no se ha producido una recesión severa, excepto sólo dos relativamente suaves. Esta es una de las partes del problema que tiene la burguesía. El error de los economistas burgueses es que asumen que las tendencias observadas en el período pasado se pueden proyectar en el futuro. No han aprendido nada de la verdad elemental: que la economía del pasado no es una guía del futuro. Se han tranquilizado con un falso sentido de seguridad, imaginan que una recesión mundial está fuera de cuestión, pero esa idea está totalmente equivocada.

Siempre sucede lo mismo, cunde el pánico y las ratas se apresuran a abandonar el barco de los beneficios. Se olvidan que es el capitalismo y que dicho sistema se mueve en  "ciclo interminable de auges y recesiones". Y si encima dicha crisis se mueve en el terreno de lo especulativo donde el  "dinero sucio" es el que predomina en su largo camino de blanqueo todavía la situación puede ser peor, ya que nos encontramos con una cierta esquizofrenia en los mercados. Esto es lo que ha ocurrido  en las dos últimas crisis.
Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal estadounidense, encabeza el banco central más importante del mundo. Su trabajo es revisar continuamente la situación del capitalismo norteamericano y decide que acción emprender. Hace unos meses, el bueno de Ben decidió pontificar sobre la cuestión de la desigualdad de la riqueza y los ingresos en la sociedad capitalista.
Los tambores de crisis redoblan
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