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La crisis del capitalismo se manifiesta en la existencia de altas tasas de desempleo incluso en periodos de auge económico. El paro afecta a las mujeres y a los jóvenes más seriamente que a otros sectores de la sociedad. Las tasas oficiales de desemp
La crisis del capitalismo se manifiesta en la existencia de altas tasas de desempleo incluso en periodos de auge económico. El paro afecta a las mujeres y a los jóvenes más seriamente que a otros sectores de la sociedad. Las tasas oficiales de desempleo femenino en la mayoría de los países están por encima de la media.
Estas cifras subestiman la verdadera situación ya que excluyen a un gran número de mujeres que han perdido toda esperanza de encontrar un empleo y por lo tanto no visitan las oficinas de desempleo. La “flexibilización del empleo” afecta más a las mujeres. La mayoría de las mujeres están condenadas a ganar un salario inferior y a trabajar en unas condiciones laborales peores. Su situación ha ido de mal en peor. La extensión incontrolada del trabajo a tiempo parcial y temporal, en teoría más conveniente para las mujeres, es la excusa ideal para aplicar estas condiciones laborales a los sectores más indefensos de la sociedad:
“En EEUU, que disfruta de un auge económico y tiene un mercado laboral ajustado, las mujeres, para muchos empresarios, son un regalo del cielo. Es más barato emplear a mujeres, están más dispuestas a ser flexibles y suelen protestar menos por las malas condiciones de trabajo. Muy pocas están afiliadas a un sindicato. Pero la única sorpresa es que a pesar de todo esto, la tasa de paro femenino en EEUU no es inferior a la masculina” (The Economist, 18/7/98).
“Muchas se encuentran en lo que llaman los economistas laborales ‘empleo atípico’, el que mejor se ajusta a la industria de servicios: tiempo parcial, contrato temporal, horarios irregulares o poco comunes y con contratos base. Algunas están sin asegurar y muchas tienen salarios muy bajos. Las mujeres, ansiosas por encontrar una forma de combinar el trabajo con la familia, están dispuestas a ser más flexibles y se adaptan mejor que los hombres a esta nueva forma de trabajar” (Ibid.).
Los trabajos a tiempo parcial se extienden por todas partes. Para muchas mujeres, esta es la única forma que las permite combinar el trabajo y la familia. Esto les va bien a los empresarios porque pueden tratar a sus empleados como les gusta, pueden presionarlos para obtener un mayor rendimiento laboral a cambio de un salario de miseria. Ahora han aparecido nuevas variantes. La última es el trabajador “contingente”: en esencia, alguien que no espera que le dure mucho el empleo. Estos trabajadores trabajan en una amplia gama de industrias, o se les contrata temporalmente o están a disposición de la empresa para cuando ésta les llame. En EEUU las cifras últimas del Departamento del Trabajo sitúan la cifra en torno a los 5,5 millones de trabajadores, más de la mitad son mujeres. Estos trabajadores ganan menos que el resto de trabajadores y a menudo no tienen ningún derecho social.
La versión alemana se llama “empleo secundario” y muchos economista reconocen que crece a pasos de gigante. El gobierno exime a estros trabajadores que ganan menos de 340 dólares mensuales de pagar impuestos, pero a cambio, no tienen derecho a pensión ni subsidio de desempleo. Se calcula que cuatro millones de trabajadores trabajan en los “empleos secundarios”.
“Debido a las responsabilidades familiares, las mujeres por regla general hacen menos horas en sus empleos que los hombres, por eso ganan bastante menos que los hombres. En el conjunto de la Unión Europea, aproximadamente un tercio de todas las mujeres asalariadas trabajan menos de 35-40 horas semanales, (aunque esa media encubre grandes diferencias ver tabla), entre los hombres la proporción de trabajadores a tiempo parcial es del 5%, y la mayoría son estudiantes o jubilados. En EEUU, la proporción de mujeres trabajando a tiempo parcial es más pequeña que en Europa. Pero mayor en proporción con los hombres. Las cifras japonesas son similares a las europeas, pero muchas de las trabajadoras a ‘tiempo parcial’, en la práctica trabajan las mismas horas que a tiempo completo; aunque ganan menos que los trabajadores a tiempo completo. En todas partes, el tiempo parcial a menudo equivale a una ‘segunda clase” (The Economist, 18/7/98). |