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5. El papel de la industria en la economía capitalista PDF Imprimir E-Mail
martes, 16 de diciembre de 2003
Actualmente está de moda entre los apologistas del capitalismo despreciar la importancia de la industria en la economía capitalista, lo que demuestra, por un lado, su estúpida ignorancia y, por otro, su afán consciente por tergiversar la realidad para de esta manera desviar la atención de la clase obrera de sus objetivos históricos, pretendiendo debilitar su conciencia. Así, en un artículo aparecido en El País (24/7/00), titulado ‘La revolución del siglo XXI se libra en la red’, José Cercós, presidente de Winterthur, afirma auténticos disparates como éste: “Con la nueva economía no sólo cambian los instrumentos de producción, sino el contenido. De fabricar cosas en el siglo XX vamos a pasar a procesar información en el siglo XXI. Ésa es la gran transformación” (énfasis nuestro).

La producción industrial constituye la base sobre la que se sustenta la moderna sociedad capitalista. Siempre ha sido así, y siempre será así. Todas las vulgares habladurías sobre la sociedad de servicios, sobre el declinar de la industria y del papel de los obreros industriales, no resisten la más mínima crítica científica.

Cualquiera puede hacer la prueba, incluído el señor Cercós. La ropa que nos viste, los alimentamos que tomamos, los ladrillos de que están hechos los edificios, los bolígrafos, el papel, los coches, aviones, televisores, ordenadores, periódicos, los billetes y monedas; en fin, excepto el aire que respiramos, todo está hecho en fábricas o instalaciones industriales. Sin la producción fabril la sociedad capitalista colapsaría en 24 horas. Esto es algo tan elemental que resulta una puerilidad detenerse en explicarlo, pero ¡a tan miserable nivel ha descendido la moderna ciencia burguesa propalada por estas lumbreras salidas de la universidad!

La importancia de la industria, bajo el capitalismo, no reside sólo en su función de productora de valores de uso, de producción de objetos útiles, sino también como única fuente (junto con la agricultura) creadora de plusvalía, el auténtico motor de la producción capitalista. “El capital industrial es el único modo de existencia del capital en que su función no consiste solamente en apropiación de plusvalía o del producto excedente, sino también en su creación. Por eso este capital condiciona el carácter capitalista de la producción; su existencia implica la de la contradicción de clase entre capitalistas y obreros asalariados (...) Las demás variedades de capital que aparecieron antes que él en el seno de condiciones sociales de producción acabadas o en decadencia, se subordinan a él y sufren modificaciones apropiadas en el mecanismo de sus funciones. Más aún, no se mueven más que sobre su base; viven y mueren, persisten y sucumben con esta base que él les proporciona” (Marx, El Capital, Vol. II, pág. 53, Ed. Cubana).

Como explica Marx, el resto de capitales no vinculados directamente a la producción (capital comercial, capital bancario, y gran parte de lo que se entiende como el sector servicios) está supeditado, en cuanto a su propia existencia y en cuanto a la apropiación de plusvalía y, por lo tanto, a la obtención de beneficios, al capital orientado a la producción de valores de uso por medio del trabajo asalariado (industria y agricultura), única manera de producir plusvalía. La realidad diaria demuestra cómo toda perturbación seria en la industria y la agricultura causa efectos inmediatos en el resto de la economía capitalista. En el volumen III de El Capital, Marx explica detalladamente el mecanismo mediante el cual se reparte la plusvalía, originada en la industria y la agricultura, entre todos los sectores que participan en la economía capitalista.

Desde un punto de vista marxista, el sector industrial abarca no solamente las fábricas, instalaciones industriales y minas, sino todos aquellos sectores económicos que producen mercancías, como es el sector de la construcción (aquí las mercancías son las casas y edificios que incluyen en su valor la plusvalía incorporadas por los obreros en el proceso de construcción), los transportes de mercancías (añaden un valor y una plusvalía extra a las mercancías transportadas al requerir trabajo humano asalariado), el transporte de personas (aquí la mercancía es el desplazamiento en sí mismo efectuado por trabajadores asalariados), las telecomunicaciones, el sector energético (electricidad, petróleo, gas), etc. La división del trabajo, impuesta por la producción capitalista, lejos de reducir la parte industrial de la economía capitalista la amplía cada vez más.

“La industria moderna nunca considera ni trata como definitiva la forma existente de un proceso de producción. Por consiguiente, su base técnica es revolucionaria, mientras que la de todos los modos de producción anteriores era esencialmente conservadora. Mediante las máquinas, los procedimientos químicos y demás métodos, la industria moderna revoluciona constantemente la base técnica de la producción, y con ella las funciones de los obreros y las combinaciones sociales del proceso de trabajo. De este modo, revoluciona también, no menos incesantemente, la división del trabajo dentro de la sociedad, lanzando sin cesar masas de capitales y obreros de una a otra rama de de la producción” (Marx, El Capital, Vol. I, pág. 437. Ed. Cubana).

Resulta curioso que estos abogados de la terciarización de la economía, no tengan tiempo para explicarnos cómo se puede entender la irrupción en la economía mundial de países como Corea del Sur, China o Brasil, sin la enorme fortaleza industrial acumulada por estos países en las últimas décadas. Por no hablar del liderazgo ejercido en la economía europea por Alemania gracias a su poderosa industria. En sentido contrario, vemos cómo antiguas potencias industriales de primer orden como Gran Bretaña, no hacen más que declinar su importancia en la economía mundial en la medida que su burguesía ha desmantelado gran parte de la producción industrial.

El hecho de que haya sectores de la economía capitalista que no se dediquen directamente a la producción de mercancías (el famoso sector servicios) no significa que dejen de estar, por ello, supeditados a la producción mercantil, como antes indicamos. Y en lo que respecta a sus trabajadores, se ven obligados a transplantar los métodos de trabajo de la industria, el sistema de trabajo asalariado, para poder funcionar.