La ferocidad con la que se ha desatado la agresión imperialista desde los acontecimientos del 11 de Septiembre ni es nueva ni tampoco será la última de este tipo. Mientras continúe la crisis del sistema capitalista, continuarán estas atrocidades en d
EL ISLAM Y EEUU
La ferocidad con la que se ha desatado la agresión imperialista
desde los acontecimientos del 11 de Septiembre ni es nueva ni tampoco será
la última de este tipo. Mientras continúe la crisis del sistema capitalista,
continuarán estas atrocidades en diferentes formas y en distintas zonas del
mundo. Esta crisis va acompañada del declive ideológico y la regresión de
los valores humanos. El tinte y el análisis con los que se presenta esta agresión
imperialista no sólo son engañosos, sino que además son completamente falsos.
Dos importantes “intelectuales” imperialistas han intentado dar una base “ideológica”
a esta renovada agresión imperialista. Uno de ellos es Francis Fukuyama y
el otro es Samuel P. Huntington. Ambos han trabajado en el departamento de
exteriores estadounidense. Después de la retirada del ejército soviético de
Afganistán en 1989, Francis Fukuyama publicó en forma de libro su infame tesis:
El fin de la historia.
En el verano de 1993 Huntington, que fue asesor de la política
de EEUU en Vietnam con el presidente Johnson y más tarde se convirtió en director
del Instituto de Estudios Estratégicos de la Universidad de Harvard, publicó
en la revista Foreign Affairs Magazine su ensayo El choque de civilizaciones.
Aparentemente, este ensayo era una polémica contra la tesis de Fukuyama anteriormente
mencionada. Pero si miramos de cerca la tesis de Huntington, nos daremos cuenta
de que las tesis de los dos autores tienen el mismo objetivo, es decir, justificar
la dominación violenta del imperialismo estadounidense.
Los acontecimientos acaecidos en 2001 hicieron que la tesis
de Huntington adquiriera más fama. No sólo el imperialismo estadounidense
la utilizó, también se beneficiaron de ella los fundamentalistas islámicos.
Huntington, al desarrollar su argumentación contra la tesis de Fukuyama, dice
lo siguiente: “Aunque la derrota del comunismo ha puesto fin a las disputas
ideológicas, eso no significa el final de la historia. Actualmente, en lugar
de la política y la economía, lo que dominará el planeta y continuará dividiéndolo
será la cultura”.
Para Huntington las culturas son
las siguientes: la civilización occidental, el confucionismo (chinos y japoneses),
la islámica, hindú, eslava ortodoxa (rusos, etc.), civilizaciones latinoamericanas
y probablemente la civilización africana. Ha utilizado la palabra “probablemente”
con relación a África porque no cree que ¡los africanos sean seres humanos
civilizados! Dice que la religión es el símbolo del valor social de estas
civilizaciones y que “la religión es la fuerza central que mantiene a la población
ágil y activa”. Para él la división básica es: “Occidente contra el resto”.
A partir de este punto de partida llega a la siguiente conclusión: Occidente,
“en realidad EEUU”, debe estar preparado para aplastar a las civilizaciones
contrarias a través de la opresión militar. También dice que las civilizaciones
más peligrosas son el Islam y el confucionismo (es decir, las exportaciones
chinas y el petróleo). Concluye su tesis diciendo: “El mundo no es uno. Las
civilizaciones unen y desunen a la población. La sangre y la fe forman la
base para que las personas se reconozcan y por ellas lucharán y morirán”.
Estas ideas y análisis no son sólo
una fuente de fuerza para la política agresiva de los gobernantes estadounidenses,
también son una fuente de placer para los fundamentalistas y para los políticos
y generales reaccionarios. Ambas fracciones en “contienda” utilizan estas
ideas. Pero la destrucción y el caos que conlleva esta política afectará a
miles de millones de trabajadores y oprimidos.
Francis Fukuyama se enfureció con estas críticas por que
concluían que su tesis excluía para siempre la posibilidad de enfrentamientos.
Acusó a Huntington de no haber sido capaz de comprender su filosofía y que
la había tomado prestada de Hegel. Y publicó sus verdaderos objetivos en forma
de carta. El 12 de septiembre de 2001, junto con otros intelectuales como
William Crystal, Jean Kirkpatrick, Richard Pearl, Martin Prayers, Norman Podorize
y otros, que son los defensores de la cultura imperialista, escribieron una
“carta abierta” a Bush.
La carta “insistía en que Osama bin Laden debía ser arrestado
o asesinado”. La carta aconsejaba al presidente Bush que debía invadir Iraq
y derrocar a Sadam Husein, porque de no hacerlo supondría “una derrota rápida
y decisiva, una rendición ante el terrorismo global”. Era necesario hacerlo
incluso sin la existencia de pruebas sobre la conexión iraquí y el 11-S. Esta
carta abierta del profesor que había presentado la tesis del final de la historia,
habla de la total degeneración intelectual de los pensadores e intelectuales
burgueses y que va en paralelo a la degeneración social y económica del imperialismo.
Si analizamos la historia nos daremos cuenta de que no hay
completa armonía entre las civilizaciones que crecieron en la cuna de las
tres principales religiones monoteístas. A pesar de las diferencias que había
entre ellas, ejercieron una gran influencia en el mundo de aquella época.
Con el paso del tiempo fueron cambiando. Y estas civilizaciones también cambiaron
sus patrones de desarrollo. La característica y la tragedia de la época actual
es que ningún partido político ha conseguido un cambio radical o la transformación
social.
El resultado es una calma superficial en la que hay desesperanza,
desesperación, desilusión y una tendencia a eludir la realidad. En esta atmósfera
se multiplican y crecen los gérmenes del fanatismo y la irracionalidad. Durante
los últimos cincuenta años encontramos tendencias al reavivamiento religioso
con objetivos políticos y económicos. Las principales causas de este resurgimiento
son las siguientes:
La degeneración de los llamados partidos
y dirigentes de izquierdas como resultado del colapso de la Unión Soviética
y la traición de las direcciones de los partidos tradiciones y sindicatos
de masas. La profundización del abismo social y económico en la sociedad,
la intensificación de la crisis económica así como la ausencia de una salida
clara al horizonte político creado por esta crisis y que ha provocado una
intensificación de la crisis política que ha dado nacimiento al extremismo
y al terror. El intento de buscar una luz en las tumbas del pasado, debido
al miedo y la desilusión en el futuro, es un hecho absolutamente reaccionario.
La crisis se ha agravado con la emigración a gran escala
de las aldeas a las ciudades. La inseguridad, la miseria y la amargura de
la vida cotidiana en las casuchas y barrios de chabolas han aumentado la frustración
y la desesperación. La corrupción mental ha provocado el aumento de los crímenes,
agravado con la privación y la comparación entre la vida miserable que soportan
los jóvenes de las clases más bajas frente al nivel de vida de las clases
privilegiadas. Los partidos religiosos consiguen implicar en estos crímenes
a los jóvenes gracias a que les dan protección política. La ausencia de una
salida a esta miseria y la culpabilidad ante estos crímenes, hace que muchos
jóvenes recurran al misticismo religioso como una válvula de escape.
Otro factor importante, debido a que estos partidos religiosos
arrastran a las capas más atrasadas de jóvenes y gente corriente, fue su extremo
odio hacia la colosal corrupción, vanidad, orgullo y actitud insultante de
los políticos burgueses liberales tradicionales. Mientras que los políticos
religiosos hipócritamente continúan predicando la justicia social, el final
de la corrupción, la pureza cultural y la piedad, la propaganda sobre el final
del comunismo y el declive histórico del nacionalismo también hacen que el
fanatismo y el islamismo se conviertan en algo atractivo.
Los padres de esas decenas de miles de niños que asisten
a las escuelas religiosas en diferentes países islámicos no pueden proporcionar
algo mejor a sus hijos. Estos niños sólo tienen dos futuros: o se convierten
en carne de cañón del mercado laboral infantil o son empujados a la prisión
de estas escuelas religiosas (madrasas) donde al menos reciben algunas
migajas y abrigo. En estas escuelas hay un continuo régimen de opresión, tortura,
intimidación, represión sexual y adoctrinamiento teocrático.
La educación es monótona y está basada en sermones metafísicos.
Genera fanatismo, odio comunal, intolerancia y tendencias terroristas. Por
ejemplo, en estas escuelas el alfabeto urdu se enseña con símbolos de su pensamiento
reaccionario. Por ejemplo: Jeem (j) por jihad (guerra santa);
Tay (t) por tope (cañón); Kaf (q) por Kaláshnikov; Khay
(k) por khoon (sangre).
Al enseñarles la historia de un remoto pasado, sus mentes
se hunden en la oscuridad de la guerra, los mitos, las costumbres y los valores
de la época pre medieval. Estas mentes inmersas en el pasado en nuestra edad
moderna pueden terminar haciendo lo que hemos visto durante las últimas dos
décadas con el violento fundamentalismo islámico, su histeria ha destruido
una generación de jóvenes de los países musulmanes. El terrorismo, la barbarie
y el derramamiento de sangre provocados por este fanatismo son el producto
de una sociedad estancada y un sistema corrompido.
Otro elemento importante, que se
convierte en una fuente de apoyo económico y social del fundamentalismo religioso,
es la globalización y el aplastante dominio de los monopolios imperialistas,
que ha hecho el juego a los intereses de los industriales, comerciantes, empresarios
y barones de la droga locales.
En Irán las dos fracciones de los mulás creen en el
capitalismo. El feudo de los mulás iraníes estuvo y sigue estando en
los bazaris (comerciantes y empresarios). Incluso hoy, las contradicciones
temporales que han surgido entre la fracción “liberal” de Jatamí y la conservadora
de Jamenei reflejan el enfrentamiento de estos intereses de clase. La fracción
de Jamenei está dominada por los capitalistas iraníes locales y los bazaris
que no quieren abrir la economía iraní a los monopolios. Pero la economía
iraní, basada en este “capitalismo nacional” está en crisis. Debido a su crecimiento
social, político y la presión internacional, Jatamí quiere permitir que el
capitalismo monopolista entre en Irán. Como Jatamí representa a la llamada
fracción liberal de los capitalistas iraníes, quiere poner a prueba esta receta.
Pero desde Rusia hasta Chile, allá donde han intentado resolver la crisis
económica a través de la inversión de los capitalistas de riesgo y los monopolios,
sólo han provocado devastación y miseria. Los dos métodos de sustentación
del capitalismo han fracasado y no juegan ningún papel positivo en el alivio
de la pobreza o el desarrollo social.
En Pakistán también el apoyo más importante de los
partidos religiosos procede de los barones de la droga, capitalistas, empresarios
y comerciantes de clase media. El apoyo que el Jamat-e-Islami y otros partidos
religiosos consiguen de estas clases procede de la protección de sus intereses
creados frente a otros sectores del capital nacional e internacional.
Para liberarse de este temor “el pensamiento y las emociones
nacionales” adquieren un tinte islámico. Del mismo modo los fundamentalistas
islámicos durante las últimas tres décadas han estado utilizando distintos
métodos criminales, incluido el tráfico de drogas, para financiarse. Durante
los años ochenta EEUU patrocinó e impulsó este tráfico de drogas para financiar
la yihad afgana. Con el narcotráfico los barones han ganado miles de
millones de dólares. Los presupuestos de la mayoría de los dirigentes de estos
partidos islámicos, gastos para sus trabajadores y sus instituciones, incluidas
las escuelas religiosas, se nutren del dinero negro.
En los videos clandestinos de Osama bin Laden, que circulan
ampliamente en los países islámicos, insiste en que el petróleo es una propiedad
común de la Ummah (nación) musulmana. Defiende la privatización del
petróleo y su entrega a los pequeños capitalistas de la región. Esta idea
está arraigada psicológicamente en ellos junto con la convicción en la propiedad
privada, son muy evidentes y cristalinas en los escritos y oraciones de estos
ideólogos y fanáticos fundamentalistas, como Abul-ala-Moudoodi y Osama bin
Laden.
La realidad es que las bases económicas
y financieras de todos los estados religiosos, ya sea Israel como Pakistán,
Irán, Arabia Saudí o el ex talibán Afganistán, tienen un carácter capitalista.
Por lo tanto, la diferencia entre las civilizaciones occidental y oriental
es superficial y secundaria. La mayoría de las diferencias sociales, culturales
y tradicionales son fruto de los diferentes niveles y etapas de la evolución
histórica en la que están inmersas estas sociedades.
Estos gobernantes y sus agentes están obligados a acatar
y aceptar este sistema en esta o aquella forma porque el sistema económico
islámico que retóricamente predican es incompatible con la situación económica
actual y es más primitivo que el capitalismo. En realidad, son los seguidores
más fervorosos del capitalismo. Su propia existencia política y social depende
del capital financiero.
Por eso sus diferencias y acuerdos, su amistad y enemistad,
también son superficiales, temporales e hipócritas. De ahí que los imperialistas
y los fundamentalistas cambien continuamente sus lealtades y relaciones según
cambian sus intereses y preferencias. Por esa razón, a veces son amigos y
en otros momentos enemigos.
La economía sumergida es un cáncer en la economía formal
y es para el sistema capitalista como un tumor para el cuerpo humano. El auge
de la economía sumergida y el fundamentalismo religioso son las expresiones
malignas de la intensa crisis económica, social y política de este obsoleto
sistema. Pero los sistemas económicos históricamente caducos, en sus formas
más desarrolladas, caen víctimas de la asfixia, la crisis y la regresión social.
Si existe fundamentalismo en los países islámicos qué podemos decir del fundamentalismo
cristiano en EEUU. El noventa por ciento de la población estadounidense regularmente
resucita su fe religiosa y creencia en Dios. El sesenta por ciento cree en
los ángeles. En EEUU el número de creyentes dobla al de Europa. Los fundamentalistas
cristianos en EEUU han declarado que los acontecimientos del 11-S estuvieron
motivados por la cólera de Dios, porque en EEUU ha aumentado la promiscuidad,
la decadencia moral y la corrupción social. Los grupos cristianos recién creados
en EEUU no están satisfechos con la presencia de su representante (Bush) en
la Casa Blanca. Mientras que Bush y Blair aluden al cielo y la revelación
para justificar sus monstruosidades, los fundamentalistas cristianos lanzan
bombas en clínicas abortivas asesinando a los médicos que allí trabajan.
De la misma forma, los fundamentalistas religiosos judíos
no están dispuestos a aceptar Israel como el verdadero modelo de su fundamentalismo.
Son adoctrinados con el deseo fanático de extender el dominio del sionismo
por el mundo. Consideran el asesinato de palestinos como la matanza de infieles.
Bajo esta cobertura de fundamentalismo, los gobernantes israelíes están cometiendo
la peor forma de represión y barbarie. Después justifican estos actos bárbaros
con la religión. El resultado es el fanatismo religioso, el terrorismo, la
barbarie y el odio mutuo. Mientras, continúa el derramamiento de sangre de
víctimas inocentes.
En Pakistán y en muchos otros países el Estado utiliza la
religión en períodos concretos, cuando sufren crisis y rebeliones sociales.
En Pakistán el general Zia-ul Haq utilizó el Islam para ejercer una represión
colosal contra los trabajadores. Pero incluso los llamados gobernantes seculares
como Benazir y ahora Musharraf recurren una y otra vez al uso de la religión
cuando se enfrentan a crisis socio-económicas, a la revuelta política y al
resentimiento de masas. Cuando las políticas corruptas de los gobernantes
y su sistema caduco no consiguen desarrollar la sociedad, utilizan a las capas
atrasadas de la sociedad para dividir y sabotear al movimiento obrero. Las
peregrinaciones, las visitas a santuarios religiosos y la emisión de mensajes
en ceremonias religiosas forman parte de este proceso.
En el reciente auge del fundamentalismo islámico, la retórica
antiimperialista ha demostrado ser muy útil. No sólo el MMA (Alianza de Partido
Islámico) ha conseguido relativamente más votos que en el pasado, utilizando
esta consigna han sido capaces de formar gobiernos en la Nueva Frontera Noroccidental
y en Baluchistán. La alianza de los mulás y algunos sectores del ejército
se basa en un sentimiento de traición, debido a la reducción de la ayuda estadounidense
a estos aliados militares y religiosos que ayudaron a EEUU con la yihad.
Recientemente, un general paquistaní retirado expresó su malestar con las
siguientes palabras: “Pakistán fue el preservativo que EEUU necesitaba para
entrar en Afganistán. Nos han utilizado y ahora creen que pueden tirarnos
por el retrete”.
Este es el pensamiento de los oficiales de baja y media graduación
del ejército paquistaní que no se benefician en la misma medida del saqueo
que los altos mandos del ejército y la burocracia. Esto también significa
un aumento de la frustración y la rabia. En el ejército paquistaní existe
una línea dura de fundamentalistas comprometidos. Pero en el momento actual,
los conflictos internos entre los oficiales religiosos liberales y conservadores
están motivados más por los beneficios económicos y los intereses materiales
que por la confrontación ideológica y religiosa.
Encontramos este ejemplo en la personalidad de Zia.
Éste fue un oficial de los cuerpos acorazados adiestrado en uno de los centros
de entrenamiento militar más selectos de EEUU: Fort Bragg. Solía dedicar sus
oraciones a Dios, pero en la práctica sus acciones, en última instancia, estaban
subordinadas a su verdadero maestro: EEUU. Por ejemplo, en 1970 encabezó una
operación militar en Aman donde fueron masacrados dieciocho mil palestinos.
Nunca murieron tantos palestinos martirizados de una sola vez. Esta operación
tenía la intención de salvar al agente israelí y estadounidense, el rey Hussein
de Jordania, de la insurrección revolucionaria palestina en Aman. Los sanguinarios
expertos norteamericanos e israelíes planificaron la operación. Pero fue el
entonces general de brigada Zia el que ejecutó el baño de sangre. No vaciló
en masacrar a musulmanes aunque fuera en contra de sus ideales islámicos.
En ese período los movimientos islámicos estaban profundamente conectados
con el imperialismo estadounidense.
Hoy muchas personas tienen ilusiones en los distintos partidos
islámicos, lo que demuestra lo corta que es a veces la memoria, aunque su
fracaso a la hora de conseguir una base de masas y convertirse en una fuerza
determinante en todo el país, a pesar de su retórica hipócrita contra la agresión
de EEUU en Afganistán e Iraq, es una prueba de que la memoria se transmite
a través de las generaciones, la población sabe y es consciente de su verdadero
carácter, y de su relación con el capital financiero y los imperialistas.
Si analizamos la historia encontramos, por un lado, muchas
victorias militares durante los siglos VIII, IX y X, y por otro lado, vemos
una colosal extensión y desarrollo en los campos de la ciencia, la cultura,
la política y en otros muchos. Centros del conocimiento y la enseñanza como
Córdoba, Bagdad, El Cairo, Damasco y muchos otros abrieron nuevas perspectivas
al desarrollo del conocimiento e intelecto humanos.
Lo que hoy en día se llama “civilización” islámica entró
en declive porque los conquistadores se negaron a aprender y adaptarse a las
zonas y regiones conquistadas. Fue la síntesis de civilizaciones antiguas
y ricas como Siria e Irán, junto con España y otros países, lo que proporcionó
la inmensidad y la grandeza del avance islámico. Las relaciones entre las
diferentes religiones no eran las mismas que existen en la actualidad. En
el año 1099, después de un asedio que duró cuarenta días, las milicias cristianas
que participaban en las cruzadas ocuparon Jerusalén; la mayor parte de la
población, incluidos hombres, mujeres y niños, fue asesinada. Durante dos
días la sangre anegó las calles, pero los musulmanes y los judíos lucharon
conjuntamente contra los cruzados.
De la misma forma, el derecho a discusión y a disidencia
en todas las cuestiones, incluida la religión, fue un factor importante en
el desarrollo de esta civilización que floreció durante el último milenio.
Si analizamos los escritos de los eruditos religiosos de los siglos VIII,
IX y X eran mucho más modernos, maduros y con un nivel más elevado que la
mayoría de los pensadores islámicos actuales. La ironía es que si aquellos
antiguos eruditos vivieran ahora, serían sentenciados a muerte bajo las draconianas
leyes que hoy prevalecen en los diferentes países. Una u otra secta religiosa
les habría condenado. La historia es testigo del hecho de que desde Al-Mamoon
hasta los tres califas que le sucedieron no sólo se siguieron sus pensamientos
sino que además pudieron florecer gracias a la libertad de discusión. Una
de las principales razones del declive del imperio islámico fue el ascenso
de la reacción, la intolerancia, la codicia de riqueza y poder, y el fundamentalismo
actual está plagado de estas características. Este declive ha provocado no
sólo el colapso de la civilización, también ha estrangulado las mentes con
grilletes religiosos, pensamientos estrechos y sociedades que se han convertido
en ciénagas.
Otra característica importante de este fundamentalismo reaccionario
es su tendencia al oportunismo. Por un lado, extendía terror, fanatismo, intolerancia
y represión, mientras que por el otro en su carácter había mucho oportunismo,
debilidad, avaricia y cobardía. El tiempo ha demostrado una vez más que a
la primera oportunidad traicionan sus creencia y a sus seguidores.
Por esa razón, la principal característica del fundamentalismo
religioso, independientemente de la religión a la que pertenezca, es la hipocresía.
En las sociedades donde el fundamentalismo tiene una cierta base social, la
hipocresía se convierte en norma. Este es el factor que prevalece en su relación
con el capitalismo y el imperialismo.
La utilización de la religión por parte del imperialismo
para intensificar la explotación no es un fenómeno nuevo. En los siglos XV,
XVI y XVII, después del progreso de las revoluciones burguesas, los medios
de producción se desarrollaron rápidamente. Para aumentar sus beneficios estos
imperialistas occidentales miraron hacia las regiones más atrasadas para saquearlas.
En este aspecto, la iglesia y el fundamentalismo cristianos proporcionaron
la justificación religiosa, la protección y apoyo para su estancia destinada
a conseguir beneficios.
Básicamente, los sacerdotes y misioneros cristianos,
que fueron enviados a América Latina, África y Asia, fueron las avanzadillas
de la ocupación imperialista. De la misma manera que Vasco de Gama, Cristóbal
Colón y otros expertos navales zarparon en busca de nuevos territorios, aunque
su objetivo fundamental era también encontrar nuevos mercados, minerales y
otras fuentes de saqueo y robo.
Su relación con el fundamentalismo islámico también es bastante
duradera. El fundamentalismo islámico fue utilizado por la dominación imperialista,
especialmente en el mundo árabe. Los nuevos movimientos emergentes de reavivamiento
religioso son reaccionarios y violentos. Uno de los primeros movimientos de
reavivamiento del Islam fue el movimiento wahabí de Arabia Saudí. El
fundador del movimiento fue Mohamed Ibn-e-Wahab (1703-1792). En 1744 Ibn-e-Wahab
llegó a la ciudad de Darya en la provincia de Nayaf. Junto con otro personaje
de su tiempo, Mir Mohammad Ibn-e-Saud, fundó una línea dura puritana del reino
islámico. Después de rebelarse contra el califato otomano, este Estado saudí,
que se basaba en la yihad permanente y la represión interna, comenzó
a crecer gracias al robo y al saqueo. Para fortalecer su relación ibn-e-Saud
incluyó a la hija de Wahab en su harén y convirtió su relación marital en
un lazo político. El reino de una familia, establecido gracias al fanatismo
religioso, la represión militar y la maniobra política y el fortalecimiento
de las relaciones a través de las mujeres, todavía es lo que gobierna Arabia
Saudí. En 1792 las fuerzas saudíes wahabíes derrotaron a los gobernantes
vecinos y ocuparon las ciudades de Riyad, Khurj y Qasim. En 1801 ocuparon
Kerbala y asesinaron a su población. Saquearon las viviendas y los santuarios
porque los wahabí rechazaban las peregrinaciones a los lugares santos.
En 1802 ocuparon Taif y en 1803 ocuparon Makkah.
En 1919, después de la Primera Guerra Mundial, el Tratado
de Versalles permitió la división de la región entre las distintas fuerzas
ocupantes. Palestina, Iraq y Egipto fueron para Gran Bretaña; mientras que
Siria y Líbano pasaron a Francia. Gran Bretaña comenzó a establecer su dominio
en “Oriente” y Francia saqueó “Occidente”. Un agente británico, el sargento
John Philby, comenzó a establecer vínculos con el coronado príncipe Amir Abdul
Aziz Ibn-e-Saud que pertenecía a Najad. Ibn-e-Saud no necesitaba a ningún
misionero para su gobierno, sino más bien, debido al cambio de situación,
lo que él necesitaba era el apoyo imperialista. Philby presentó un plan a
Ibn-e-Sau en el que sugería que debería conquistar a las diferentes tribus
a través de tácticas engañosas y extender su reino por toda la Península Arábiga.
El plan se debía llevar a cabo bajo la supervisión, dominio y apoyo imperialistas.
De esta manera, dos agentes imperialistas, Philby y Bellfore, lideraron una
era reaccionaria en Oriente Medio. Philby fundó el reino fundamentalista de
Arabia Saudí y Bellfore el reaccionario Estado sionista israelí. Como sus
antepasados, mientras conquistaba Arabia Saudí, Ibn-e-Saud comenzó a llenar
su harén casándose con las viudas de sus enemigos derrotados.
Pero en el terreno económico EEUU no quería que el saqueo
de petróleo fuera exclusividad de Gran Bretaña. Las multinacionales petroleras
estadounidenses ya en los años treinta comenzaron a estrechar sus vínculos
con Ibn-e-Saud. En 1933 una empresa norteamericana, Standard Oil, consiguió
grandes contratos petroleros pagando 55.000 dólares en oro a Ibn-e-Saud. Para
competir con Gran Bretaña, EEUU impulsó la fusión de Standard Oil, ESSO, Texaco
y Mobil, formando la empresa petrolera árabe-estadounidense ARMCO.
En 1938 comenzó la producción petrolera y hasta el día de hoy esta empresa
controla la industria petrolera saudí. Para defender sus intereses imperialistas
y económicos, EEUU ha ignorado todos los crímenes, violaciones de los derechos
humanos, gobiernos autocráticos y todas las demás formas de represión perpetradas
por la monarquía saudí.
Igualmente, durante el último siglo los imperialistas occidentales
utilizaron los diferentes partidos fundamentalistas para acabar con los dirigentes
progresistas y los movimientos de la clase obrera. En 1928 se fundó en Egipto
el Ikhwan-ul-Muslemeen. Las bases de esta organización no eran muy diferentes
a las de Wahabi-ism. Su manifiesto fundacional es similar a los de otros partidos
locales: “¡Dios es nuestro objetivo! ¡El profeta es nuestro líder! ¡El Corán
es nuestra constitución! ¡La yihad es nuestro motor!”. Con esta misma
consigna y manifiesto se fundó en 1941 el Jammat-e-Islami en el subcontinente
indio.
Mucho antes de crear el Jammat-e-Islami, Moudoodi se dedicó
a observar de cerca al movimiento comunista en Hyderabad Deccan. Observó intensamente
sus actividades y métodos organizativos. Por eso se propuso formar un partido
basado en la ideología del fundamentalismo islámico pero que su estructura
y métodos organizativos estuvieran basados en el modelo del movimiento comunista.
El 26 de agosto de 1941 se celebró en una casa privada una
reunión de 75 personas que fundaron el Jamaat-e-Islami. Entre las diferencias
que más tarde salieron a la luz había una cuestión importante, las relaciones
de propiedad en la ideología islámica.
Moudoodi defendió el derecho a la propiedad privada con un
tono duro y sentimental. Los principales dirigentes del Jamaat-e-Islami y
otros partidos religiosos defendieron con entusiasmo el sistema de mercado
y prometieron adoptar sus principios. En el frente político esta organización
ha sido una fervorosa aliada del imperialismo y un baluarte de la reacción,
especialmente en Pakistán.
En 1940 Moudoodi pidió prestados los servicios de un traductor
árabe para distribuir sus escritos en el mundo árabe. En la mayoría de los
países musulmanes la CIA coordinó los lazos entre las distintas tendencias
que querían recuperar el Islam en su forma más agresiva. Más tarde, después
de los años cincuenta, el imperialismo estadounidense lo utilizó en diferentes
países y en distintos momentos para sus propios intereses. En Egipto el mayor
aliado del moudooidismo fue Syed Qutab, que primero fue líder del Ikhwan-ul-Muslemen
y después del Hasan-al-Bana. Igualmente el imperialismo estadounidense formó
y patrocinó los partidos fundamentalistas islámicos en otros países. Para
este objetivo utilizó los Estados saudí y paquistaní. Desde la formación del
Laskar-e-Taiba, el Harkat-ul-Ansar e incluso el Hizb-e-Islami de Gulbudin
Hikmatyar en Afganistán, hasta la formación de los talibanes, la CIA estuvo
implicada directa o indirectamente.
Durante la yihad afgana, cuando los generales paquistaníes
pidieron a los países árabes que enviaran una persona destacada de la familia
real para mejorar el reclutamiento y la persuasión para la yihad, el
hombre que enviaron fue Osama bin Laden.
Cuando Osama bin Laden llegó a Pakistán, el asesor
estadounidense de Seguridad Nacional, Zbignew Brzezinski, hizo una visita
oficial a Pakistán para promover e impulsar la yihad. Cuando Brzezinski
pronunció su discurso en Khyber Pass, entre la audiencia se encontraba Osama
bin Laden. En este discurso Brzezinski dijo abiertamente: “Dios está con vosotros”.
Una de las primeras acciones de Osama como luchador por la libertad pro-occidental
fue atacar una escuela mixta que fue quemada y su director asesinado y destripado.
Ahora es un secreto a voces que Israel también estuvo implicado
en la yihad islámica de Afganistán. En 1985 un joven periodista paquistaní,
Ahmed Mansur, que trabajaba en un diario en inglés de Islamabad, The Muslim,
se cruzó por casualidad con asesores israelíes en el bar del Hotel Pearl Continental
de Peshawar.
Consciente de que esta noticia podría suponer un duro
golpe para la dictadura islámica de Zia, discutió el tema con su editor, algunos
amigos y un corresponsal de WTN. Después de unos cuantos días llegó una alerta
de los servicios de seguridad, los muyahidines islámicos le capturaron
y asesinaron.
Igualmente, para regular las actividades financieras de la
yihad afgana se creó un nuevo banco. Este fue el famoso Banco Internacional
de Comercio y Crédito (BICC). El dinero generado con el tráfico de drogas
y armas fue canalizado a través de este banco hacia los fundamentalistas y
utilizado para la yihad. El objetivo de este banco era lavar el dinero
negro y proteger a los criminales ricos. El fundador del banco fue el infame
banquero Agha Hasan Abidi, que contaba con el pleno respaldo de la CIA. A
través de este banco los generales palestinos y otros gobernantes se hicieron
millonarios. Por eso los familiares de los generales Zia ul Haq, Akhtar Abdur
Rehman (el jefe del ISI durante la dictadura) y otros se encuentran hoy entre
los más ricos de Pakistán. Estos ricos son los que bendijeron la misma yihad
afgana que luchó contra los “infieles” con la bendición del imperialismo estadounidense
en nombre del Islam.
Incluso antes de Afganistán, los últimos cincuenta
años del siglo XX están llenos de muchos ejemplos en los que imperialismo
estadounidense ha utilizado el fundamentalismo islámico contra movimientos
progresistas y dirigentes que hablaban de socialismo. El principal arquitecto
de los movimientos islámicos modernos y de este fundamentalismo frenético
fue el secretario de Estado norteamericano con el presidente Eisenhower, John
Foster Dulles. Después de la derrota de los imperialistas en la guerra de
Suez de 1956 y ante el ascenso de movimientos populistas y de izquierdas en
varios países musulmanes, se preparó este fanatismo religioso como una herramienta
para desviar la atención de las masas y aplastar las revoluciones. Fue una
decisión política clara de los estrategas estadounidenses, para utilizar el
fundamentalismo islámico como una fuerza reaccionaria virulenta contra la
izquierda y las luchas revolucionarias de los trabajadores.
En Egipto el Ikhwan-ul-Muslemeen fue utilizado contra el
Jamal Abdul Nasir, en Indonesia el Masjoomi fue utilizado para llevar a cabo
el genocidio de un millón de trabajadores del Partido Comunista en 1965 y
en Pakistán, el Jammat-e-Islami fue utilizado contra Bhutto, el PPP y la izquierda.
En Bangladesh, Al Badar y Al Shams, las organizaciones neofascistas
del Jamaat-e-Islami, fueron utilizadas contra la insurrección de masas y como
vigilantes auxiliares del ejército paquistaní. En 1996 cuando los talibanes
ocuparon Kabul, sacaron a Najibulá de la oficina de la ONU y le asesinaron.
Después, su cuerpo y el de su hermano, Ahmed Zaie, fueron colgados de un poste
en la plaza central de Kabul y salvajemente mutilados. Aquí ningún periodista,
político occidental o autoridad imperialista alzó la voz para denunciar la
violación de los derechos humanos. Incluso después de presenciar este horrible
espectáculo no hicieron la más mínima protesta.
Ahora es un secreto a voces que el imperialismo estadounidense
y los magnates del petróleo apoyaron a los talibanes. Que Unocal, la multinacional
petrolera estadounidense, les pagó 30 millones de dólares por la captura militar
de Kabul.
Un intelectual estadounidense de
derechas ha escrito un ensayo en el que dice: “para ser una superpotencia,
EEUU no debe temer las actividades emprendedoras destinadas a implantar la
globalización. La mano secreta del mercado no puede funcionar sin el puño
secreto. McDonalds no puede funcionar sin McDonald Douglas (una gran factoría
de armas que fabrica los F-15)…”.
Los marxistas hemos explicado esta característica del imperialismo
hace mucho tiempo. Trotsky escribió lo siguiente: “el petróleo juega ahora
un papel muy grande en la industria y el ejército. Dos tercios es extraído
o utilizado por EEUU. En 1923 ya era el 72 por ciento. Se quejan de que se
están terminando sus reservas de petróleo. Después de la Primera Guerra Mundial
confieso que pensaba que estas quejas eran una excusa para apoderarse del
petróleo de otros países. Pero ahora los geólogos admiten que con el ritmo
actual de consumo EEUU sólo tendría petróleo suficiente para veinticinco años.
Algunos piensan que durarán cuarenta años. Pero ya sea dentro de veinticinco
o cuarenta años, EEUU necesitará diez veces más petróleo que los demás para
su industria y barcos de guerra” (León Trotsky, Izvestia. 15/8/1924).
Pero el petróleo es sólo una de las causas de la agresión
global y el terror estadounidense. También hay razones políticas y sociales
que se mezclan con motivos económicos y financieros. Y es necesario analizar
y comprender dialécticamente todos estos factores.
Una de las razones más importantes de este terror imperialista
es la profunda crisis del capitalismo estadounidense. Esta severa crisis ha
provocado caos político y ha destruido la confianza de los gobernantes norteamericanos.
Desde el 11-S tres millones de trabajadores estadounidenses han perdido su
empleo, el 35% de los norteamericanos vive por debajo del nivel de pobreza
de los países desarrollados. Los crímenes aumentan rápidamente. Para desviar
la atención de esta crisis, para asustar a la clase obrera y también echar
la culpa a la amenaza terrorista de las heridas provocadas por la pobreza
y el desempleo, los gobernantes estadounidenses están propagando su tan cacareada
“guerra contra el terrorismo”.
Para mantener su dominio económico mundial están amenazando
a los demás países con la utilización de su terror militar. Los trabajadores
de todo el mundo también reciben la advertencia, si alguien intenta levantarse
contra el capitalismo le ocurrirá lo mismo que a Afganistán e Iraq. Pero según
se profundiza la crisis, más débil se vuelve el grillete de EEUU. Incluso
sin una dirección revolucionaria, las contradicciones estallarán y pueblos
enteros desafiarán la represión estadounidense.
El temor a que la crisis produzca un movimiento de los trabajadores
en líneas de clase les lleva a intentar dar un tinte reaccionario y falso
a este conflicto —el choque de civilizaciones—. Incluso hoy la mayoría de
los gobernantes de los países islámicos o son agentes de EEUU o se inclinan
ante ellos debido a su debilidad y avaricia. Los mulás y los fundamentalistas
temen más a la lucha de clases que a los imperialistas. El imperialismo les
ha utilizado antes y los volverá a utilizar. Recientemente en Pakistán, cuando
estalló una crisis política después de las elecciones, le preguntaron a Maulana
Fazl-ur-Rehman, que era el candidato fundamentalista a primer ministro, por
el hecho de que los estadounidenses pudieran poner objeciones a su nombramiento
y explicó lo siguiente: “hemos trabajado con ellos en el pasado y en el futuro
¿por qué no?”.
La razón básica es que la base económica de EEUU y de los
fundamentalistas es la misma, es decir, el capitalismo. A causa de la severa
crisis del sistema, las distintas fracciones del capital están enfrentándose
entre sí. Las dos fracciones defienden el choque de civilizaciones porque
quieren arrastrar a la clase obrera y convertirla en carne de cañón. Si ésta
es una guerra entre el Islam y EEUU, entonces por qué la mayoría de los países
atacados por EEUU no son musulmanes: Chile, Granada, Vietnam, México, Honduras,
Corea, etc.
Después de la Segunda Guerra Mundial las guerras imperialistas
más importantes se libraron en Vietnam, Corea, Camboya y Laos. En la actualidad
el imperialismo estadounidense está participando en guerras en Venezuela,
Colombia, Corea del Sur y muchos otros países de África, Asia y América Latina.
Todos son países no musulmanes.
Pero también es una realidad que la religión no es la única
característica de una civilización determinada. Durante los últimos mil años
el llamado mundo islámico ha evolucionado y no es el mismo. Las culturas,
las sociedades y las civilizaciones de los musulmanes de Senegal, China, Arabia
y el subcontinente indio tienen pocas cosas en común y sí muchas diferencias.
Los musulmanes tienen más cosas en común con los no musulmanes que viven en
estas regiones que con los musulmanes que viven en otras regiones del mundo.
Durante los últimos cien años en los países musulmanes han estallado guerras
y revoluciones, pero también ha ocurrido en otros países del mundo. ¿Cuántos
países musulmanes hay en los que no existan partidos comunistas y dónde han
tenido lugar luchas y movimientos por la revolución socialista? En Afganistán,
Yemen, Siria, Etiopía, Somalia y muchos otros países musulmanes se han producido
procesos revolucionarios, aunque de una manera deformada, que han derrocado
al capitalismo y al feudalismo, convirtiéndose en países “socialistas”. El
partido comunista más grande fuera del llamado bloque soviético se creó en
un país musulmán, Indonesia. En 1963 su militancia ascendía a tres millones;
si contáramos la militancia de sus sindicatos, organizaciones campesinas,
juveniles y estudiantiles, tendríamos una militancia de diez millones de personas.
Estos movimientos reaparecerán de nuevo. Para detener y desviar esta revolución,
los imperialistas estadounidenses y los fundamentalistas islámicos están extendiendo
la absurda idea del choque de civilizaciones. La revolución socialista es
la única fuerza que, después de tener lugar en un país y extenderse a todo
el mundo, y aplastando los grilletes de la propiedad privada y el Estado nacional
eliminando este modo de producción, demoliendo todos los odios y prejuicios
del pasado, a través de la tecnología y el desarrollo moderno, puede dar paso
al nacimiento de una nueva civilización superior. Históricamente, la composición
de cada nueva civilización humana está determinada por el carácter de la época
específica. Y la caracterización histórica de cada sociedad depende del desarrollo
de los medios de producción y la tecnología. Sobre esta estructura económica
básica se levantan las naciones, las sociedades y las civilizaciones. Por
esa razón, la composición de la civilización en el pasado no puede reflejar
el futuro.
Por lo tanto, la teoría del “choque de civilizaciones” es
históricamente incorrecta, corrompida, reaccionaria, desorientadora y altamente
engañosa. La civilización que resultará de la internacionalización igualitaria
de los medios de producción y la tecnología, se basará en la fraternidad universal
de los seres humanos y la verdadera unidad de la raza humana. Sólo la clase
obrera puede provocar el nacimiento de esta civilización, eliminando todos
los prejuicios religiosos y de otro tipo remanentes del pasado, a través de
la lucha revolucionaria y la revolución socialista. Será una civilización
libre de opresión, explotación, barbarie, pobreza y privación, marcará el
principio de la verdadera historia de la humanidad.
11 de mayo de 2004
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