|
El movimiento de regreso al capitalismo rápidamente conllevó la pérdida de todas las conquistas del pasado, y de nuevo llevó a las mujeres a una situación de miserable esclavitud en el nombre hipócrita de la familia. Las mujeres han soportado la mayo
El movimiento de regreso al capitalismo rápidamente conllevó la pérdida de todas las conquistas del pasado, y de nuevo llevó a las mujeres a una situación de miserable esclavitud en el nombre hipócrita de la familia. Las mujeres han soportado la mayor parte de la carga de la crisis. Fueron las primeras en perder su empleo, las mujeres hace unos años representaban el 51% de la fuerza laboral rusa y el 90% de las mujeres trabajaban, por eso el aumento del desempleo ha hecho que más de 70% de los parados rusos sean mujeres, en algunas zonas la cifra alcanza el 90%.
El colapso de los servicios sociales y el aumento del desempleo, ha hecho desaparecer sistemáticamente para la mujer todos los beneficios de la economía planificada. El incremento del paro condenará a muchas más personas a la pobreza en Rusia que en Occidente, porque muchos de los beneficios sociales en Rusia los proporcionaban directamente las empresas: “El desempleo todavía implica un profundo estigma en Rusia. Sólo dejó de ser un crimen en 1991. Aquellos que no tiene un empleo se enfrentan a la amenaza de la pobreza absoluta. El subsidio de paro equivale al salario mínimo —14.620 rublos mensuales—, un tercio del nivel oficial de subsistencia y una séptima parte aproximadamente del salario medio. Los parados normalmente se encuentran en una situación bastante peor de lo que dicen las cifras, porque son las empresas y no los ayuntamientos, las que proporcionan la mayoría de los servicios básicos —sanidad, educación y transporte—, y por lo tanto estos servicios sólo están disponibles para los que tienen un empleo” (The Economist, 11/12/93).
Durante el régimen zarista el salario de las mujeres era un 70% inferior al de los hombres, ahora es un 40% inferior. Si mantener a la familia con un salario ya era bastante difícil en la antigua Unión Soviética, ahora, con el aumento de la pobreza, es prácticamente imposible. Las mujeres son las principales víctimas de este régimen reaccionario. La prostitución ha aumentado, las mujeres venden su cuerpo para sobrevivir y conseguir dinero, sobre todo se venden a los “nuevos ricos” y a los extranjeros. En muchos casos la mafia las exige un 20% de lo que ganan. En las revistas occidentales, las mujeres rusas se anuncian junto a las mujeres del Tercer Mundo y se ofrecen como esposas a los extranjeros. La esclavitud humillante que sufren las mujeres rusas, las ha reducido a una simple mercancía.
El 10 de febrero de 1993, el entonces Ministro de Trabajo, J. Melikyan, anunció la solución del gobierno para el problema del desempleo. En un lenguaje similar al de los políticos burgueses occidentales de derechas, señaló que no veía la necesidad de implantar programas especiales para ayudar a que las mujeres regresaran al mundo laboral. “¿Por qué deberíamos dar un empleo a las mujeres, si los hombres están parados o se benefician del subsidio de desempleo?. Dejemos que los hombres trabajen y que las mujeres cuiden el hogar y los hijos”. En el pasado este lenguaje habría sido impensable y ahora es algo normal y aceptable. En esta cuestión es donde se puede ver con mayor claridad la verdadera cara de la contrarrevolución capitalista, un retroceso monstruoso a los días de la esclavitud zarista en los que todo esclavo debía permitir que el ‘señor’ disfrutara de su esposa e hijas.
Esta situación no sólo ocurre en Rusia. En la antigua República Democrática Alemana (RDA), nueve de cada diez mujeres trabajaban a tiempo completo. El trabajo para la mujer era un derecho. Para que las mujeres pudieran combinar el trabajo y la familia, el Estado proporcionaba guarderías y escuelas gratuitas para todos los niños. En la actualidad han desaparecido todas estas conquistas de la economía nacional planificada. Ya no existen las guarderías gratuitas. Después de la unificación alemana, desapareció un tercio del empleo femenino, sobre todo en el sector público, textil y agricultura. “Durante los últimos años la tasa de paro femenina en Alemania Oriental ha estado en torno al 20%, cinco puntos por encima de la tasa masculina, y dos veces por encima de la tasa, tanto de hombres como de mujeres, de Alemania Occidental. La mujeres de Alemania Oriental privadas de su capacidad de ganar dinero (y del sistema público de guarderías), han reducido el número de hijos. En 1989 la tasa de nacimientos en el Este era de 1,56 hijos por mujeres, ahora es inferior, menos de un hijo por mujer”. |