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Si el paro juvenil es una lacra en el Estado español, con una tasa del 24,8% frente al 15,5% de la Unión Europea (UE), en Asturias es ya algo fuera de toda distinción: llega al 38%. Además, los que trabajan no lo hacen en las mejores condiciones, la tasa de temporalidad de los trabajadores jóvenes entre 16 y 25 años es del 67%; de hecho más del 90% de los contratos realizados son temporales, durando menos de seis meses un 50% de los mismos.
Con todo, la tasa de temporalidad no es el peor dato, la siniestralidad laboral en el Estado español es alarmante. En la UE se producen 5.725 accidentes de trabajo por cada 100.000 trabajadores jóvenes, en España la cifra es 9.498. Trabajando peligrosamente por salarios vinculados al Salario Mínimo Interprofesional, que en España es de 442 euros: ese es el futuro para miles de jóvenes.
Las cifras se pueden maquillar de cualquier forma, muchas veces oímos al gobierno decir que el paro baja, que hay muchas personas que ingresan en las listas de la seguridad social, etc, pero las cifras son muy tozudas, debajo de la superficie se pueden encontrar todos estos datos que indican de qué modo viven muchísimas personas.
Las Cuencas Mineras
Esta situación tiene mucho que ver con que las Cuencas Mineras sean unas de las zonas de todo el Estado donde más se consumía droga en los años ochenta y donde, actualmente, más se consume alcohol en la franja de edad de 14 a 18 años.
Incluso, según informe de Cáritas, nada sospechosa de pertenecer a alguna organización socialista internacional, la tasa de pobreza entre la juventud de las Cuencas sube sin que nadie sea capaz de pararla. A todo eso hay que añadir las dificultades que un joven encuentra para conseguir una vivienda digna: precios y alquileres abusivos es el pan de cada día para todo aquel joven mierense o langreano que quiera abandonar su vivienda familiar.
Las drogas o el alcohol se convierten en la única salida que el capitalismo ofrece. No es de extrañar que los antidepresivos sean uno de los medicamentos más demandados en las Cuencas y que su consumo suba como la espuma. La depresión se ha convertido en una enfermedad común para decenas de familias.
Muchos habitantes de las Cuencas han tenido que emigrar; por ejemplo en Mieres la población ha bajado escalofriantemente durante los últimos años: de más de 55.000 habitantes en los ochenta a poco más de 45.000 actualmente; familias enteras se van de una ciudad que antaño ofrecía trabajo y bienestar a muchos trabajadores que venían de Extremadura y Andalucía. En definitiva hemos pasado de acoger personas a que muchas de ellas se tengan que volver a ir por falta de futuro y esperanza.
Esto es lo que nos ofrece el capitalismo, el sacrosanto sistema que se plantea masacrar al pueblo iraquí por el petróleo y que permite que millones y millones de personas mueran de hambre cada año en el mundo. Para ver pobreza no hay que irse a África. |