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martes, 15 de noviembre de 2005
La mayoría de los grandes partidos de la izquierda que hoy conocemos, se declararon marxistas o revolucionarios en sus inicios. Sin embargo, estas organizaciones no viven en el vacío. La sociedad capitalista ejerce una enorme presión sobre ellas, ten La mayoría de los grandes partidos de la izquierda que hoy conocemos, se declararon marxistas o revolucionarios en sus inicios. Sin embargo, estas organizaciones no viven en el vacío. La sociedad capitalista ejerce una enorme presión sobre ellas, teniendo un efecto sobre todo en sus direcciones. En la mayoría de los casos, los dirigentes de las organizaciones sindicales y políticas de la clase trabajadora no tienen ni la más remota perspectiva de la transformación socialista de la sociedad. Eso ha llevado a la aceptación del capitalismo como lo único posible, con todo lo que ello implica en la práctica política y sindical. Por ejemplo, apenas hay diferencias entre la política económica de gobiernos de derechas y socialdemócratas. Los dirigentes sindicales, salvo cuando hay una fuerte presión por abajo, tienden a aceptar todos los ajustes como “lógicos” dado que son “necesarios” para mantener los beneficios empresariales.

Pese a todo, son inevitables grandes convulsiones en el futuro. Nuevas capas de trabajadores y de jóvenes despertarán a la actividad y a la búsqueda de ideas con las que dar sentido y perspectiva a la lucha. Lo normal es que los trabajadores se orienten hacia las organizaciones y los movimientos más conocidos y con más tradición, lo que provocará enormes tensiones con todos aquellos sectores de la dirección que se empeñen en sus hábitos y mentalidad conservadora, dando lugar a crisis y nuevos reagrupamientos en el movimiento obrero y sus organizaciones. Los partidos y sindicatos de la clase obrera no son propiedad de sus dirigentes. Los trabajadores y la juventud intentarán recuperar estos instrumentos para lo que realmente fueron creados: para luchar contra la explotación capitalista y por una sociedad mejor. En ese empeño las ideas del genuino marxismo, las ideas verdaderamente revolucionarias, tendrán la posibilidad de jugar un papel determinante en el movimiento obrero y sus organizaciones.

La defensa de las ideas revolucionarias, lógicamente, implica tareas prácticas, implica intervención en el movimiento real, en las luchas, en el debate allí donde se produzca. Y esa lucha hay que llevarla adelante ahora mismo. Los trabajadores y jóvenes agrupados en El Militante tenemos una historia de treinta años construyendo una alternativa marxista revolucionaria en el movimiento obrero y juvenil del Estado español. Somos parte de una corriente internacional que defiende el mismo programa en todo el mundo, un programa basado en las ideas de Marx, Engels, Lenin y Trotsky.