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La detención cerca de Caracas el domingo de más de ochenta
paramilitares colombianos vinculados a la oposición política, confirma la
sospecha de que la contrarrevolución está recurriendo a medidas cada vez más
violentas y desesperadas para derrocar al gobierno de Hugo Chávez. Los informes
que llegan desde Caracas dicen que los colombianos fueron arrestados al
amanecer en una granja a las afueras de la capital y que es propiedad de un
exiliado cubano.
Durante su programa semanal de
radio y televisión Aló Presidente, Chávez dijo que 53 paramilitares
fueron arrestados en la granja a primera hora del domingo y que otros 24 fueron
detenidos cuando huían del país. Las fuentes oficiales dicen que en total se
han detenido a 90 personas, algunos de las detenciones se hicieron
posteriormente. En la actualidad se busca a otras 40 personas.
Según Chávez las fuerzas de
seguridad del país descubrieron más pistas y buscan más sospechosos, también
dijo que las detenciones eran una prueba de la conspiración contra su gobierno
en la que estaban implicados exiliados cubanos y venezolanos en Florida y la
vecina Colombia. El presidente Chávez dijo que el complot estaba apoyado por la
mayor parte de los medios de comunicación pro-oposición y que la redada había
“eliminado el germen del grupo terrorista”.
“Ahora están importando
terroristas”, dijo Chávez de sus oponentes y añadió que la granja ¾en el
municipio de El Hatillo¾ pertenecía a Roberto Alonso, un cubano vinculado a los
exiliados cubanos y venezolanos.
Desde hace tiempo existen pruebas
de que los escuadrones de la muerte colombianos están activos en territorio
venezolano. Ahora ha quedado totalmente demostrado. No hay duda de que estas
bandas paramilitares estaban conspirando contra el gobierno de Caracas.
Los dirigentes de la oposición
intentaron eludir la cuestión diciendo que las redadas a una granja situada a
diez millas de la capital era una maniobra para desviar la atención de sus
esfuerzos para destituir a Chávez con referéndum revocatorio. Inmediatamente
intentaron quitar importancia a las detenciones después de revelarse que la
única arma encontrada en la redada fue una pistola de mano.
El líder opositor Antonio Ledesma
dijo a la agencia de noticias Associated Press: “Ni siguiera tenían un cortaúñas, sus botas
estaban brillantes y sus uniformes planchados”.
Que a los paramilitares no se les
encontrara en posesión de armamento pesado no demuestra que no estuvieran en
una misión seria. Sólo indica que estamos en presencia de una conspiración muy
bien organizada con una amplia red de apoyo e infraestructura militar dentro de
la propia Venezuela. Las armas para los paramilitares estarán guardadas en otro
lugar, probablemente en una casa segura de Caracas. Para ellos es más seguro
moverse por el país sin el riesgo de que les detengan por posesión ilegal de
armas.
Es de conocimiento público que la
oposición de derechas, con el apoyo de EEUU, ha conspirado continuamente para
derrocar al gobierno. En abril de 2002 organizaron un golpe militar para
establecer una “dictadura democrática”. Ese golpe fue derrotado por el
movimiento de las masas. Después organizaron una “huelga” ¾en
realidad un cierre patronal¾ que provocó serios daños a la economía pero que también
fue derrotado por los trabajadores.
El último intento de provocar un
golpe fue la campaña por el “referéndum”, cuando la oposición recurrió al
fraude masivo, incluidas las firmas de muertos, niños y personas que negaron
haber firmado. Y es su completo fracaso para conseguir la mayoría en Venezuela
lo que les ha empujado a emprender el camino de los actos terroristas.
Las acaloradas negativas de la
oposición se caen por su propio peso. No ofrecen ninguna explicación de la
presencia de paramilitares colombianos en suelo venezolano. ¿Qué estaban
haciendo allí? Evidentemente, ¡estos individuos no estaban de vacaciones o por
el bien de su salud! Sin embargo, otra cosa bien distinta es si esta pequeña
visita sería buena para la salud de otras personas.
La realidad es evidente: los
detenidos estaban siendo entrenados por la oposición para preparar un golpe de
estado. Daniel Fonseca, un vecino que vive cerca de donde fueron capturados
los paramilitares, dijo que los hombres llevaban quince días en la granja.
“Los vi
dos veces cuando montaba [mis] caballos”, declaró Fonseca a Associated
Press. “Estaban vestidos como civiles pero
algunos llevaban pistola de 9 milímetros”.
La granja estaba equipada con
abundantes cantidades de comida, provisiones, ropas y unos cien colchones. El
ministro de defensa venezolano, Jorge García, dijo a la agencia Reuters que existían pruebas claras de una
conspiración. “¿No piensan que estos son asesinos? Lo que está claro es que no
vinieron a jugar a las canicas o a plantar yuca”.
También dijo que los
investigadores creían que la supuesta conspiración estaba encabezada por el
general Felipe Rodríguez, que encabezó la rebelión del año 2002 contra el
presidente Chávez. El paradero de este general es desconocido.
El presidente colombiano, Álvaro
Uribe, alabó a Venezuela por los arrestos y el gobierno colombiano ha prometido
total apoyo en la investigación. “Es inaceptable que ningún colombiano esté
implicado en crímenes en ese país”, estas eran las palabras de la ministra de
exteriores colombiana, Carolina Barco.
Pero a nadie engañan con estas
declaraciones. Uribe no puede admitir públicamente la implicación de su
gobierno o fuerzas armadas en un acto flagrante de intromisión en un estado
vecino. Pero las relaciones entre las fuerzas armadas colombianas y la CIA con
los paramilitares fascistas es un secreto a voces.
Salvatore
Mancuso, un comandante veterano de las Fuerzas Unidas
de Autodefensa de Colombia (AUC), un grupo que sirve de paraguas para las
fracciones paramilitares del país, negó a la televisión colombiana RCN que
sus fuerzas estuvieran implicadas: “Negamos las acusaciones que han vertido
contra nosotros dirigentes venezolanos” y contraatacó acusando a Chávez de
colaborar con los dos principales grupos rebeldes colombianos.
Por su parte, Washington también
niega cualquier implicación, no se podía esperar lo contrario. El portavoz del
departamento de estado norteamericano, Richard Boucher,
rechazó las acusaciones de la implicación de EEUU calificándolas de “infundadas
e irresponsables”.
Así que nadie es responsable.
Una banda de asesinos profesionales y terroristas de derechas aparece cerca de
Caracas y nadie sabe nada de ellos. Esta operación requiere una organización
seria y una financiación generosa. Pero nadie es responsable.
Los hechos hablan por sí mismos.
La mano de Washington está claramente detrás del complot, como todas las demás.
Como dijo Chávez: “Hay personas en EEUU que están pensando en cómo iniciar una
guerra en Venezuela que pueda justificar una invasión”.
Esta afirmación está confirmada
por los hechos. Washington ha estado sistemáticamente ayudando a las fuerzas
armadas colombianas con el pretexto del infame Plan Colombia. EEUU ha puesto
dinero, armas y hombres, transformado la correlación regional de fuerzas.
Como ya hemos señalado, antes de
que fuera echado por el pueblo español, Aznar envió
una gran cantidad de tanques a Colombia. Esto se suponía que formaba parte de
la guerra contra la droga y la guerrilla, pero los tanques difícilmente se
pueden utilizar en la jungla y la montaña. Sólo se pueden utilizar en la guerra
convencional contra otro estado. Y ese estado se llama Venezuela.
Tanto el gobierno de Bogotá como
el de Washington están implicados hasta las cejas en conspiraciones y
provocaciones armadas contra Venezuela. El fracaso de todos los complots de la
CIA para derrocar a Chávez basándose en las fuerzas internas, les obliga a
buscar la intervención externa. Eso significa guerra. Recientemente, el senado
colombiano aprobó una resolución pidiendo a la Organización de Estados
Americanos (OEA) que interviniera contra Venezuela.
Hace unas semanas un general
estadounidense dijo públicamente que Venezuela ahora era una amenaza para los
intereses de EEUU en América del Sur. Resulta bastante extraordinario que esta
declaración la haga una figura militar. Pero si tenemos en cuenta que el
general en cuestión es James Hill, el jefe del Comando Sur del ejército USA,
inmediatamente veremos la seriedad de las implicaciones.
La actitud de Washington hacia la
revolución venezolana es bien conocida y
está ampliamente documentada. Por lo tanto, sus negativas no tienen ningún
valor. El imperialismo estadounidense quiere poner sus manos en el petróleo venezolano.
Pero hay una razón aún más apremiante detrás de su deseo de derrocar a Chávez.
La revolución venezolana está
actuando como un faro y punto de referencia para los millones de pobres y
oprimidos de América Latina. Washington no puede permitirse esto. Bush ha dicho públicamente que no descansará hasta ver a
Chávez fuera del poder. La intervención militar de EEUU en Haití fue una
preparación de lo que sería una intervención contra Venezuela. Y si el
imperialismo norteamericano tiene éxito en Venezuela, el camino quedará abierto
para una presión aún más despiadada contra Cuba.
Todo señala a la preparación
sistemática de una intervención armada contra la revolución venezolana. Pero
aquí hay un pequeño problema. El imperialismo estadounidense está empantanado
en un cenagal militar en Iraq que está drenando sus recursos y provocando un
creciente malestar en casa. Bush no puede permitirse
el lujo de implicar, en el futuro inmediato, al ejército norteamericano en otra
aventura militar.
Esto, sin embrago, no significa
que no pueda producirse una acción militar contra Venezuela. La CIA tiene
infinitos recursos y tiene muchos hierros en muchos fuegos. No utilizará al
personal militar estadounidense (excepto como “asesores” y apoyo logístico, es
decir, para preparar las operaciones, armarlas y financiarlas). Recurrirá a
mercenarios extranjeros, matones a sueldo y fascistas que llevan años,
extraoficialmente, en la nómina de la CIA y que hacen el trabajo sucio.
Estos gángsteres están
localizados convenientemente en Colombia. Pueden cruzar la frontera con
Venezuela en cualquier momento, entrar y salir para hacer su trabajo sucio.
Visten con ropas civiles y hablan castellano con acento local. Reciben apoyo,
escondites y dinero de la oligarquía venezolana y la oposición de derechas. Lo
mejor de todo, no trabajan ni para el gobierno colombiano ni para ningún otro.
Si les encuentran negarán todo. Nadie es responsable de ellos. ¿Qué más se
puede pedir?
La televisión estatal venezolana
ha mostrado imágenes de policías armados vigilando a grupos de jóvenes vestidos
con ropa de camuflaje. La granja se había convertido en un campo con barracones
para dormir y facilidades para cocinar. Los hombres utilizaban el campo para
planificar un ataque contra una instalación militar de Caracas. Esto está
relacionado con un plan más amplio para desestabilizar Venezuela y crear las
condiciones para una provocación que arrastre a Colombia a una guerra. Esto es
lo que dice el manual de la CIA.
Las negativas estudiadas de
Washington, Bogotá y la oposición venezolana no engañan a nadie. En una
investigación de asesinato la primera pregunta es: ¿A quién beneficia el
asesinato? En este caso, la cuestión se responde sola. Las personas que tan
ardientemente desean la eliminación de Hugo Chávez y el derrocamiento de su
gobierno progresista son George Bush y la oligarquía venezolana.
La CIA y la oposición venezolana
han colaborado en tres ocasiones para derrocar al gobierno elegido
democráticamente y han fracasado. No han abandonado sus planes sino que sólo
los han modificado a la espera de una correlación de fuerzas más favorable
dentro de Venezuela. Los acontecimientos actuales podían preverse, y se han
previsto. La pregunta no era “si”, sino “cuándo y cómo”.
Los últimos acontecimientos
confirman lo que hemos dicho muchas veces: la revolución venezolana está en
peligro. La tarea inmediata de los marxistas es denunciar los planes de los
imperialistas estadounidenses, desenmascararles ante la opinión pública mundial
y movilizar al movimiento obrero internacional en defensa de la revolución
venezolana.
En esto están jugando un papel
especialmente pernicioso los medios de comunicación occidentales. Los
periódicos y las cadenas de televisión están en manos de millonarios y enemigos
del socialismo y la clase obrera. Enmascarados con la falsa bandera de la
“libertad de prensa” extienden mentiras y calumnias escandalosas sobre lo que
está ocurriendo en Venezuela.
Increíblemente, algunos elementos
del movimiento obrero se han dejado engañar con esta propaganda y están jugando
un papel despreciable, repitiendo las mentiras y calumnias puestas en
circulación por la CIA y la oposición derechista venezolana, con la intención
de confundir y desorientar a la opinión pública. Se intentan ocultar detrás de
los dirigentes derechistas de la CTV, cuyos vínculos con la CIA son del
conocimiento público, y que apoyaron activamente el golpe de 2002. Además,
lanzando una campaña sistemática de desinformación, la prensa millonaria ha
organizado una campaña conspirativa de silencio para que la clase obrera de
Europa y EEUU no sepa lo que está ocurriendo. Es vital eliminar esta cortina de
silencio y que el movimiento obrero internacional sea consciente de las
intrigas del imperialismo estadounidense en Venezuela.
Los imperialistas siempre actúan
como ladrones en mitad de la noche, cubriéndose con la oscuridad. Es necesario
dirigir una luz brillante hacia sus actividades secretas y asesinas. Es el
momento de organizar un movimiento de protesta masivo para denunciar las intrigas
contrarrevolucionarias de Washington y sus agentes en Venezuela, y también el
despreciable papel de la prensa a sueldo que está sirviendo complacientemente y
es complica activo del imperialismo.
¡No hay tiempo que perder! Hay
que organizar piquetes y protestas frente a las embajadas de Colombia y EEUU.
Hay que enviar cartas de protesta a los gobiernos de ambos países. Presentar
resoluciones de apoyo a Venezuela en cada sección sindical y otras
organizaciones del movimiento obrero. Debemos exponer ante los ojos del mundo
lo que están haciendo para que no escapen a su condena y quede en evidencia lo
que son: criminales comunes.
¡Abajo el imperialismo!
¡Hay que defender la revolución
venezolana!
¡Las manos fuera de Venezuela!
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