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Por la expropiación de los grandes
latifundios bajo control democrático de los trabajadores del campo
A pesar de vivir en pleno siglo XXI, la realidad de las explotaciones
agrícolas, particularmente en Andalucía y Extremadura, sigue marcada por la
gran propiedad terrateniente. El 3% de los propietarios agrarios dispone de la
titularidad del 54% de las tierras cultivables, es decir, 13 millones y medio
de hectáreas, una superficie mayor que Andalucía y Extremadura juntas. A estas enormes
extensiones hay que sumar una parte importante de los millones de hectáreas de
terreno forestal que también acumulan un puñado de familias, generalmente
descendientes de la nobleza y, en todos los casos, influyentes capitalistas como
la duquesa de Alba. Estos ricos propietarios se ven beneficiados además por
generosas subvenciones estatales y de la Unión Europea. La opulencia de unos
pocos contrasta con la ruina de miles de pequeños agricultores y la explotación
y miseria para cientos de miles de
jornaleros.
Esta concentración de la propiedad de la tierra condena a los
trabajadores del campo a la inestabilidad laboral y el desempleo, a realizar jornadas
extenuantes a cambio de un miserable jornal diario, sometidos a la voluntad del
manijero. Por si fuera poco, en los
últimos años la patronal agrícola ha dado una vuelta de tuerca más a la
explotación mediante una serie de intermediarios añadidos como las ETTs,
consiguiendo una vuelta al trabajo a destajo basado en cuadrillas de jornaleros
cada vez más reducidas y jornadas cada vez más largas. Así, el gran capital mantiene
su tasa de beneficios en el medio rural extendiendo condiciones laborales de
semiesclavitud.
Estas condiciones de vida y de trabajo a las que se han visto condenados
los trabajadores del campo durante siglos en zonas como Andalucía, demuestran
que no habrá solución mientras la propiedad de la tierra siga en manos de los latifundistas.
Las organizaciones sindicales de la clase trabajadora deben defender y luchar
por la Reforma Agraria que necesitan cientos de miles de jornaleros condenados
al desempleo y la lucha por la supervivencia. Una Reforma Agraria que debe
pasar por la expropiación sin indemnización de los grandes latifundios,
empezando por aquellas tierras que permanecen sin cultivar y percibiendo cuantiosas
subvenciones por ello. La nacionalización de la tierra bajo la administración pública
y el control por los propios trabajadores del campo y sus organizaciones, establecerá
las bases materiales para acabar con los salarios de miseria, el desempleo y la
sobreexplotación, permitiendo planificar la producción agrícola sobre bases
socialistas, es decir, atendiendo a los intereses de los propios trabajadores agrícolas
y los consumidores en general, en vez
del mercado capitalista como ocurre actualmente.
Junto con la nacionalización de los latifundios es necesario también
luchar por la expropiación sin indemnización de las grandes empresas que
monopolizan el sector agroalimentario y condenan a los jornaleros y a los
pequeños propietarios y arrendatarios a una vida de trabajo infame y deudas
bancarias interminables.
La defensa de un programa de clase para el campo también pasa por la nacionalización
de la banca, que permitiría financiar las inversiones necesarias para la
aplicación de la tecnología más avanzada y productiva con el uso de semillas y
abonos naturales y ecológicos, aumentando la cantidad y calidad de la
producción agrícola sin que ello suponga un deterioro del medioambiente. Una
banca nacionalizada y gestionada por los trabajadores, proporcionaría créditos
baratos a aquellos que más lo necesitan, permitiendo a las pequeñas
explotaciones librarse de la tiranía de los usura de la gran banca privada y
las grandes multinacionales de la distribución.
¡Victoria de la huelga jornalera en la Vega del Guadalquivir en Córdoba!
La III Conferencia Sindical de El
Militante saluda la victoria de la huelga de jornaleros andaluces e
inmigrantes durante la recogida de la naranja que, iniciada en Palma del Río a
finales de octubre de 2009, se extendió a toda la comarca de la Vega del
Guadalquivir en Córdoba.
Este éxito, posible gracias a la determinación y combatividad de los
trabajadores, dirigidos por el SOC-SAT, vuelve a demostrar que los métodos y
las reivindicaciones en torno a los cuales se organiza la lucha son
determinantes para su victoria. En primer lugar, los trabajadores de Palma del
Río que iniciaron la movilización la extendieron al resto de sus compañeros en
otras fincas y pueblos, consiguiendo que cada nuevo día de huelga significara
un avance en el número de participantes en la lucha. Otro factor decisivo ha
sido la unidad de todos los trabajadores, nativos e inmigrantes, demostrando
como la lucha obrera no atiende a diferencias de nacionalidad o sexo, sino exclusivamente
a la diferencia de clase entre explotadores y explotados. Así mismo, ha sido
clave el método democrático con el que se ha organizado la huelga, basados en
asambleas de trabajadores que deciden sobre el curso de la lucha.
Sobre estas bases, y a pesar de muchas dificultades incluida la
oposición de los dirigentes de UGT y CCOO a la huelga, que no la de decenas de afiliados
a ambos sindicatos que han participado en la lucha, los trabajadores de la Vega
han conseguido la aplicación del convenio así como el compromiso de la patronal
de contratar a 1.400 trabajadores de la comarca en paro. El cumplimiento de
dichos compromisos será vigilado por una comisión integrada por diez jornaleros
elegidos en la asamblea de trabajadores, que recorrerán diariamente los tajos.
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