Corriente Marxista Internacional

La crisis general del capitalismo está expresándose en inestabilidad general en todas partes. Pero en ninguna ha tenido unos efectos tan desestabilizadores como en Oriente Medio, como podemos ver en los acontecimientos de Cisjordania y Gaza. La crisis general del capitalismo está expresándose en inestabilidad general en todas partes. Pero en ninguna ha tenido unos efectos tan desestabilizadores como en Oriente Medio, como podemos ver en los acontecimientos de Cisjordania y Gaza.

La desenfrenada violencia desplegada por el ejército israelí, tiene pocos paralelos, incluso en la historia empapada en sangre de Palestina. La mayoría de las víctimas son civiles, disparan contra todo aquello que se mueve, asesinando y mutilando a hombres, mujeres y niños. El 8 de abril, el ejército israelí extendió sus operaciones a Cisjordania, entró en los pueblos en búsqueda de milicianos palestinos y de armas. La peor matanza tuvo lugar en el campo de refugiados de Yenín y en la vieja ciudad de Nablús, dos baluartes de las milicias palestinas. En Yenín el ejército israelí ha arrasado edificios en busca de luchadores palestinos; los helicópteros han disparado un misil tras otro a las mezquitas; las ametralladoras palestinas e israelíes han barrido un campo que sirve de hogar para 13.000 refugiados. Las milicias palestinas se han defendido con gran valor. En una emboscada perdieron la vida trece soldados israelíes.

Bombas suicidas

Bush, que está dispuesto a bombardear y asesinar gente cuando le conviene, ahora hace avisos severos a ambas partes para que pongan "fin a la violencia". Pero se ha olvidado de un pequeño detalle: la Intifada es una guerra contra la ocupación por Israel de las tierras palestinas. Por lo tanto, por parte de los palestinos es una guerra justa, mientras que por parte de Israel, es una guerra para ocupar una tierra que no le pertenece y perpetuar la opresión de un pueblo por otro. Intentar situar a ambas partes al mismo nivel es pura hipocresía y en la práctica es ayudar al opresor frente al oprimido.

Ésa es la esencia de la cuestión, su verdadero contenido. Pero después del contenido viene la forma. Es verdad que algunos de los métodos utilizados por los palestinos en su lucha contra el imperialismo israelí implican el asesinato indiscriminado de civiles son espantosos. Pero es necesario hacer una pregunta: ¿Qué lleva a una joven de dieciocho años a volarse en un supermercado?

La postura del marxismo sobre el terrorismo individual está clara. Condenamos totalmente los ataques terroristas del 11 de septiembre porque eran un acto inútil de asesinato de masas que sólo ayudó a la reacción y al imperialismo en todo el mundo. Pero no podemos comparar cada acto en el que un joven palestino destruye su vida en una situación desesperada, al fanatismo religioso y la mentalidad cruel que desplegaron los terroristas que estrellaron los aviones contra el World Trade Center el día 11 de septiembre.

Dicen que las tácticas utilizadas por los suicidas palestinos son brutales e inhumanas. Estamos de acuerdo, y no son las tácticas que nosotros defendemos para una lucha de liberación. Pero, en primer lugar, los palestinos están librando una guerra defensiva —una guerra de liberación nacional contra una fuerza ocupadora extranjera—. En segundo lugar, el terrorismo en una lucha de liberación nacional, es el arma del débil contra el fuerte. En esta lucha, todas nuestras simpatías están con el débil frente al fuerte, con el oprimido frente al opresor, con David frente a Goliat.

Sí, algunos de los métodos utilizados son brutales e inhumanos. Pero también son las tácticas de la desesperación. ¿Y qué ha llevado a los palestinos a la desesperación? Sólo el comportamiento brutal e inhumano de los imperialistas israelíes que han ocupado por la fuerza las tierras palestinas, donde están sembrando el terror.

Los engaños de Sharon

Sharon, como es habitual, respira fuego y azufre. Cada vez es más evidente que no tiene una estrategia o perspectiva claras. Tiene una visión muy primitiva de la política, y a menudo se deja guiar por su instinto de soldado. Y sus instintos son apoderarse de Cisjordania y Jerusalén, y para tal propósito, debe utilizar las balas, el puño y la bota militar. Desgraciadamente para él, esta política, lejos de acabar con la insurrección palestina, está teniendo el efecto contrario.

Realmente nadie puede asegurar cuáles son los verdaderos objetivos de la guerra de Sharon. Puede decir una cosa a su gabinete, otra distinta a los estadounidenses y aplicar una tercera política sobre el terreno. En realidad, no tiene una idea clara de hacia dónde va. Él no dicta los acontecimientos, sólo reacciona ante ellos de la una única forma que sabe. Siendo ministro de Defensa en 1982 fue el arquitecto de la calamitosa guerra de Israel en el Líbano que terminó con una terrible masacre de palestinos. Sharon ha declarado recientemente que sólo se lamenta de no haber asesinado entonces a Arafat. Y ahora únicamente se lo ha impedido la presión exterior.

Sharon ha calculado mal. La despiadada carnicería de Israel no ha debilitado a Arafat. Le ha fortalecido y convertido en un héroe nacional y en un símbolo. Y tampoco tendrá el efecto de obligar a la dirección palestina a suavizar sus posturas y aceptar un acuerdo. La masacre de civiles palestinos le obligará a endurecer sus condiciones para aceptar un alto el fuego. Al destruir sistemáticamente el débil aparato de la Autoridad Palestina, Sharon ha hecho imposible para esta última luchar contra sus militantes.

En lugar de romper el espíritu los palestinos, el ataque israelí sólo ha aumentado el ambiente de furia y amargura, sembrando las semillas para nuevos actos desesperados de venganza.

Las acciones de Sharon son completamente contraproducentes. Él exige el cese completo de toda la violencia como una condición previa para poner fin a su ofensiva, pero Arafat no puede correr el riesgo de pedir un alto sin nada con que pagar todos los sacrificios de su pueblo. La perspectiva de la paz está más lejos que nunca.

Los dirigentes palestinos todavía miran a los imperialistas para que les saquen las castañas del fuego. Arafat espera que el final de la orgía de violencia venga de una intervención exterior. Ha puesto todas sus esperanzas en un cambio de actitud en EEUU. Sueña con que los pacificadores internacionales le salven y presionen a Israel para que llegue a un acuerdo, posiblemente en las líneas del plan propuesto por Arabia Saudí. Este ofrecería la paz a Israel a cambio de su repliegue a las fronteras anteriores a 1967.

Washington no tiene nada contra este acuerdo. Después de todo, no es su territorio, así que, perfectamente, pueden ser generosos. Están preocupados por los efectos del conflicto en Oriente Medio y, particularmente, con el futuro de los regímenes árabes pro-estadounidenses como el de Egipto, Jordania y Arabia Saudí. Pero Sharon tiene otras ideas. Este reaccionario rabioso está en contra de cualquier acuerdo, su lev motiv es el siguiente: lo que tenemos nos lo quedamos.

Estados Unidos e Israel

El actual inquilino de la Casa Blanca —que nunca ha sido un modelo de coherencia— se está distinguiendo por lanzar señales muy confusas. Sin embargo, en esta ocasión, las limitaciones intelectuales de George W. Bush no son responsables de la confusión.

EEUU se enfrenta a un serio dilema en Oriente Medio. Por un lado, Israel es su único apoyo firme en la región. Por otro lado, las acciones brutales de los israelíes contra los palestinos amenazan con desestabilizar toda la región, donde EEUU tiene intereses estratégicos y económicos vitales. ¡No es de extrañar que el pobre George sea más incoherente que nunca!

No es la primera vez que los intereses de Washington y Tel Aviv son contradictorios. Pero Sharon sabe que tiene un as en la manga. EEUU no se atreve a romper las relaciones con Israel.

La crisis ha puesto a Bush en un profundo dilema. Dentro de sus planes de "guerra global" contra el terrorismo tiene puestos sus ojos en Irak. Pero Sadam Hussein ha utilizado cuidadosamente la cuestión palestina para construir puentes con los saudíes y otros regímenes árabes "moderados". La coalición antiterrorista que tanto le costó reunir después del 11 de septiembre, ahora está en ruinas. Si continúa con su plan de atacar a Irak, ni un solo régimen árabe le apoyará.

En un intento de calmar a la opinión pública árabe, Washington ahora dice que apoya la creación de un Estado palestino. Arafat se agarra a esto como un clavo ardiendo. Pero se trata de un engaño evidente. En las actuales condiciones, este Estado sólo podría existir con el permiso de los israelíes, que se asegurarían su control.

Los cálculos estadounidenses inmediatamente se han encontrado con una serie de obstáculos. Por parte palestina, el baño de sangre y violencia ha provocado un endurecimiento de las posturas, y no lo contrario. En cuanto a Sharon, es el campeón de los colonos judíos en Cisjordania, que odian incluso los acuerdos de Oslo.

El peligro de un conflicto más amplio

Napoleón dijo que la ecuación sangrienta de la guerra era la más complicada de todas. La última aventura militar de Israel tendrá consecuencias inimaginables. The Economist (6 de abril) avisa:

"Esto podría encender la frontera de Israel con el Líbano y desestabilizar países árabes, como Egipto y, especialmente, Jordania, que habían firmado la paz con el Estado judío. Podría provocar la retirada permanente de la oferta de paz ofrecida en la cumbre de Beirut. (...) Más allá de esto la ‘operación muro de defensa’, con toda seguridad, no conseguirá cumplir sus objetivos declarados. Uno de ellos es desarraigar la ‘infraestructura’ terrorista de los palestinos. Pero ésta consiste principalmente en una oferta de hombres y mujeres amargados dispuestos a matar y a ser asesinados por la causa palestina; y después de la carnicería de Israel, la amargura sólo puede ir en aumento".

Los representantes más avispados del capital comprenden las cosas muy bien desde el punto de vista de su clase, de la misma forma que los marxistas desde el nuestro. Lejos de "derrotar al terrorismo", los actos de Sharon sólo servirán para inflamar la situación aún más. Se convertirá en el sargento recluta más eficaz de nuevos voluntarios para ataques suicidas. Incluso los niños ahora hacen cola para unirse a las filas de los "mártires". Esto es el fruto de las acciones criminales contra el pueblo palestino.

Con sus actos, Israel está desestabilizando toda la región. Tel Aviv ha anunciado la llamada a filas de reservistas en el norte del país después de que Hezbolá —la milicia con base en el Líbano— lanzara cohetes y fuego de mortero el pasado 7 de abril, en el que resultaron heridos siete soldados israelíes. Esto sugiere la apertura inminente de un segundo frente de guerra con los palestinos para Israel. Pero las cosas puede que no terminen ahí. Debido a su implicación en el Líbano, Siria podría volver a entrar en el conflicto. Israel ya ha apelado a Washington y a las Naciones Unidas para que Siria y Líbano frenen a Hezbolá, advirtiendo que podría llevar a lo que Sharon llama "estallido muy grande de las hostilidades".

Sharon también culpó a Irán de desplegar katyushas en el sur del Líbano, alegan que los Guardias Revolucionarios iraníes estaban activos en la región y acusó a Siria de dar la ayuda "sin la cual no se habrían producido los disparos". Este es un intento de enfrentar a EEUU e Irán y que ha sido descrito como "terrorismo de Estado" por Washington.

El camino para la paz en Oriente Medio está bloqueado con obstáculos inconmensurables. Toda la situación está fuera de control. No se puede excluir que pueda llevar a una guerra general. Los regímenes árabes temen esta perspectiva como el diablo teme el agua bendita. Pero según pasan los días, la visión de las masacres y el caos en Palestina aumentan la indignación de las masas árabes. No hay un solo régimen estable en toda la región. Ha habido manifestaciones en un país árabe tras otro. En Amman, varios ministros del gabinete jordano tuvieron que unirse a la manifestación por su propia supervivencia. The Economist avisaba:

"Los ricos gobernantes del Golfo están seguros en sus tronos, pero Mubarak y el rey Abdulá de Jordania, dependen de la ayuda estadounidense para apuntalar su regímenes. Ahora se encuentran presionados por la administración Bush y el temor a la furia de su propio pueblo. El descontento es especialmente grave en Jordania. Dos tercios de su población son de origen palestino y la mayoría están en contacto diario con sus parientes en los territorios ocupados, que ahora son asediados en sus casas. Los egipcios tienen menos contactos emocionales con Palestina, pero algunos analistas temen que los problemas económicos, que han minado la confianza pública en el gobierno, lleguen a un punto en el que cualquier incidente serio pueda extender la chispa de la rebelión general". Este artículo plantea las cosas con mucha claridad.

Un diálogo de sordos

La administración Bush, temerosa de una conflagración general en Oriente Medio, ahora pide a Israel que anuncie una congelación inmediata de la construcción de asentamientos colonos, como una forma de aumentar las perspectivas de un alto el fuego. Pero con la composición actual de la coalición en Tel Aviv no hay perspectiva de negociación relacionada con los colonos judíos, y sin esto, no hay solución posible.

Sharon ha empujado a la coalición de gobierno aún más a la derecha, ha metido en ella al Partido Religioso Nacional (PRN) y al pequeño Partido Gesher. La intención es reducir su dependencia del Partido Laborista, que, como portavoz de Washington, no puede apoyar siempre la política beligerante de Sharon. El dirigente del PRN, Effi Eitam, se opone a cualquier soberanía palestina sobre el río Jordán y ha pronosticado la "expulsión" definitiva de los palestinos fuera del país. Incluso habla de las mezquitas en el Templo de la Montaña como un "sacrilegio de proporciones universales".

Los dirigentes laboristas cada día tienen más presión de su base para que abandonen la coalición. Esto podría provocar una crisis de gobierno, porque el PRN y el Gesher podrían dar a Sharon y sus aliados de centro derecha 59 de los 120 escaños de la Kneset (Parlamento). Pero hay un tercer partido derechista, la Unión Nacional de Israel Nuestra Patria, que se espera entre pronto y daría a Sharon una mayoría de línea dura. Esto impediría maniobrar al archirrival de Sharon, Benyamin Netanyahu, que ha estado atacando desde de la derecha.

Cuando habló en el parlamento el 8 de abril, el primer ministro israelí, no dio ninguna esperanza de alivio inmediato, diciendo que Israel no tenía otra elección que actuar con toda su fuerza. Tarde o temprano el ejército israelí tendrá que retirarse, pero la pregunta es, ¿y después qué?

Palestina ha quedado reducida a ruinas. La población de Cisjordania está viviendo una pesadilla. La economía está destruida y lo que queda de sus estructuras gubernamentales está hecha jirones. El asalto israelí ha acabado con el gobierno de la AP y sus instituciones de seguridad. En Yenín, por ejemplo, un oficial palestino dice que ya no queda ni un sólo puesto de la policía palestina.

Sharon habla de la creación de zonas de seguridad controladas por Israel que rodearían las ciudades palestinas y, mientras tanto, espera una dirección palestina "responsable". Esta es una miopía extrema. Quienquiera que sustituya a Arafat no será precisamente una opción más moderada.

¿Y ahora qué?

Si la cuestión se plantea sólo en términos puramente militares, ninguno de ambos bandos puede conseguir una victoria decisiva. El caos sangriento actual puede continuar, con alzas y bajas, durante años y décadas. Es necesaria una solución política. Pero ¿quién puede creer en una paz edificada por personajes como Bush y Blair, o, como Mubarak y el rey Abdulá? Sólo sería una nueva edición del acuerdo de Oslo, probablemente con más concesiones a los palestinos. Pero no resolvería nada, simplemente sería el preludio de nuevas guerras y conflictos, incluso más destructivos. Si no se encuentra una solución duradera, los problemas fundamentales continuarán.

Trotsky avisó que la creación del Estado de Israel en Palestina sería una trampa para los judíos. Este pronóstico ha demostrado ser correcto. Los marxistas, en ese momento, se opusieron a la creación del Estado de Israel. Pero ahora, más de medio siglo después, no se puede dar marcha atrás en el curso de la historia. El Estado de Israel existe y ahora no puede desaparecer. El pueblo de Israel tiene derecho a existir como cualquier otro pueblo. Pero no tiene derecho a conquistar y oprimir a otro pueblo, como está haciendo. Esta conducta sólo puede traer más sangre, que al final puede conducir a una catástrofe terrible para todas las partes contendientes. Incluso aunque Israel ahora disfrute de una superioridad militar, ¿cuánto puede durar esto? No indefinidamente. Al acumular tanto odio, furia y amargura, la vida de las futuras generaciones también corre un riesgo terrible.

Los ataques suicidas, que sólo implican un puñado de individuos decididos, han sembrado el terror y han destruido la vida normal del Estado judío. La población israelí comienza a preguntarse: ¿dónde está la seguridad que nos prometió Sharon cuando fue elegido? Cuando se creó el Estado de Israel, teóricamente, se ofrecía un paraíso seguro para el pueblo judío después de los horrores del holocausto. Medio siglo después, el sueño sionista ha demostrado ser una utopía reaccionaria. No hay paz ni seguridad para el pueblo de Israel, ni para nadie más en esta agitada parte del mundo.

Una guerra en Oriente Medio acabaría de nuevo con la derrota de los países árabes, por eso los regímenes de Egipto y Jordania intentan desesperadamente evitarla. Pero puede que no sea posible para ellos resistir la tremenda presión de las masas. Por otro lado, la conducta provocadora de los israelíes parece señalar que, al menos, un sector de la clase dominante de Tel Aviv ha sacado la conclusión de que, como es inevitable la guerra con los árabes, mejor darles cuanto antes una lección sangrienta.

Una derrota en la guerra crearía unas condiciones explosivas en todo Oriente Medio, preparando el derrocamiento de un régimen pro-occidental después de otro. Este es un escenario de pesadilla para el imperialismo estadounidense.

Por la Federación Socialista de Oriente Medio

El objetivo inmediato es la derrota del ejército israelí, obligar a su retirada de Gaza y Cisjordania. La lucha contra la ocupación debe contar con el apoyo incondicional y la solidaridad de la clase obrera mundial. ¡Fuera las tropas! ¡Por el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino! Este es abecé para cualquier trabajador consciente. Pero después del abecé hay más letras en el abecedario.

Es necesaria una revolución social que eche a un lado a los regímenes reaccionarios árabes y al monstruoso régimen del imperialismo israelí. Esta perspectiva no parece estar muy lejos. La reacción parece firmemente afianzada y ha liberado los perros de la guerra. No parece haber esperanza. Pero no es la primera vez que en situaciones aparentemente desesperadas, lo que en realidad había era sólo calderas en ebullición, que finalmente estallaron en acontecimientos revolucionarios.

En 1915 Lenin estaba completamente aislado. Europa estaba desgarrada por la guerra. Los trabajadores de los diferentes países se mataban entre sí bajo la bandera negra del imperialismo. En este carnaval de reacción, la voz de los internacionalistas proletarios parecía un grito en el desierto del chovinismo que pensaba que los trabajadores franceses y británicos odiaban a los alemanes y viceversa. Parecía imposible que las cosas pudieran cambiar. Incluso Lenin, que era un optimista incontenible, pensaba que nunca vería la revolución socialista.

Las guerras en Oriente Medio no resolverán nada, sólo prepararán las bases para nuevas guerras. Pero la inestabilidad general, que es la causa de las guerras, y sus consecuencias crearán las condiciones para un movimiento revolucionario de masas en el próximo período. Si este movimiento está encabezado por una tendencia marxista consciente, es decir, una tendencia internacionalista, podría cortar el nudo enredado de las contradicciones aparentemente insolubles; la única solución duradera posible es una Federación Socialista Oriente Medio.

Debemos mirar más allá de la situación actual y ver los procesos fundamentales. En todo Oriente Medio, poco a poco están madurando las condiciones para acontecimientos revolucionarios. Las guerras actuales y las convulsiones sangrientas son una expresión gráfica del hecho de que la vieja sociedad es incapaz de resolver las terribles contradicciones que están surgiendo por todas partes. Ésa es la explicación esencial de la locura actual. Pero la tormenta al final estallará. Y a la luz del día los trabajadores y jóvenes de ambos bandos comenzarán a hacerse preguntas y encontrarán las respuestas.

Sólo una federación que dé plena autonomía a judíos y árabes, drusos y coptos, armenios y kurdos, puede resolver la cuestión nacional de una vez por todas. Todo pueblo tiene derecho a vivir en paz en su propio territorio con unas fronteras señaladas amistosamente entre ellos. Los refugiados tienen derecho a regresar. Se podría desarrollar plenamente el potencial económico de la región y encauzar un plan socialista de producción. El desempleo y la pobreza serían cosas del pasado. Sólo sobre estas bases, se podrán superar los odios religiosos y nacionales. Todo esto se convertiría en el recuerdo de un mal sueño.

¿Es esta una visión utópica? Si la utopía significa algo que no es posible, entonces es precisamente la situación actual lo que respondería a esta descripción. Durante más de dos generaciones judíos y árabes se han matado entre sí. La situación ha ido de mal en peor. El odio nacional va en aumento y adquiriendo un matiz cada vez más espantoso, a mujeres, jóvenes y ancianos se les considera objetivos. Florece la barbarie. Toda la vida en Oriente Medio está envenenada y llena de conflictos fratricidas. Las llamadas soluciones "realistas" que defienden los nacionalistas burgueses y pequeño burgueses no solucionan nada. La situación se deteriora según pasa el tiempo, amenazando con producir una catástrofe para todos los pueblos de la región.

Una gran responsabilidad reside en los hombros de la izquierda, tanto de Israel como de Palestina. La situación actual es extremadamente difícil, por eso es absolutamente necesario luchar contra la corriente, combatir el chovinismo, luchar por la unidad de los trabajadores judíos y árabes. Los marxistas israelíes lucharán con toda su fuerza contra la monstruosa ocupación de Palestina. Por su parte, los palestinos deben comprender que, a menos que consigan unirse con la clase obrera de Israel en una lucha común contra el capitalismo y el imperialismo, su causa estará perdida.

Al final de su vida, asqueado por los horrores de las Guerras Peninsulares y la lucha civil que siguió, el gran artista español Goya, pintó un cuadro de dos hombres luchando, golpeándose mutua y despiadadamente con palos, mientras que ambos se hundían lentamente en una ciénaga. Esta pintura refleja acertadamente la locura reinante en la tierra de Palestina. Sobre bases capitalistas no hay solución posible. Sólo el cambio fundamental de las relaciones de clase en Oriente Medio, derrocando al latifundismo y al capitalismo, puede ofrecer una salida.

9/4/2002


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