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El domingo 21 de abril se celebraron las elecciones presidenciales francesas y han provocado un terremoto político que ha sacudido los cimientos del país. La característica principal ha sido la polarización a derecha e izquierda.
El domingo 21 de abril se celebraron las elecciones presidenciales francesas y han provocado un terremoto político que ha sacudido los cimientos del país. La característica principal ha sido la polarización a derecha e izquierda.
El nivel de abstención en la primera ronda presidencial ha sido récord: más del 28% no ha votado. Esto es una señal del profundo descontento con todos los partidos políticos establecidos, no sólo con el socialista y el comunista, también con el de Chirac.
Un sector de los votantes gaullistas debe haber votado por Le Pen y esto le ha permitido pasar a la ronda final. En las últimas elecciones presidenciales Le Pen consiguió el 15,3%, ahora el 17%. Si tenemos en cuenta que la escisión del Frente Nacional (FN) ha conseguido el 3%, esto significa que los partidos de extrema derecha han conseguido aproximadamente el 20%, prácticamente lo mismo que Chirac, hecho que ha provocado una conmoción en toda la clase política francesa. Temen, y en eso tienen razón, que el avance del FN de Le Pen deses-tabilice toda la situación política en Francia.
Le Pen se ha confirmado como uno de los dos candidatos que disputarán la presidencia con Chirac. Ha sido un golpe terrible para la izquierda y el movimiento obrero. Jospin, el candidato socialista, se ha visto relegado a un humillante tercer puesto.
Fracaso del reformismo
La característica más llamativa es el colapso del voto al Partido Socialista, que ha conseguido sólo el 16% de los votos. Jospin ha conseguido el peor resultado de un candidato de izquierdas en unas elecciones presidenciales francesas. Esto ha provocado una gran agitación dentro el partido. En realidad, la derrota electoral es el resultado del fracaso del PS a la hora de aplicar una política socialista. Los votantes socialistas, desilusionados con el gobierno, han castigado a la dirección con la abstención o el voto a otros partidos de izquierda. El PS es el único responsable de esto. Ha tenido muchas oportunidades de llevar adelante la transformación socialista de la sociedad. La última fue en 1997, cuando Jospin llegó al poder con una mayoría aplastante. Este voto masivo era un voto para un cambio fundamental. La derecha quedó hecha añicos, dividida y desmoralizada.
En vez de un cambio profundo, el "realista" Jospin, dócilmente, aceptó el dominio del capital, con todas sus consecuencias. Es verdad que ha hecho algunas reformas, pero para la mayoría no ha cambiado nada fundamental. Aunque hablaba de la "izquierda" e implantó algunas reformas como la jornada semanal de 35 horas, en la práctica Jospin ha aplicado una política en sintonía con el liberalismo pro-burgués del FMI. En los últimos cinco años los ricos se han hecho más ricos y los pobres más pobres.
Jospin presentaba la imagen de un socialista de izquierdas que se oponía al abiertamente pro-burgués Tony Blair. En realidad, la diferencia entre Jospin y Blair era una diferencia de estilo más que de contenido. El gobierno Jospin ha seguido con las privatizaciones, cierres y pérdidas de empleo. No es posible aplicar una política en interés de la clase obrera mientras que los bancos y los monopolios sigan controlando la economía. Bajo el capitalismo, no es el gobierno el que dicta la economía sino la economía la que dicta al gobierno. Consiguientemente, Jospin acabó prisionero de las grandes empresas y alejado de una amplia capa de su electorado. De este modo, el "realismo" de los dirigentes reformistas se ha convertido en la peor clase de utopía.
El castigo al Partido Comunista
Incluso más llamativo que la derrota del PS es el colapso del voto del PC. Su electorado claramente ha querido castigar al partido por colaborar con los socialistas en una política que incluía las privatizaciones —por ejemplo en el Transporte, cuyo titular es un ministro del PC—. El Partido Comunista ha conseguido menos del 4%, su peor resultado en la historia. La mayoría de sus votantes han dado su apoyo a los candidatos que se llaman trotskistas.
Que los partidos a la izquierda del PC hayan conseguido un 11% es una indicación clara del creciente potencial para una política revolucionaria en Francia. Es un síntoma del ambiente revolucionario que se está desarrollando entre una capa de los trabajadores y jóvenes avanzados. Esto demuestra hacia dónde se dirige Francia. Desgraciadamente, los dirigentes del PS y el PC —por no mencionar a los dirigentes sindicales— no han comprendido nada de esto.
Naturalmente, los partidos socialista y comunista culpan de su derrota y del avance de Le Pen a la extrema izquierda, en lugar de culpar a su política. En realidad, los resultados demuestran que un frente electoral unido de trotskistas y comunistas podría haber tenido muchas posibilidades de competir en la segunda vuelta (incluso fragmentados han conseguido el 14 por ciento de los votos).
La razón del éxito de Le Pen no está en el hecho de que partidos como Lucha Obrera y la LCR se hayan presentado a las elecciones. Sin embargo, las dos cosas están relacionadas. El voto a los partidos de la extrema izquierda y extrema derecha del espectro político, unido al incremento de la abstención, es una expresión de lo mismo. Es un producto del profundo desencanto de las masas con el orden existente. Es inútil pronunciar discursos sobre las maravillas de la democracia a aquellos que han perdido su empleo en el último período, que no tienen una vivienda para su familia o al pequeño campesino o tendero que ven cómo los bancos y grandes monopolios se quedan con sus negocios. Lo que las masas quieren es un cambio fundamental de la sociedad.
Al entrar en una coalición de gobierno con Jospin, los dirigentes del PC abandonaron completamente cualquier posibilidad de una política independiente. Ahora el PC ha pagado el precio de su oportunismo. La lección es bastante clara. A menos que el PC rompa radicalmente con la política del reformismo y comience a luchar por una verdadera política comunista, se verá abocado a la extinción.
Avance de la reacción
El espectacular avance de Le Pen ha encendido las luces de alarma. El resultado ha provocado conmoción en toda Europa. El Daily Express, un periódico tory británico, publicaba en su portada con grandes letras: "El regreso del fascismo". El mismo tema, en un grado u otro, ha aparecido en muchos periódicos.
En realidad, a pesar de la ruidosa campaña sobre la amenaza a la "democracia", está descartado que Le Pen gane la segunda vuelta. Una encuesta telefónica realizada la misma noche electoral, dice que Chirac ganaría la segunda vuelta con un 78 por ciento frente al 22 por ciento de Le Pen. Muchos votantes socialistas y comunistas, de mala gana, votarán a Chirac. Pero la victoria de Chirac no resuelve nada.
Al pedir a la gente que vote a Chirac, los socialistas y comunistas sólo prepararán el terreno para la victoria de la derecha en las elecciones de junio. Francia podría encontrarse con un presidente y una mayoría de derechas en la Asamblea y el PS y el PC serán los responsables de los resultados.
Para derrotar a la reacción, es necesario destruir las condiciones sociales que la provocan. Para eliminar el racismo, no es suficiente con hacer discursos moralistas sobre la hermandad de los hombres. Es necesario eliminar el de-sempleo, ese terrible cáncer que destruye vidas humanas y crea una generación alienada que busca a alguien a quien culpar de sus problemas y lo encuentra en el llamado problema de la inmigración. Es necesario destruir las casuchas que desfiguran las ciudades de Francia y dar a cada familia una casa decente donde vivir. Es necesaria una reforma real del sistema educativo para garantizar una educación digna para todos. Pero nada de esto es posible con un sistema que pone los beneficios de un puñado de ricas familias por encima de los intereses vitales del pueblo francés.
El inicio de una situación prerrevolucionaria
Paradójicamente, cuando todos chillan por la reacción en Francia, los marxistas vemos las cosas con una luz completamente diferente. Lo que refleja esta situación es el callejón sin salida del capitalismo, su incapacidad para resolver las necesidades más apremiantes de la población. Los resultados electorales no eran los que esperaban los analistas políticos. Pero aquí tenemos la manifestación concreta, en el plano político, de la característica más importante de la situación mundial actual, la extrema inestabilidad a todos los niveles: económico, social, político y militar.
Marx señaló que algunas veces la revolución necesita el látigo de la contrarrevolución. En cuestión de horas, siguiendo las mejores tradiciones del movimiento francés, hubo una explosión espontánea de protesta popular. Las manifestaciones de izquierda contra Le Pen inmediatamente tomaron las calles de París y otras ciudades.
El aumento de los votos de la izquierda y la derecha radicales es un reflejo de una creciente polarización entre las clases. Es un síntoma temprano del desarrollo de una situación prerrevolucionaria en Francia. En las calles de París, Toulouse, Lille y también Marsella, donde hay una gran población inmigrante, los trabajadores y jóvenes de Francia están manifestándose y la policía está respondiendo con balas de goma y gas lacrimógeno. ¡Estos acontecimientos se producen incluso antes de que empiece la campaña de la segunda vuelta!
El movimiento en Francia está aún en sus inicios. Podría continuar durante varios años, con alzas y bajas. Habrá momentos de avance, pero también momentos de derrota, de cansancio, desmoralización e incluso reacción. Pero cada victoria de la reacción sólo será el preludio de nuevas agitaciones. Los acontecimientos actuales en Francia son la prueba viva de esto. Una cosa es cierta: no hay solución posible sobre la base del capitalismo.
La crisis del capitalismo ahora está adquiriendo proporciones verdaderamente globales. Hemos visto la primera huelga general en Italia en veinte años, millones de trabajadores salieron a las calles de todas las ciudades italianas. El gobierno de derechas de Berlusconi de repente se encontró frente al abismo. Si la derecha gana en Francia debido al fracaso del reformismo, eso sólo abrirá un nuevo capítulo tormentoso en el proceso revolucionario que ahora ha comenzado en toda Europa.
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