|
Los trabajadores del montaje y empresas auxiliares han protagonizado, a raíz de la negociación del convenio colectivo, una intensa huelga que durante 20 días ha puesto de manifiesto, una vez más, la inmensa fortaleza del movimiento obrero y ha parali
Los trabajadores del montaje y empresas auxiliares han protagonizado, a raíz de la negociación del convenio colectivo, una intensa huelga que durante 20 días ha puesto de manifiesto, una vez más, la inmensa fortaleza del movimiento obrero y ha paralizado totalmente la producción siderúrgica en la región. Hacía más de diez años que en este sector no se vivía una lucha tan dura como la desarrollada estos días.
Los trabajadores del montaje y empresas auxiliares desarrollan fundamentalmente su trabajo en empresas que son subcontratistas de las grandes factorías (especialmente en Aceralia). Sus condiciones laborales están marcadas por los bajos salarios (un oficial de primera ronda las 140.000 pesetas de salario base, un especialista las 120.000), la creciente eventualidad, la dispersión en pequeñas y medianas empresas, el deterioro constante de las condiciones de seguridad, salubridad, etc. De este modo, resultan ser una mano de obra mucho más barata y aparentemente más “fácil de manejar” que los trabajadores de plantilla de las grandes empresas, aún cuando en muchos casos ambos realizan el mismo trabajo. Un panorama que beneficia por igual a los empresarios de las subcontratas (DAORJE, CYR, IMASA, Montajes Elías, REYMOSA...) y a la dirección de las grandes empresas.
De hecho, una de las cuestiones que esta huelga ha demostrado rotundamente, es que su trabajo no es esporádico, ni accesorio, sino que muchos de estos trabajadores son absolutamente imprescindibles para garantizar el proceso productivo en Aceralia y que no hay ningún motivo, salvo los intereses de la patronal, para que no se incorporen a la plantilla de la factoría, en las mismas condiciones que el resto del personal.
La negociación del convenio colectivo este año partía de la reivindicación, ampliamente demandada, de conseguir la equiparación salarial y social de estos trabajadores con la plantilla de Aceralia. Las negociaciones chocan con una negativa frontal por parte de la patronal del sector, Femetal.
‘A igual trabajo,
igual salario’
Ante esto, se inician las movilizaciones con la convocatoria inicial de tres días de huelga en el sector a finales de mayo, a los que seguirían 17 más. El seguimiento de la huelga es masivo, coordinándose inicialmente las acciones de protesta entre los trabajadores de Gijón y Avilés, realizando cortes de carretera conjuntos que derivan, de manera natural, en manifestaciones donde participan unos 2.000 trabajadores, en Avilés (coincidiendo con la visita del Rey a la ciudad) y Gijón (concentrándose ante la sede de Femetal). El ambiente es de optimismo y confianza en las propias fuerzas. Por primera vez, desde el año 92, todas las empresas del montaje y auxiliares (más de 50) salen juntas a la lucha.
Lógicamente, desde el primer día, la patronal reacciona furiosamente iniciando una campaña feroz, encaminada a calumniar y desacreditar a los huelguistas, con el claro propósito de aislarlos y debilitar su capacidad de presión. Al silencio vergonzoso de la prensa nacional y la televisión, que ignora uno de los mayores conflictos de los últimos años, se une el bombardeo incesante en la prensa regional, que se convierte en cronista diario de los intereses de la patronal, difundiendo la alarma entre la sociedad, acusando a los trabajadores de poner en peligro el desarrollo económico asturiano y olvidando en todo momento referirse a las condiciones de trabajo que están obligados a soportar. Cada mañana, los trabajadores asisten indignados a una nueva andanada de mentiras y calumnias a cargo de los “imparciales” medios de comunicación.
Tras las movilizaciones iniciales, las acciones se centran en la realización de cortes de tráfico en las cercanías de las factorías de Aceralia, Alcoa... Aunque la participación no es tan numerosa como en las primeras acciones conjuntas, ésta continúa siendo masiva, con la presencia de centenares de trabajadores en los piquetes desde primera hora de la mañana. No obstante, ante la dureza del conflicto y la cerrazón de la patronal, comienza a ser evidente para gran número de trabajadores, la necesidad de impulsar acciones que puedan sumar más apoyo a la lucha.
La principal reivindicación de los huelguistas, “a igual trabajo, igual salario”, trasciende los límites exclusivamente salariales, suponiendo también un intento de atajar la precariedad laboral y la existencia de trabajadores de primera y de segunda. Esa es una idea con la que muchos otros sectores simpatizan y abría el camino para poder extender la lucha, con la convocatoria de manifestaciones donde pudieran participar, no sólo los trabajadores en huelga, sino también sus familias, los estudiantes, otros trabajadores, etc...
De hecho, esta es una de las ideas que se lanzan durante la convocatoria de una asamblea que, tras cortar la autopista y ante la ausencia de nuevas directrices por parte del Comité de Huelga, los trabajadores celebran en Avilés, el día 16.
En el atestado salón de actos, las propuestas que surgen son muy claras: redacción de una hoja informativa, dirigirse al resto de los trabajadores, la coordinación con los compañeros de Veriña (Gijón) y, sobre todo, la necesidad de realizar diariamente asambleas para decidir y llevar a cabo el plan de movilizaciones. Una y otra vez se remarca el apoyo al Comité de Huelga, insistiendo en que éste debe organizar y llevar a cabo las acciones aprobadas mayoritariamente por los trabajadores.
Este fue, quizás, el intento más claro por parte de los trabajadores de tratar de subsanar las debilidades políticas y organizativas que se estaban dando y de participar más activamente en el desarrollo de la lucha. Dos miembros del Comité de Huelga presiden desde la mesa la asamblea, comprometiéndose a explicar todo esto al resto del Comité.
Considerando estas acciones como innecesarias, la consigna que se lanza al día siguiente desde el Comité de Huelga es permanecer dentro de Aceralia para impedir que la empresa dé salida al stock acumulado. Los trabajadores se distribuyen por turnos, durante las 24 horas, tanto en Gijón como en Avilés, constatando que nadie ocupa sus puestos de trabajo.
Ambiente de crítica
a la dirección
La voluntad de los trabajadores de mantener la huelga el tiempo que haga falta, provoca la reacción del conjunto de la patronal con la intervención del consejero de Trabajo, ya que existe para ellos el peligro real de que el conflicto en ese momento lograra dar un paso adelante, pudiendo endurecerse y extenderse a otros sectores de la población. Para atajar este peligro la patronal se ve obligada a presentar una nueva oferta, que negocian a toda prisa con los dirigentes sindicales y el Comité de Huelga, llegándose a la firma de un preacuerdo.
El miércoles, 18 de junio, coincidiendo con sendas concentraciones de apoyo convocadas por el Sindicato de Estudiantes en Gijón y Avilés, CCOO, UGT y USO convocan una asamblea general para presentar el preacuerdo, que cuenta también con la aprobación del Comité de Huelga. A esta asamblea asisten entre 1.500 y 2.000 trabajadores. El preacuerdo recoge una subida salarial del 5% los primeros cuatro años y el IPC, más el 1%, para el quinto año.
Si bien supone una oferta mayor que la que inicialmente planteaba Femetal, también es cierto que aún siendo un avance, todavía esta lejos del objetivo inicial de la equiparación, y ante los ojos de muchos trabajadores aparece como insuficiente. A esto se suma el malestar porque dicho preacuerdo aparezca en todos los medios de comunicación, que ya dan por cerrado el conflicto, antes de ser discutido y votado por la asamblea. Esto tiene el efecto de enfurecer a un amplio sector de los trabajadores. El temor de una “maniobra” por parte de los dirigentes y el desacuerdo hacia cómo han llevado las movilizaciones estalla en ese momento. La mesa negociadora es objeto de fuertes críticas y abucheos. En la votación posterior apenas una veintena de trabajadores vota a favor del preacuerdo. El “no” gana por una aplastante mayoría. Tras el resultado de la votación, Nicomedes Sánchez (CCOO) ratifica la continuidad de la huelga, indicando que “los sindicatos acataremos la decisión que habéis tomado los trabajadores en esta asamblea”.
Pero casi inmediatamente las direcciones de UGT y de USO anuncian que se desvinculan de la decisión de la asamblea y que están dispuestas a suscribir en solitario el preacuerdo.
Durante esa tarde y toda la jornada del jueves, la dirección de CCOO, con mayoría en el sector, guarda silencio. La prensa se frota las manos, buscando la ansiada foto de los trabajadores enfrentados entre si. Sin embargo nada de esto sucede, y el viernes la inmensa mayoría de la plantilla (incluyendo a afiliados de UGT y USO) continúa secundando la convocatoria de huelga. Los periódicos deben conformarse con mentir abiertamente, fotografiando los piquetes que se concentran a la entrada de Veriña, diciendo que se trata de “trabajadores que se incorporan a sus puestos de trabajo”. La indignación sube varios grados esa mañana.
Es en este contexto donde la dirección de CCOO, que había anunciado la celebración de una asamblea el lunes siguiente, decide adelantarla al viernes por la mañana para plantear a sus afiliados que “a ellos corresponde decidir si se continúa o no la huelga”. Pero es muy fácil actuar como un mero observador mientras todo se desmorona y luego tratar de “lavarse las manos” con la situación que se ha creado.
Se producen de nuevo intervenciones muy críticas sobre cómo se ha llevado el conflicto, aunque a nadie se le escapa que en estas condiciones la huelga no puede continuar. Lógicamente el resultado no puede ser más que la desconvocatoria de la misma. El ambiente entre una capa bastante amplia de trabajadores es muy critico con los dirigentes. Como manifestaba un joven trabajador: “Yo he votado que sí al preacuerdo porque no había otra salida, pero mi voto no es un voto a favor de cómo han gestionado esta huelga los dirigentes”.
Conclusiones
En primer lugar, es incuestionable que todas las concesiones que la patronal se ha visto obligada a hacer son fruto exclusivamente de la dura lucha mantenida durante los 20 días que ha durado la huelga. Si no se ha conseguido arrancar más mejoras, no ha sido por falta de respaldo de los trabajadores a la convocatoria. En todo momento los trabajadores han estado dispuestos a luchar y han demostrado una unidad y una fortaleza admirables. Ni siquiera la ruptura de la unidad de acción, “por arriba”, ha conseguido provocar una fractura en la base del movimiento.
Han sido precisamente los errores y omisiones de la dirección de la lucha los que han impedido arrancar más concesiones a la patronal. En este sentido no ha habido ninguna diferencia práctica en la actuación de los dirigentes de UGT, USO o CCOO, ni en la de los representantes en el Comité de Huelga. Desde el primer momento renunciaron a contrarrestar las mentiras de la prensa, con un reparto masivo en los barrios y en las empresas de una hoja que reflejara la postura de los trabajadores. Tampoco han buscado el apoyo de sectores más amplios y, muy especialmente, de los trabajadores de Aceralia, algo que hubiera sido fundamental para contrarrestar la campaña de miedo y división llevada a cabo por la patronal tanto del montaje como de la propia Aceralia, que sí han actuado unidos en todo momento. Pese a que se estaba negociando el convenio de Aceralia no se ha planteado la posibilidad de unir la lucha de los trabajadores, vinculando las reivindicaciones para, de este modo, presentar un frente común a la dirección de Aceralia y a Femetal.
Un conflicto tan duro como éste requería emplear todos y cada uno de los resortes sindicales al servicio de los trabajadores en huelga. No sólo para tratar de conseguir las reivindicaciones, sino también como ejemplo para otros sectores con condiciones similares. Pero durante estos 20 días de huelga ni una sola concentración de apoyo, ni un solo cartel de solidaridad, ni un comunicado, absolutamente nada ha salido de las direcciones sindicales ni del Comité de Huelga. Nadie puede negar esta evidencia.
Por otro lado, la fuerte contestación que han recibido durante estos días las direcciones sindicales no puede ser explicada, como han pretendido algunos dirigentes, tanto de UGT como de CCOO, por la actuación de “elementos ajenos” a los propios trabajadores. La desconfianza y el descontento con los dirigentes sindicales son fruto de la propia experiencia de los trabajadores durante los últimos años, que han visto, en más de una ocasión, como su voluntad no era tenida en cuenta a la hora de firmar anteriores convenios. En todo caso, es evidente para una capa de trabajadores la necesidad de renovar los órganos sindicales a todos los niveles, desde los comités de empresa a las ejecutivas. El desarrollo de esta huelga ha puesto de manifiesto las dificultades con que nos encontramos a la hora de improvisar esa dirección, en medio de un conflicto de este tipo.
Bajo nuestro punto de vista, estos errores que se han cometido, no obedecen exclusivamente a la “incapacidad” de tal o cual dirigente sindical. Un modelo sindical que se limite a la lucha por mejoras salariales o sociales, sin cuestionar en ningún momento los beneficios de los empresarios, o la propiedad de los medios de producción, cae inevitablemente en el mismo discurso que la patronal. Las últimas declaraciones del máximo responsable del metal de la UGT en Asturias, Eduardo Donaire, diciendo que “Aceralia es mucho más que una empresa, es la mano que nos da de comer” (y todos sabemos que no debe morderse la mano que nos da de comer), no se diferencian en nada de lo que nos dice cada día el empresario cuando los trabajadores reclamamos cualquier tipo de mejora en las empresas. Es vergonzoso que este discurso salga de la boca de alguien que dice velar por nuestros intereses y que ocupa un puesto dirigente en uno de los mayores sindicatos del país.
Si desde la dirección de los sindicatos de clase se renuncia a luchar por cambiar esta sociedad y luchar abiertamente por el socialismo, se termina irremediablemente gestionando el actual sistema capitalista y haciendo llamamientos a la “responsabilidad” de todos para seguir manteniendo los privilegios de una minoría. La lucha del montaje ha demostrado que, incluso para obtener mejoras inmediatas, es imprescindible tener una perspectiva política más amplia, oponiendo en cada momento a los argumentos de la patronal, los intereses generales de los trabajadores.
Para conseguirlo hay que recuperar un modelo de sindicalismo combativo, que se base en la fortaleza de los trabajadores y que responda ante ellos en todo momento, sin perder de vista la lucha por el socialismo. Por eso es necesario extraer las conclusiones de esta lucha y que todos aquellos trabajadores y jóvenes que comparten estos objetivos, den el paso de unirse a El Militante para luchar juntos, en el día a día de cada empresa, por este modelo sindical en el seno del movimiento obrero y de nuestros sindicatos, fundamentalmente CCOO y UGT. |