Una aportación al debate sobre la “horizontalidad”, la “territorialidad” y la “autonomía” en la revolución argentina
Una de las particularidades más interesantes y
extraordinarias del proceso revolucionario argentino es la aparición y el
desarrollo, en medio de innumerables dificultades, de los movimientos de
trabajadores desocupados, los piqueteros, y su papel preponderante en todas las
luchas que tienen lugar a lo largo y a lo ancho del país, mostrándose siempre a
la vanguardia de cada movilización y expresando fehacientemente los
sentimientos mayoritarios de la población.
Los piqueteros surgen al calor de las luchas que nacen
en la raíz de la decadencia del capitalismo argentino y de la incapacidad del
capitalismo mundial para dar una respuesta a los problemas más acuciantes como
la miseria, la desocupación y el hambre que azotan a millones de seres humanos.
Por eso, su esfuerzo y lucha en el día a día, su experiencia en cada corte de
ruta, sus triunfos y movilizaciones no sólo son una fuente de inspiración y
valor para todos los militantes y trabajadores argentinos, sino que su ejemplo
es de vital importancia para todos los activistas del planeta que luchan por la
transformación de la sociedad.
Obviamente, aquél que intente dejar
de lado al movimiento de trabajadores desocupados en su análisis de la
situación social y política del país, meramente tendrá una versión parcial y
deformada de la realidad argentina. También, la existencia y lucha de los
piqueteros es la confirmación de aquella frase del viejo Marx: “el ser social
determina la conciencia”, y esto de dos formas: son una muestra para aquellos
que piensan formalmente que la conciencia revolucionaria de los trabajadores
surge automáticamente de la estricta relación con los medios de
producción, y dado que son desocupados
y no están dentro de la producción, no pueden desarrollar una conciencia
colectiva que los empuje a luchar como el resto de los trabajadores, y también
para aquellos que piensan que la desocupación, la exclusión masiva, que condena
a millones de argentinos a las miserias y de donde surgen prácticas como el
“clientelismo” que tiene su base en la necesidad, son un grillete que impide la transformación de la sociedad.
No cabe ninguna duda, de que uno de
los grupos piqueteros más significativos y combativos es la Coordinadora de
Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. Dentro de sus métodos organización interna,
la CTD Aníbal Verón, ha hecho suyos algunos métodos de organización de base y
proletarios, como son que las finanzas estén bajo el control de la base, al
igual que la plena participación de todos sus miembros en los debates y en la
toma de decisiones, transformando míseros planes de empleo del Estado en una
herramienta de lucha y organización. De esta manera recuperan lo mejor de las
tradiciones de la clase obrera
argentina, dando por tierra con esos “argumentos” propios de quien ve todo
blanco o negro, incapaz de ver los procesos en sus propias contradicciones y
desarrollos. En la cruda lucha por la supervivencia que se da bajo el capitalismo, han conseguido organizarse y
prestar una ayuda invalorable en las zonas que actúan.
Cada triunfo obtenido en la lucha por
los trabajadores desocupados y la CTD, nosotros los celebramos entusiastamente
como nuestro, así como también todos expresamos una inquebrantable solidaridad
por los compañeros asesinados por las balas de la policía, una policía que
representa los intereses de los capitalistas y que intenta contener la protesta
social que el mismo sistema capitalista profundiza constantemente. De esto se
desprende que el cambio social que es estandarte de los MTD y CTD, simplemente
no es que sea posible o una idea justa, sino que es tremendamente necesario
para terminar con la barbarie y miseria que la minoría privilegiada y
parasitaria impone a la inmensa mayoría de trabajadores, desocupados y jóvenes
argentinos.
Hace pocas semanas se editó un cuadernillo muy interesante y completo elaborado
por un colectivo de trabajo integrado por AULE , GALPÓN SUR y LA GRIETA,
integrantes de la COORDINADORA DE ORGANIZACIONES POPULARES AUTÓNOMAS
-COPA- Reg. La Plata), donde a través de entrevistas con miembros de la
CTD Aníbal Verón se daba cuenta de la historia, la organización, los objetivos
y la actividad de dicha organización piquetera.
Todo militante revolucionario sigue
atentamente los movimientos y las luchas del conjunto de los piqueteros, y con
particular interés las tareas de los MTD. Nosotros, como socialistas
revolucionarios y militantes del proceso revolucionario argentino, sentimos el
deber de analizar algunas cuestiones que se plantean a la luz de la lectura y
la experiencia reflejada en el trabajo citado antes y que nos acercan los
compañeros de los diferentes MTD: como el trabajo territorial, la autonomía y
la horizontalidad, así también como la cuestión de la economía solidaria.
Asimismo, creemos que estas cuestiones van directo al problema de las luchas argentinas:
la necesidad o no de una organización revolucionaria, con fuerte influencia
entre las masas y con cuadros experimentados.
Como sabemos, la historia de la sociedad capitalista descansa
en la existencia de dos clases sociales antagónicas: la clase capitalista dueña
de los medios de producción y de las mercancías producidas por el trabajo
social, y la clase obrera o trabajadora, producto genuino del sistema económico
capitalista, que a falta de medios de producción esta condenada a vender su
fuerza de trabajo a fin de obtener un salario para poder conseguir los medios
de subsistencia necesarios para vivir; o sea que la clase obrera es la clase
que trabaja, más allá de la bifurcación de oficios y ocupaciones en que se
divide el trabajo asalariado. El capitalismo sólo existe a condición de
revolucionar incesantemente los medios de producción, aumentando sus
contradicciones internas que son insuperables bajo este sistema, “superando”
las crisis a consecuencias de preparar otras más feroces: reduciendo costos,
cerrando fábricas, destruyendo fuerzas productivas y expulsando trabajadores
llevando a la miseria a sus familias.
En la Argentina el proyecto
neoliberal instalado en 1976 por la
sangrienta dictadura militar y continuado obedientemente por los sucesivos
gobiernos “democráticos”, produjo una desindustrialización increíble acompañada
por un desorbitante endeudamiento externo y un proceso de privatizaciones, que
mientras benefició a los sectores más concentrados de la burguesía nacional y
extranjera, condenó a la pobreza, desocupación y marginación de miles de
familias trabajadoras. El sistema capitalista descarga sobre las espaldas de
los trabajadores sus crisis inherentes, a la vez que demuestra toda su
decadencia y ruina al no poder asegurar siquiera el empleo de los trabajadores
del cuál ellos obtienen un jugoso beneficio. Esto demuestra la necesidad de
terminar con el capitalismo, ya que de seguir, profundizaría aun más la miseria
y el hambre de los trabajadores y desocupados.
Como bien indica el cuadernillo de
los compañeros del MTD, entre 1996/7, en aquellas zonas donde la mayoría de los
pobladores dependían de las empresas estatales como YPF, ante las
privatizaciones y la consecuente desocupación, se produjeron los primeros
cortes de rutas y puebladas que son el emblema del movimiento piquetero. Desde
aquellos años, emergió y se consolidó el movimiento piquetero y se mantiene
vigorosamente hasta nuestros días.
Por otro lado, los compañeros del MTD
nos están señalando que a pesar de que los piqueteros son relativamente un
“nuevo sujeto social” de la Argentina, tienen un fuerte lazo con la clase
obrera, son parte del “ejército de reserva” que se encuentra desempleado en la
crisis de la economía capitalista, aunque en una proporción desmesurada y nunca
antes vista en nuestra historia. Es decir, que a pesar de encontrarse
desocupados, son parte del conjunto de la clase obrera y como tal se denominan
“trabajadores desocupados”. El hecho increíblemente extraordinario es que han
conseguido organizarse en medio de innumerables dificultades, trocando la
función disciplinadora de los “planes trabajar” del gobierno en una herramienta
de lucha y organización en beneficio del conjunto del movimiento y de los
habitantes del barrio, organizándose en asambleas para efectuar un corte de
ruta.
Es un enorme paso adelante en el
desarrollo de la situación argentina, demuestra cómo la clase obrera aun
desocupada y antes de caer en una extrema marginación, conserva las tradiciones
de lucha y consigue mantenerse a flote dándose una organización propia,
logrando emprendimientos productivos y diferentes iniciativas para satisfacer
las necesidades más urgentes que los agobian. Por eso, como señalan los
compañeros del MTD, el corte de ruta no es sólo una herramienta de lucha que
necesita de una organización previa, sino un
esfuerzo por recuperar la identidad propia, una identidad colectiva
contra las ilusiones de lucro y salvación individual.
Esa identidad de intereses que
muestran los compañeros del MTD son los mismos que los de la clase obrera. Esto
es innegable, y pasan a formar parte de los “sepultureros” que la propia
burguesía ha creado. Por eso llama la
atención cuando nombran la “autonomía” con respecto a partidos y sindicatos. La
clase obrera crea en el seno de la sociedad capitalista sus propias
organizaciones para defender sus intereses, como los sindicatos y los partidos
obreros. Es una necesidad de la situación objetiva que se ligue el movimiento
de trabajadores desocupados con los comités de fabricas, con las fabricas
tomadas, las asambleas populares y con los sindicatos combativos, que entren en
contacto con la parte de clase obrera que hoy continua pasiva, ya que como sabemos,
los trabajadores no sacan conclusiones revolucionarias automáticamente. Los
compañeros del MTD obtuvieron a través de sus luchas una autoridad innegable, y
tienen que aprovecharla para llevarla al conjunto de los trabajadores. Cerrarse
en fronteras territoriales y sólo a trabajadores desocupados sería un error.
Sabemos que en este terreno se han
dado pasos hacia delante, y lo celebramos entusiastamente. Es verdad que
nacieron para dar una respuesta concreta a una situación concreta, una solución
a la desocupación y pobreza de una región organizando a sus pobladores para
luchar por planes o bolsones de comida. Pero en realidad, cuando los compañeros
dicen que una de las virtudes de la organización es la discusión en la asamblea
barrial, donde nadie tiene el cargo “comprado” y todos son revocables, nada se
dice de cómo unir en la lucha a los trabajadores desocupados con los ocupados.
La existencia de las organizaciones piqueteras para nada se contrapone con la
necesidad de organizar comités de fabricas en las empresas (se les puede dar
otro nombre, eso es lo de menos, lo importante es el contenido), formado por
representantes de los trabajadores en cada empresa elegidos entre ellos mismos,
y revocables en cualquier momento, cuyo objetivo sea organizar la lucha con la
participación de la mayor cantidad posible de trabajadores, para asegurar que
ninguna fábrica o empresa cierre, para que no se degraden las ya deterioradas
condiciones de vida de los trabajadores, controlando de cerca todo lo que
sucede en las fabricas o empresas.
Enlazar los comités de fabrica con el
movimiento piquetero es la clave del éxito del proceso revolucionario
argentino, así como también las tareas en la base de los sindicatos como la CGT
(donde todavía parte de la clase obrera no se ha movilizado y cualitativamente
es importante porque controlan las palancas fundamentales de la economía) y de
la CTA. El trabajo en la base de los sindicatos para nada se contrapone con la
existencia de los comités de fábrica sino que son un complemento necesario de
los sindicatos, son organizaciones más flexibles y con plena democracia, y lo
importante es que ejerzan presión sobre la dirección sindical y combatan el
boicot a la lucha de la burocracia
sindical.
Sabemos de los innumerables esfuerzos
de los compañeros del MTD, pero es de vital importancia que entren en contacto
con los trabajadores ocupados, en sindicatos o comités, llevarles su
experiencia en la lucha y aprovechar todo contacto para impulsarlos en la
misma.
Que la actividad “autónoma” con respecto a partidos
y sindicatos también sea una respuesta a las prácticas burocráticas o sectarias
de algunos partidos o sindicatos, es totalmente entendible. Pero alejándonos de
los trabajadores ocupados a causa de esto retrocedemos aún más. Los problemas que
hoy tienen los trabajadores desocupados no podrán solucionarse si no se
solucionan los problemas de la clase obrera en su conjunto. Y para esto es
necesaria la unión entre los trabajadores desocupados y ocupados, para defender
y asegurar las condiciones de vida que seguramente seguirán cayendo. La única
forma de que tanto el proyecto de cambio social que propone el MTD y los
intereses de la clase obrera y los sectores oprimidos de nuestra sociedad
adquieran plena realización es mediante la transformación socialista de la
sociedad, encabezada por los trabajadores ocupados y desocupados a través de
sus órganos de poder de democracia obrera. Así como esto es verdad, también es
tremendamente cierto que los problemas de los trabajadores argentinos no pueden
solucionarse dentro de nuestras fronteras, sino que es preciso la solidaridad
de todos los trabajadores de Latinoamérica, y esto es posible sólo bajo el
socialismo que tiene un marcado carácter internacional, o es internacional o no
es nada.
Los compañeros del MTD nos hacen
saber sus principios de organización política sobre tres pilares: trabajo
territorial, autonomía y horizontalidad. Más allá de algunos puntos de acuerdo,
los postulados demuestran la contradicción que existiría con respecto a lo que
seria un partido revolucionario de masas, o sea un partido de la clase obrera
capaz de derribar a la burguesía y tomar el poder del Estado para iniciar la
transformación socialista de la sociedad, en sus esferas política social y
económica. Por eso resulta obvio la ausencia de referencias a la toma del poder
por parte de los trabajadores ocupados y desocupados a través de sus organismos
de poder. Esto conecta muy bien con un clima de animosidad con respecto a los
partidos y sindicatos burocratizados o sectarios, que han abandonado los
principios de construcción de la clase obrera. Ahora ciertos compañeros dicen
que no es necesario tomar el poder para derribar al capitalismo y todas las
injusticias que este conlleva. Esto es un profundo error.
En cuanto al trabajo “territorial”,
los compañeros del MTD toman principalmente los problemas que surgen de los
barrios pobres donde están asentados, buscando una solución económica social y
política a las relaciones sociales capitalistas. Pero no sólo al problema del
empleo, sino también a las relaciones de dominación y violencia instaladas en
la sociedad, y sugieren que es necesario cambiar nuestra “cabeza” y para eso
hay que cambiar las prácticas.
Admiten que la sociedad actual es
tremendamente injusta y desigual, y por eso hay que cambiarla. Esto está
relacionado con el tema de la “autonomía”, esas nuevas practicas que intentan
los compañeros del MTD proponen escaparle a las visiones centralizadas que,
según afirman los compañeros, obvian al drama “chiquito” de las personas y la
situación especifica; pero también
afirman que la autonomía es colectiva, a la vez que recalcan estar fuera de
partidos o sindicatos. Todo lo que obtienen en sus luchas lo administra la
organización conforme a sus necesidades.
Y esto es posible, según se deduce del texto de los compañeros, porque
su organización es plana sin “jefes” ni nada, pero a la vez para trabajos
concretos se dividen en áreas (salud, prensa etc.) y admiten que hay compañeros
que son más referentes y aptos que otros para las diferentes tareas. De esta
forma la “horizontalidad” permite que las responsabilidades sean de todos y el
compromiso en la construcción de igual manera.
Como socialistas revolucionarios no
compartimos del todo algunas de las concepciones organizativas de los
compañeros del MTD, no por una cuestión de sentimientos partidistas ni
dogmáticos, sino porque nos basamos en la experiencia histórica de la clase
obrera, y algunas de sus concepciones, aunque a primera vista parecen
inofensivas, engendran prejuicios y
podrían resultar nocivas para el futuro desarrollo de la revolución
argentina.
El trabajo “territorial” en primera
instancia surge de la necesidad y la vida cotidiana de los trabajadores
desocupados, para dar una respuesta a una situación asfixiante. En este punto,
nos parece admirable la tarea realizada por los compañeros. Sin embargo como
ellos señalan, han podido revertir
parcialmente situaciones de extrema pobreza, como el “clientelismo” o la
forma en que se participa de un piquete (la prohibición del alcohol etc.)
gracias a la formación y a la conciencia de los compañeros. Asimismo, subrayan
que el problema está en la situación social actual y que por eso hay que
transformarla.
Pero para transformar las relaciones
sociales capitalistas, y acabar con la dominación o la violencia, no hay que
perder de vista que estas mismas emanan de una situación concreta, que es la
base del sistema capitalista y las relaciones de producción. Aquí no se trata
de dar grandes definiciones, ni de dar una forma que pueda sonar mecánica, sino
que esas mismas relaciones que los compañeros intentan transformar, mediadas por una relación dialéctica y
compleja, no sólo surgen de la pobreza y la desocupación sino del sistema
capitalista como tal y de la propiedad privada.
Si adoptamos el punto de vista de los
compañeros de los MTD sólo podemos conseguir triunfos parciales y temporales, a
la vez que perdemos el horizonte real de la transformación: de lo que se trata
es de expropiar al puñado de privilegiados sus riquezas para que sean
administradas, gestionadas y planificadas democráticamente por los trabajadores
desde sus órganos de poder. Para esto se necesita convencer a las grandes masas
de trabajadores ocupados y desocupados de que participen en comités, en
coordinadoras, en asambleas populares, en las luchas diarias, para que tomen
realmente conciencia, y a través de la experiencia puedan sacar conclusiones
revolucionarias, que de ninguna manera se darán en forma recta y lineal.
Igualmente, para esto es necesario tener una organización fuerte, de cuadros
capaces de fundirse con las masas, que expliquen pacientemente cual es nuestro
programa a través de la discusión abierta.
Vale aclarar, que no dudamos de la
honestidad de los compañeros del MTD de transformar las relaciones sociales
capitalistas, pero esto implica transformar la totalidad del capitalismo,
expropiar la propiedad privada de los grandes empresarios, estancieros y
banqueros, que los trabajadores y los oprimidos tomen el destino en su manos,
arrancar el poder político del Estado de las manos de la burguesía y los
políticos burgueses para sustituirlos por una nueva forma de organización
basada en la gestión democrática del conjunto de la población por medio de sus
organismos de poder obrero y popular. Pretender cambiar la sociedad sin “tomar
el poder” es pura frase. Jamás la burguesía argentina aceptará
complacientemente la transformación socialista de la sociedad sin oponer una
dura resistencia, y la única manera de
quebrar esa resistencia es demoliendo las estructuras del Estado burgués sobre
las que asienta su dominación: el ejército, los cuerpos represivos y el aparato
judicial. Y eso sólo lo puede lograr una nueva insurrección obrera y popular,
un nuevo “Argentinazo”, consciente de estos objetivos. Y la historia nos
demuestra, la necesidad que tiene la clase obrera de darse un organización
fuerte y revolucionaria para encarar esta tarea.
También vale decir que encerrarse en
fronteras especificas, lo que en un momento se justifica, y transformar desde
ahí las relaciones sociales, no es nada nuevo. Ya lo intentaron los socialistas
utópicos al estilo de Owen o Fourier, que fracasaron en fundar colonias socialistas
asiladas, “castillos de aire” como los denominaba Marx. El otro inconveniente
es que si no ligamos el trabajo territorial con una perspectiva nacional
primeramente, y después internacional, corremos el riesgo de cometer ciertos
errores, creer que una localidad puede solucionar sus problemas, sean
económicos sociales o políticos, dentro de la estrechez de las fronteras
locales, así como determinar la transformación de la sociedad solo dentro de
las fronteras argentinas.
En cuanto a la “autonomía” que
reclaman los compañeros del MTD ya hemos adelantado nuestra posición. Los
compañeros dicen oponerse a la existencia de “dirigentes” dentro de su
movimiento. Si por “dirigentes” se entiende personas que toman decisiones que
afectan al funcionamiento y a la actividad de la organización sin contar con la
opinión de las bases, nosotros también nos oponemos a la existencia de tales
“dirigentes”.
Nosotros consideramos que toda
organización o movimiento debe tener estructuras internas sólidas que de
ninguna manera asfixien a las bases, sino para que a través de ellas nuestros
compañeros pueden participar plenamente de la vida interna y externa de la
organización y controlar la actividad de la misma. Esto está relacionado con el
tema de la “horizontalidad”. Los compañeros admiten que hay referentes para
algunas tareas, que hay militantes que funcionan mejor con ciertas
“responsabilidades”, a la vez que también hay una división de tareas
específicas (salud, prensa etc.) Y esto es normal. Hay compañeros y compañeras que
por su experiencia en la lucha están mejor capacitados que otros para
desempeñar determinadas tareas. Hay compañeros y compañeras que tienen más
facilidad para hablar en público, otros para escribir, otros para organizar un
piquete o cortar una ruta. Es inevitable que esto sea así, al mismo tiempo que
hay que establecer mecanismos para desarrollar al máximo el potencial de cada
compañero. Hay compañeros y compañeras que han sufrido la represión policial,
que han demostrado un gran valor y coraje o una gran capacidad de organizar el
trabajo. Instintivamente muchos de los compañeros los consideran sus
dirigentes, en el sentido de que son un referente, por su experiencia
demostrada, y de los cuales aprenden y asimilan lecciones y enseñanzas muy
útiles. Y esto no es nada negativo.
Estas posturas son similares a las
del compañero Zamora: declara que no es necesario ni partidos ni dirigentes ni
estructuras, sino la formación “horizontal”.
Si analizamos más de cerca estas cuestiones, que por momentos parecen rozar
el anarquismo, hallamos contradicciones que salen al paso: ¿Alguien puede negar
que la gente que sigue al compañero Zamora (o a cualquiera de los referentes
del MTD) no lo considera “su” dirigente? ¿Cómo pueden controlar estos
compañeros de base la actitud de un dirigente que no quiere serlo si no hay
mecanismos establecidos? La cuestión no
es que haya o no dirigentes, sino que la labor de nuestros representantes o
delegados en cada área de trabajo estén bajo el permanente control de la base
de la organización; que estos representantes o delegados sean elegidos y
revocables en cualquier momento, y que sus medios y condiciones de vida, su
salario, etc, sean los mismos a los de cualquier trabajador. Aquí está la
clave. Si un compañero, sea dirigente o no, vive como cualquier trabajador
jamás dejará de pensar como un trabajador.
Aparte, es imposible que una
organización que se propone llevar a cabo consignas tan profundas como el MTD,
pueda funcionar todos los días en asambleas permanentes para discutir cada paso
de la lucha. A veces, en las cuestiones de menor importancia hay que delegar
tareas en comités o en compañeros aislados que, eso sí, luego deben dar cuenta
de su labor en la asamblea de base y ésta podrá aprobar o rechazar su
actuación, incluso revocarle de sus tareas como antes planteamos.
Puede ocurrir que en una época de
cansancio de los militantes, estos se aparten un poco de la actividad o se
relajen. A veces son inevitables estos periodos. Pero la actividad debe
continuar, ya sea organizar una reunión o una manifestación. Así la concepción
“horizontal” se vuelve en su contrario: al no crearse mecanismos de control, en
ciertas condiciones de bajada temporal de la actividad, algunos de estos
compañeros pueden separarse inconscientemente de las bases y no dar cuentas a
nadie, y concentrarse la organización en una o varias personas. Negarnos a
nosotros mismos la posibilidad de construir una organización fuerte, donde
nuestros dirigentes estén controlados y sean revocables en todo momento por la
base, y donde ésta esté al tanto de las cuestiones internas y externas de la
organización a través de sólidas estructuras internas, es como desarmarnos por
completo a los trabajadores en provecho de la burguesía.
El concepto de economía solidaria que nos acercan
los compañeros del MTD es novedoso, creativo y reseña las condiciones
materiales en las que ha surgido este importante movimiento. Se trata de
transformar los planes de empleo improductivos del gobierno con fines de
acallar la protesta social, en proyectos productivos para satisfacer las
necesidades elementales de los compañeros y de los habitantes del barrio: así
se construyen panaderías, un taller de herrería, de capacitación de oficios, un
pequeño centro de salud, etc.
Con esto se plantean tres desafíos: dar una
respuesta urgente a las necesidades apremiantes de alimentación y salud,
construir una nueva sociabilidad, y garantizar a futuro las necesidades
materiales más allá de los planes de empleo. Hay que destacar todo lo que han
logrado los compañeros del MTD a partir de estos conceptos, principalmente en
los problemas más urgentes de alimentación y salud. Mientras hay argentinos que
fallecen de hambre o por falta del más elemental cuidado sanitario, los
compañeros del MTD logran con muy poco lo que a la burguesía y su Estado
argentino les parece una tarea irresoluble.
Pero además del entusiasmo y los triunfos
obtenidos, debemos señalar el carácter parcial y limitado de los logros.
Discrepamos con los compañeros en cómo conseguir algunos de sus objetivos, no
porque no tengamos confianza en su honestidad y dedicación, sino porque el
movimiento del capitalismo no tienen en cuenta ni fronteras locales ni
nacionales, ni se basa en valores ni buenas intenciones; así como la desigual
distribución del producto social no depende de la “mala naturaleza humana” sino
fundamentalmente por el control de la riqueza social por parte de un puñados de
empresarios y banqueros.
Los compañeros dicen que no luchan por su
“inclusión” en el sistema capitalista, que se basa en la explotación del hombre
por el hombre, y que están generando nuevas relaciones sociales a partir de la
ausencia de alguien que ordene el trabajo, o sea el patrón capitalista,
reemplazándolo por la “solidaridad con el compañero de trabajo”. Lo que sí
demuestran los emprendimientos productivos del MTD es que los trabajadores
están capacitados para producir sin la necesidad de capitalistas, y cómo se
planifica de acuerdo a la necesidad, y cómo los excedentes vuelven a la
organización. Nadie se los “apropia”
porque se lo apropian todos.
Pero esto tampoco puede generar grandes ilusiones,
sino se rompe con el capitalismo primero. Tenemos que advertir los límites de
esta propuesta: las relaciones que los hombres establecen para producir bajo el
sistema capitalista, como ya advirtió Marx, son necesarias e independientes de
su voluntad, nosotros hacemos nuestra historia pero no al libre albedrío, ni
como quisiéramos. Las propuestas productivas de los compañeros del MTD son la
respuesta justa ante los apremios cotidianos, pero de ninguna manera podrán
construir nuevas relaciones sociales fundadas en la solidaridad ni podrán
asegurar en un futuro las necesidades materiales más que de una manera
precaria.
De ninguna manera, por ponerlo así, nosotros acá en
esta localidad con tantos hornos, talleres, etc podríamos más que satisfacer nuestras necesidades inmediatas y
elementales, pero que podamos tener “mejores” relaciones entre nosotros es
hasta cierto punto muy cuestionable. En cualquier caso, por “afuera” de nuestro
pequeño territorio el capitalismo sigue existiendo, reproduciéndose
constantemente y reproduciendo las relaciones sociales que su funcionamiento
presupone. El capitalismo, el sistema de explotación del hombre por el hombre,
no sólo reproduce mercancías y plusvalía, sino la relación capitalista misma:
por un lado el capitalista y por el otro el asalariado. En tanto, los esfuerzos
productivos de los compañeros del MTD llegan hasta cierto punto: no pueden
competir con la economía capitalista para subsistir, y es increíble presuponer
que todo lo que necesitan pueden conseguirlo dentro de las estrechas fronteras
de la localidad. Ni las lámparas, cables o herramientas caen desde el cielo. No
podemos más que señalar que es un peligro imaginar que estamos asegurados con
estos proyectos productivos.
El socialismo no es un régimen para repartir la
miseria ni para ser iguales en pobreza,
sino para elevar la vida económica y cultural de las amplias masas trabajadoras
y oprimidas infinitamente. Los proyectos productivos surgen, como ya dijimos,
como una respuesta a los problemas apremiantes de una localidad, y todas esas
“nuevas relaciones sociales” que proponen los compañeros del MTD, relaciones de
igualdad y solidaridad, no pueden mantenerse por largo tiempo en tanto no sea
superada la dura lucha por la existencia individual, que de ninguna manera
puede ser asegurada por hornos o algunos talleres, más allá del esfuerzo de
estos compañeros. La única manera de conseguirlo sería a través de los esfuerzos
conjuntos de los trabajadores y los recursos de toda Argentina para empezar esa
tarea, y aún así sólo se podrían lograr relativamente siendo necesarios el
esfuerzo conjunto de los trabajadores de América Latina, y posteriormente del
resto del mundo, dada la división del trabajo que la economía mundial ha
establecido en todo el planeta.
La misma razón que les permite amplificar la idea
de una economía solidaria bajo nuevas relaciones sociales por medio de
microemprendimientos en pequeños territorios, es la misma que la que sustenta
el trabajo “territorial”, la “autonomía” y la “horizontalidad”. Pero
intentar dar una repuesta inmediata a
las necesidades urgentes no significa solucionar el problema de raíz, que está
encrestado en las bases del sistema capitalista. Nuestra voluntad, militancia y
sacrificio sirven, pero tienen un límite si no se tiene la perspectiva de
construir una organización que vincule y reúna al conjunto de los explotados de
la sociedad y tenga como objetivo la transformación radical de la sociedad
capitalista, en Argentina y en el conjunto de Latinoamérica.
La misma concepción organizativa de los compañeros
del MTD es la que le impide ver la importancia del Estado como un instrumento
de opresión de una clase por otra, como “un grupo armado en defensa de la
propiedad privada”. Los compañeros admiten que es una posibilidad que el Estado
pueda cortar los planes de empleo, con los cuales se sustentan los proyectos
productivos, y si esto ocurre, creen que pueden garantizar mínimamente las
necesidades materiales. Lo que olvidan los compañeros, es que el Estado o
cualquier político como expresión oficial de los intereses de la burguesía, en
una situación extrema pude recurrir sencillamente al uso de la fuerza. Todos
sabemos lo que esto significa. De aquí nuestra necesidad de insistir, una vez
más, en que los problemas de los compañeros del MTD no pueden solucionarse de
manera unilateral y al costado de los problemas de los trabajadores argentinos
en general. Sinceramente creemos que hay que salir de la concepción estrecha de
lo “territorial”, de lo “autónomo”, de lo “horizontal” cuando nos plateamos
profundos problemas como el cambio social, y ahí vemos cuan corta queda la
economía solidaria, que nadie niega y todos nosotros admiramos su utilización
para problemas concretos. Pero también, como socialistas revolucionarios,
debemos advertir no en abstracto, que ni siquiera los problemas de la clase
obrera argentina podrá solucionarla enteramente ella misma, sino que necesitará
de la solidaridad de clase obrera Latinoamericana, región en ebullición y en
pleno cuestionamiento de las bases mismas de la democracia burguesa y el
capitalismo. Además no podemos olvidar que las “aventuras guerreras” del
imperialismo y la tremenda crisis capitalista que se avecina a escala mundial,
impulsarán a la clase obrera una y otra vez a luchar por la transformación de
la sociedad.
Darle a los trabajadores ocupados y desocupados de
nuestro país una expresión concreta, organizada y con plena democracia obrera,
basada en el protagonismo de las bases, en suma en una organización
revolucionaria fuertemente organizada,
es la clave del éxito de la revolución.
Demián Marcos
Corriente marxista El Militante
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