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¿Qué sucede con la industria del automóvil?
escrito por Tomás Montes (Ex miembro del Cté de Opel y Ejecutiva de CC.OO-F.I)
martes, 15 de septiembre de 2009
Parece ser, según se desprende de
todas las informaciones vertidas por los medios de comunicación con el tema del
automóvil. Que hay dos grandes batallas mundiales, Una; la reestructuración
financiera y otra como no la del automóvil, estos cambios muestran con claridad
una dimensión histórica.
En el pasado mes de marzo el
Financial Timesevaluaba los veinte
primeros bancos por capitalización, su conclusión final venia a decir que esta
es la crisis mas grave desde la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que emergen leves
signos de recuperación en Alemania y Francia.
En cuanto a la batalla del
automóvil, que es el tema que nos ocupa, y cuando todavía esta abierto el
combate entre G.M y Opel, plantearé tres observaciones que llaman poderosamente
mi atención.
En primer lugar, la Crisis abierta en Detroit,
donde una reestructuración industrial muestra de un golpe los problemas
acumulados durante mucho tiempo en la cuna del auto.
En segundo lugar, la Crisis en Detroit esta
entrelazada con otros factores, tales como el peso del bienestar empresarial,
una eficiencia energética divida frente a la de Europa, una acción de la nueva
administración estadounidense buscando un estimulo para un revisión amplia del
valor americano. La reforma sanitaria, (se puede observar la controversia que
esto esta originando por su vinculación con las empresas y la sanidad privada),
una política industrial sobre el automóvil con una mayor ligazón entre ecología
e industria del auto. Todo este abanico de acciones lleva a considerar que las
medidas proyectadas por la administración Obamason muy parecidas a la "Agenda 2010" impulsada en su día por Gerhard Schöder (antiguo
jefe de la administración alemana), buscando imponer un ritmo acelerado a la
reestructuración alemana.
En tercer lugar, es clarividente
que Detroit se ha convertido en una cuestión de Estado con la intervención del
tesoro público para el rescate de las empresas, el papel directo de la
presidencia en los planes de reestructuración, incluyendo también, una cuestión
negociadora entre Estados Unidos y Alemania en el caso Opel. Detrás de esta
disputa afloran nuevas relaciones de fuerza entre el modelo Anglosajón y el
Renano.
Todo esto, puede ser al final una
decisión política, y ya se sabe en política todo es una incógnita. De esta
situación evidentemente no se escapa la factoría de Figueruelas. Ante este
escenario es vital que la sociedad aragonesa, sus representantes políticos, los
trabajadores de Opel, y como no los sindicatos, deben de estar mas alerta que
nunca moviendo sus fichas ante la magnitud de dichos acontecimientos, de lo
contrario el empleo y los derechos conquistados corren un serio peligro.
Junto a esto último no debemos
olvidar que nos estamos jugando el progreso y el avance social en toda la Región.
Para entender con cierta claridad
la actual situación de las grandes compañías automovilísticas estadounidenses
con sede centralen Detroit y
prácticamente cuna del automóvil mundial, hay que remontarse a los años
posteriores de la Segunda Guerra
Mundial.
Después de la confrontación, la
producción de automóviles en EE.UU. paso de tres millones de unidades en 1996 a ocho millones en
1950, para satisfacer dicha demanda, estas compañías tuvieron que contratar un número
importante de trabajadores ello dio a los sindicatos una posición de fuerza
relativa.
En 1950, después de más de tres
meses de huelga, los sindicatos del automóvil, la United Auto Workers, obtuvieron
de GM, Ford y Chrysler un convenio que en aquel tiempo la revista "Fortune"
definió como el Tratado de Detroit. Además de fuertes aumentos
salariales ligados a la producción los sindicatos obtuvieron la cobertura
sanitaria y de jubilación. Este convenio oriento al resto de las empresas
americanas y fue punto de referencia del sistema sanitario privado. Fueron los
años del "Boom" económico, de una contratación masiva de trabajadores jóvenes,
y de una ausencia de competencia internacional.
El tratado de Detroit, tuvo un
importante impacto en la industria del automóvil, ya que los depósitos anuales
para la sanidad y jubilación pusieron a disposición de las Tres Big de Detroit
cantidades enormes de dinero que se invertían en los mercados financieros. Año
tras año los constructores de coches en Detroit se trasformaron de compañías
industriales a compañías financieras con una rama industrial, (Casi como el Dr.
Jequil).
Aproximadamente, hace solo una
década, GM con sus impresionantes actividades en el crédito, en la financiación
y en los préstamos cada día era menos una compañía de coches trasformándose en
un banco que construye automóviles. Sus últimos tres jefes ejecutivos,
incluyendo a Richard Wagoner, proceden del Staff financiero de Nueva York.
Para Micheline Maynard experta en
el sector, esta acumulación financiera ha desviado a la dirección de estas
grandes empresas, de aquello que era su objetivo, construir automóviles que
satisfagan las demandas del mercado. Igualmente dos expertos ingleses en
sistemas financieros Maxton y Wormald, escribían: General Motors y Ford se han trasformado en bancos, en vez de
constructores de automóviles, pero Ford y GM no son bancos sanos.
La crisis del auto en los años
1974, 75 y posteriores hasta esta, concluyo con grandes despidos y jubilaciones
en Detroit, con ello se puso en marcha una espiral terrible que trasformo la
superioridad en desventaja respecto a Europa y Japón. La reducción de la
ocupación elevo el coste unitario por trabajador, ya que los despedidos y
jubilados grababan sobre el productivo.
Ante esta situación en el año 2007 el jefe ejecutivo de GM Rick Wagoner,
despedido por Obama hace poco, proponía. Esta crisis puede ser resulta si todas
las partes se involucran, negocio, ejecutivos, industria, sanidad, gobierno y
consumidores todos juntos encontraremos solución. Todo es posible en detrimento
de los de siempre de los que crean la riqueza. Pero parece claro que en Detroit
no solo esta en Crisis el auto, quizás también el propio sistema Anglosajón.