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Inmigrantes sin papeles PDF Imprimir E-Mail
escrito por John Peterson   
jueves, 27 de abril de 2006
La multitud se extendía más allá de lo que podía alcanzar la vista y oleadas de aplausos se podían oír entre las miles de coloridas pancartas y banderas en un bramido que aparentemente no se podía detener. El ambiente de celebración era interrumpido por cánticos militantes, música de mariachis, tambores aztecas y gaitas irlandesas que llenaban el aire. Esta es la escena que en un grado u otro se ha repetido a través de EEUU durante las últimas semanas, cuando millones de inmigrantes y trabajadores tomaron las calles en las movilizaciones sociales más masivas en décadas.

Las manifestaciones y las marchas se han venido sucediendo en docenas de ciudades de todo el país desde principios de año. Pero realmente fueron noticia cuando en Chicago se juntaron 500.000 personas y en Los Ángeles más de un millón. Inspirándose en estas manifestaciones inesperadas e históricas, millones de trabajadores indocumentados salieron a la calle en una oleada de movilizaciones los pasados días 9 y 10 de abril: 40.000 en St. Paul; 5.000 en San Francisco; 30.000 en Madison; 3.000 en Providence; 5.000 en St. Louis; 25.000 en Seattle; 75.000 en Ft. Meyers; 500.000 en Dallas (una ciudad con 1,2 millones de habitantes) y centenares de miles más en ciudades grandes y pequeñas, al este y al oeste, al norte y al sur. En varias ciudades participaron los estudiantes de secundaria con sentadas y también algunas facultades han visto una amplia participación estudiantil, incluida UC Berkeley, el semillero del movimiento contra la guerra de Vietnam en los años sesenta.

Estas manifestaciones de masas han sido organizadas fundamentalmente por una coalición de organizaciones por los derechos de inmigrantes, además de activistas obreros y comunitarios. Los medios de comunicación hispanos también han jugado un papel vital en la movilización de este número de personas, pero sólo ha podido suceder por que sus llamamientos a la participación encontraban un terreno abonado que permitían estos resultados tan espectaculares. Y aunque la mayoría de los inmigrantes en las calles eran hispanos, también había miles de inmigrantes de todas las partes del mundo, muchos de ellos movilizándose a favor de la reunificación familiar.

Explotación y racismo

Aunque estas manifestaciones parecen que han estallado de la nada, las contradicciones sociales, económicas y políticas que han creado el escenario para este movimiento de masas llevan décadas acumulándose debajo de la superficie de la sociedad norteamericana. Durante generaciones, millones de inmigrantes de todo el mundo, sobre todo de América Latina, han vivido en las sombras de la sociedad estadounidense, trabajando duro para conseguir un nivel de vida decente para ellos y sus familias. Lejos de ser “criminales” o “terroristas” como pretenden los medios de comunicación de derechas, los trabajadores inmigrantes están entre los que trabajan más duro y que más sufren del planeta. Sus familias dependen del dinero que pueden enviar a su país de origen y por eso a menudo no quieren problemas.

La ley propuesta por Sensenbrenner es una batería de medidas reaccionarias que criminalizarían a millones de trabajadores indocumentados y a cualquiera que se atreva a ayudarles. El simple hecho de dar a un inmigrante indocumentado un vaso de agua después de caminar días por el desierto podría ser castigado con la cárcel. La ley también prevé la construcción de un muro que separe la frontera con México y la deportación obligatoria de millones. Esta ley arrogante y racista fue la “gota que colmó el vaso”.

Ahora intentan buscar soluciones de “compromiso”. Pero ninguna de las propuestas se ha consultado con los trabajadores inmigrantes, sus familias o con el movimiento obrero en general. Programas de “trabajador invitado” o “en camino de la ciudadanía”, son algunos de los intentos de dividir a los trabajadores inmigrantes basándose en el tiempo que llevan en EEUU. No es sorprendente que algunos empresarios se opongan a esta legislación draconiana que amenaza su fuente de mano de obra barata. Muchos empresarios apoyan la presencia de trabajadores inmigrantes en el país porque sin ellos muchas industrias no funcionarían. Los inmigrantes permiten a los empresarios extraer mayores beneficios de toda la clase obrera, imponiendo la competencia entre trabajadores “con documentos” y “sin papeles”, presionando a la baja los salarios en una economía donde es difícil encontrar un empleo. La ausencia de protecciones legales contra los salarios bajos o impagados, las condiciones laborales inseguras, las malas condiciones de la vivienda, hace que los trabajadores sin papeles sean víctimas de la superexplotación y aumenten los beneficios. Enfrentando entre sí a los trabajadores, los empresarios pueden desviar nuestra atención del problema real: un sistema económico que pone los beneficios antes que las personas.

La base del movimiento por los derechos de los inmigrantes tiene una perspectiva obrera debido a su aplastante composición obrera. La comunidad inmigrante está formada por millones de trabajadores que hacen los trabajos más difíciles y tediosos del país. Según el AFL-CIO, los accidentes laborales entre los trabajadores extranjeros han aumentado un 46% entre 1992 y 2002.

Se calcula que once millones de trabajadores inmigrantes viven en EEUU sin papeles, ellos forman la principal columna vertebral de la economía norteamericana: como trabajadores agrícolas rompiéndose la espalda en los cultivos, como asistentas y conserjes en hoteles y complejos de oficinas, como empaquetadores de carne, en las fábricas, en la construcción, en las cocinas y comedores de los restaurantes.

‘Gran paro nacional’

El movimiento por los derechos de los inmigrantes está entrando en una nueva etapa y decisiva. Comenzando por un llamamiento a la acción en Los Angeles, se ha convertido en un movimiento por un “gran paro nacional” para demostrar el poder económico de los trabajadores inmigrantes y sus familias-. En muchos centros de trabajo se han formado comités para que no se trabaje el 1 de mayo, esto ya está provocando despidos. El ambiente entre muchos es de desafío a los empresarios que intenten evitar que no sigan adelante con ello. Muchos saben que si pierden sus empleos a las pocas semanas podrían ser deportados, pero han comenzado a tomar el destino en sus manos y están decididos a seguir adelante sin que nadie les pare.

El efecto del paro laboral del 1 de mayo puede ser muy poderoso. En algunas industrias de servicios la gran mayoría de los trabajadores son inmigrantes, la ausencia de estos trabajadores se dejaría notar. En algunos hoteles el 90% de las camareras son hispanas. Se calcula que a escala nacional, uno de cada tres trabajadores de restaurantes no tiene papeles. The Wall Street Journal daba la siguiente información: Según el Pew Hispanic Center, de los 1,5 millones de trabajadores de la industria hotelera, 150.000 no tienen papeles. En la manufactura alimenticia, de los 1,5 millones de trabajadores 210.000 no tienen papeles. Hay 1,2 millones de trabajadores en el sector de jardines, de éstos 300.000 no tienen papeles. El boicot a las empresas de venta al por menor el 1 de mayo también tendría su impacto económico, se espera que millones de trabajadores inmigrantes participen además de otros muchos en solidaridad con ellos.

Unidad de clase

Muchos sindicalistas e incluso sindicatos locales han apoyado el movimiento por los derechos de los inmigrantes, especialmente en la industria de servicios. Muchos militantes están apoyando totalmente el paro y se han manifestado en contra de las principales propuestas debatidas en el Congreso, en particular el sistema de dos clases que relegaría a los “trabajadores invitados” a permanentes ciudadanos de segunda clase.

En muchas ciudades la energía de las masas ha barrido a un lado a la dirección tradicional del movimiento por los derechos de los inmigrantes y cada vez más la base es la que está poniendo el ritmo al movimiento, con la aparición de nuevos dirigentes y portavoces.

Los hispanos son la minoría más grande del país, millones están entre los trabajadores más oprimidos de la sociedad norteamericana. Estos trabajadores están destinados a jugar un papel de dirección en la lucha de la clase obrera para cambiar la sociedad. Los únicos aliados de los trabajadores sin papeles son el resto de los trabajadores. Por eso es necesario vincular su lucha por los derechos de los inmigrantes con los otros movimientos sociales y luchas que se están desarrollando en el país, incluido el movimiento contra la guerra y sobre todo el movimiento obrero. ¡En la unidad de los trabajadores está la fuerza!

Las manifestaciones de masas por los derechos de inmigración de estas últimas semanas son sólo una prueba de lo que va a ocurrir con otros sectores de la sociedad estadounidense. Desde Tierra del Fuego hasta Alaska, la clase obrera unida va a cambiar este continente y pondrá fin a la miseria de la explotación de una vez por todas.