|
Desde que el movimiento obrero de este país consiguiera infringir una derrota al gobierno del PP —a pesar de su mayoría absoluta—, con la magnífica huelga general del 20-J de 2002, la patronal ha reaccionado intensamente contra los derechos democráti
Desde que el movimiento obrero de este país consiguiera infringir una derrota al gobierno del PP —a pesar de su mayoría absoluta—, con la magnífica huelga general del 20-J de 2002, la patronal ha reaccionado intensamente contra los derechos democráticos de los trabajadores. Ha reprimido con despidos, sanciones disciplinarias y todo tipo de medidas de acoso y derribo contra los trabajadores más combativos de las empresas. Ha actuado contra trabajadores, incluso, por el simple hecho de estar afiliado a un sindicato, y en muchas ocasiones de forma totalmente arbitraria, para tener amedrentada a toda la plantilla de la empresa.
De hecho todavía hoy en día hay trabajadores que están pagando las consecuencias de la represión por haber participado en la huelga general del 20-J de 2002. Por supuesto, hablo de los que “sobrevivieron” a la enorme cantidad de trabajadores que fueron despedidos por dicha causa. Además, con la derrota electoral del PP el 14-M de 2004 y su posterior política de acoso y derribo contra el gobierno, movilizando a los sectores más reaccionarios del Estado y de la sociedad, se ha acentuado la polarización política y social, una situación que no es ajena a la política represiva patronal en los centros de trabajo.
Castigo ejemplar
Se están dando casos tan escandalosos como el de una empresa de colchones de la provincia de Valencia en la que el empresario coaccionó, uno por uno, a todos los trabajadores de la empresa para que votaran a favor de la destitución del comité de empresa. El día que se votó la destitución se personaron en la empresa miembros del comité junto con representantes sindicales pero no pudieron entrar en la misma, ni siquiera con la presencia de dos guardias civiles que acudieron a petición de los sindicalistas por las coacciones y amenazas que se estaba haciendo a puerta cerrada en la empresa. Finalmente se destituyó al comité, que fue despedido al día siguiente, y además la empresa despidió a prácticamente todos los trabajadores que votaron en contra de la destitución.
Este es un ejemplo de que muchas empresas, para poder mantener sus sacrosantos beneficios, no pueden permitir que los trabajadores ejerzan el más mínimo derecho democrático que sirva para intentar frenar la explotación a base de trabajar más horas y mayor ritmo de trabajo. Esa situación objetiva le lleva a la empresa a “dejarse de tonterías” y reprimir muy duramente, de forma ejemplar, de manera que “el que se mueva no sale en la foto”.
Encerronas
Otro “crimen perfecto” que suelen hacer, especialmente los grandes centros comerciales, consiste en amenazar, acosar y/o coaccionar con el fin de que los trabajadores presenten bajas voluntarias. Se hacen “encerronas” con el trabajador a solas —con cuantos más jefes mejor, y algún representante de algún sindicato amarillo como FETICO— normalmente amenazando con denunciar penalmente por robo o hurto de algún producto, aprovechándose de que a pesar de que el trabajador sea inocente, tienen cierta facilidad para presentar pruebas falsas. De hecho los trabajadores que se han atrevido a denunciar, acudiendo a la justicia burguesa, normalmente suelen perder los juicios por falta de pruebas, acarreándoles después acusaciones y juicios por delitos de denuncia falsa, injurias y demás, teniendo las de perder ante unos jueces mayoritariamente proburgueses y corruptos.
Éste es sólo un botón de muestra de lo que está ocurriendo en las empresas, que es una verdadera dictadura represiva de la patronal, pisoteando los más mínimos derechos de los trabajadores. Ni qué decir tiene la existencia de la esclavitud de los trabajadores inmigrantes, que por no tener papeles, trabajan como esclavos durante meses. El empresario, a parte de maltratarles, a veces incluso estafarles con los alquileres de vivienda y demás, no les paga amenazándolos con la idea de que si le denuncian serán expulsados del país.
Más sanciones y
menos conciliaciones
En las estadísticas de la web del Ministerio de Trabajo se puede observar el incremento de la lucha de clases y de la represión en los centros de trabajo, con una mayor radicalización de las huelgas. En el año 2004, a pesar de ser menos numerosas, y afectar a menos trabajadores, hubo un aumento de las jornadas perdidas en huelga del 464,70% respecto a 2003, y un claro decrecimiento de conciliaciones por despidos disciplinarios o sanciones (un 45% menos conciliaciones por sanciones en 2004 respecto a 2003, y un 20% más de sanciones en el mismo periodo). ¡No podemos permitir que los empresarios pisoteen a los trabajadores de esta manera sin respuesta, no debe haber ningún despido sin respuesta unitaria y contundente de los trabajadores con movilizaciones, huelgas y demás acciones! ¡Es necesaria una acción sindical combativa y más organización! ¡Hay que participar en los sindicatos de clase y transformarlos en instrumentos de lucha capaces de parar esta ofensiva! |