60 Aniversario del asesinato de León Trotsky.

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Trotsky y la Revolución de Octubre

 

 Los días 24 y 25 de octubre (8 y 9 de noviembre según el calendario occidental) de 1917 se produce el acontecimiento más grande de la historia de la humanidad. La clase trabajadora rusa, aliada con los campesinos pobres y bajo la dirección del Partido Bolchevique, derriba al Gobierno Provisional surgido de la revolución de febrero, entregando el poder a los sóviets de obreros, soldados y campesinos.
 Se iniciaba así la construcción de una nueva sociedad, en la que por primera vez millones de personas intervenían directamente, a través de los sóviets, en la gestión de la sociedad. Millones de obreros, soldados y campesinos pobres, en los meses de febrero a octubre, habían pasado por la escuela de los demócratas burgueses y sus aliados mencheviques y social-revolucionarios. Con estos partidos en el Gobierno Provisional las cuestiones centrales que las masas necesitaban solucionar (la paz, el pan y el reparto de la tierra) no habían avanzado ni un centímetro.

Carlos Ramírez

La dependencia del Gobierno Provisional de los imperialistas francobritánicos era cada vez mayor, el boicot económico de la burguesía a la revolución hacía que el abastecimiento en las ciudades, el campo y el ejército fuera desastroso, y la reforma agraria prometida se retrasaba continuamente, reprimiendo la toma de tierras que los campesinos pobres, desesperados, realizaban. Para colmo la reacción derrotada en febrero buscaba su oportunidad y continuamente enseñaba sus garras. Si los bolcheviques no llegan a tomar el poder, la perspectiva no hubiera sido una democracia parlamentaria al estilo de la de Francia, sino una dictadura militar sangrienta, como se pudo comprobar con la intentona fallida de golpe del general Kornilov de finales de agosto de 1917. Los bolcheviques, con su actividad política, fueron ganando paulatinamente el apoyo de las masas en el campo, en las ciudades y en el frente de guerra. La toma del Palacio de Invierno, la caída del Gobierno Provisional y la entrega del poder a los sóviets fueron la culminación de ese proceso. Los bolcheviques condensaron en un programa, una estrategia y una táctica las aspiraciones, no de un pequeño grupo habilidoso, sino de millones de hombres y mujeres.

Este protagonismo incuestionable de las masas en la revolución no niega en ningún caso el papel de los individuos en el desarrollo de los acontecimientos. La relación entre las condiciones materiales en las que los hechos transcurren, la actitud de las masas, y la influencia que individuos concretos tienen en el proceso, es completa.

Lenin y la estrategia del partido

Trotsky, al explicar el papel de Lenin en el desarrollo de la Revolución Rusa, descubre las claves de esta relación: "¿cómo se habría desarrollado la revolución si Lenin no hubiera llegado a Rusia en abril de 1917? Lenin (...) simplemente se incrustó en la cadena de las fuerzas históricas objetivas. Pero en esta cadena él fue un eslabón fundamental. La dictadura del proletariado se deducía del conjunto de la situación, pero aún quedaba instaurarla. No podría serlo sin un partido. El partido sólo podría cumplir su misión tras entenderla. Pero para esto necesitaba a Lenin. Hasta su llegada ningún dirigente bolchevique se atrevió a hacer el diagnóstico de la revolución." Y sigue: "Lenin no fue un elemento accidental dentro del desarrollo histórico, sino un producto de todo el pasado de la historia de Rusia. Se había alimentado de ella por medio de las raíces más profundas. Junto a los obreros de vanguardia había vivido la lucha proletaria de los últimos 25 años" (Trotsky, Historia de la Revo-lución Rusa).

La postura del Partido Bolchevique en los meses de febrero a abril se caracterizaba por su desconcierto y sus vacilaciones. La estrategia de los dirigentes de ese momento (Kámenev y Stalin) no era la de prepararse para la lucha por la conquista del poder, sino la de constituirse, durante un tiempo indefinido, y dentro del marco de la democracia burguesa, en su ala izquierda. El Pravda escribía por entonces: "la misión fundamental consiste (...) en la instauración del régimen democrático republicano" (ibid).

Lenin, desde el primer mo-mento de su llegada a Petrogrado, dedica todo su esfuerzo a conseguir un giro decisivo en la política del partido. Raskolnikov, joven oficial de la Marina y bolchevique, cuenta en sus memorias el primer encuentro de Lenin con los dirigentes del partido en la estación petrogradense de Finlandia, a donde fueron a recibirle: "Tan pronto como entramos en el vagón y nos sentamos, Vladimir Ilich se lanzó sobre Kámenev: ‘¿Qué diablos estáis escribiendo en el Pravda? Hemos visto algunos números ¡y os hemos puesto buenos!".

Después de unas semanas de acalorados debates, Lenin consigue ganar para sus posturas a la mayoría del partido. Los bolcheviques empiezan a tener voz propia ante las masas. Las Tesis de Abril de Lenin se convierten en la guía estratégica que les permitirá pocos meses después conquistar a las masas y el poder. Estas tesis explicaban el inevitable fracaso del Gobierno Provisional burgués en resolver los problemas democráticos y sociales, en un período de tiempo relativamente corto, e instaban al partido a propagar la necesidad de la toma del poder por parte de los sóviets.

He aquí en la práctica la relación dialéctica entre las masas y el individuo. Los planteamientos de Lenin, sin el apoyo del proletariado avanzado ni el engranaje del partido que los transmitía a las masas, habrían sido papel mojado y estas, sin esos planteamientos y sin el partido no hubieran conquistado el poder. Fue la unión de estos elementos lo que creó la fuerza imparable que posibilitó la Revolución de Octubre.

La posición de Trotsky

A muchos revolucionarios rusos, al igual que a Lenin, la revolución de febrero les sorprendió en el exilio. Trotsky se encontraba en Nueva York, donde había ido a parar después de un largo peregrinar por distintos países. En esta ciudad americana participaba en la redacción del periódico ruso Novii Myr (El Nuevo Mundo), que era el centro de la propaganda internacionalista revolucionaria en Estados Unidos. En los primeros días de marzo, Trotsky, en sus escritos sobre las tareas de la revolución, expresa las mismas conclusiones que Lenin.

El 5 de mayo, un día después de su llegada a Petrogrado, Trotsky pronuncia un discurso contra el Gobierno Provisional en el seno del sóviet, en el que plantea: "¿Qué es lo que recomendamos? Pienso que el próximo paso deberá ser traspasar todo el poder al Sóviet de Diputados Obreros y Soldados. (...) ¡Viva la revolución rusa como prólogo de la revolución mundial!" (Trotsky, La era de la revolución permanente).

De hecho, Trotsky, sobre todo después de la experiencia revolucionaria de 1905, era el que había analizado de una forma más certera la naturaleza y el carácter de la revolución que se estaba gestando en Rusia. En su libro 1905. Resultados y perspectivas, explica lo que más tarde sería conocido como la teoría de la revolución permanente, que en Rusia estaban pendientes las tareas revolucionarias de la burguesía (reparto de la tierra, separación de la Iglesia y el Estado, desarrollo industrial, etc.), pero que esta clase social, por los vínculos que le unían con la nobleza terrateniente feudal y con la autocracia zarista, a la vez que por el antagonismo existente, ya muy acentuado, entre el proletariado y la burguesía, no podría llevar esas tareas a cabo. Por otro lado el campesinado, por su heterogeneidad, dispersión y papel social, era incapaz de tener un programa independiente de la burguesía o del proletariado.

Sólo la clase obrera, ganándose el apoyo de los campesinos pobres, podría cumplir esas tareas. Estas sólo podría realizarlas si se dotaba de los medios materiales necesarios; por esa razón la clase obrera en el poder tendría que emprender medidas de carácter socialista como la nacionalización de los bancos y las grandes fábricas, superando los límites del capitalismo e iniciando la tarea de la construcción de la sociedad socialista. A su vez, esta empresa, en la medida que el capitalismo era ya el sistema dominante en el mundo a través del dominio del mercado mundial, era un eslabón más en la cadena de la revolución socialista mundial. Sin el triunfo de la revolución socialista en los países capitalistas avanzados era imposible la victoria del socialismo en Rusia.

La revolución de febrero no hizo más que reafirmar este análisis. Al propio Lenin, en el transcurso del debate en el partido durante el mes de abril, se le acusó de troskista. "Si no fue otra persona, debe de haber sido su cuñado Kámenev quien le dejó saber (a Trotsky) que los adversarios bolcheviques de Lenin, el propio Kámenev entre ellos, le habían reprochado a este haberse apropiado de cabo a rabo de la teoría de la revolución permanente y de haber abandonado el bolchevismo por el troskismo" (Isaac Deutscher, Trotsky. El profeta armado).

Con estas premisas, el alineamiento de Trotsky con la línea bolchevique surgida del congreso del partido en abril fue inmediata. Atrás quedaron las divergencias que en el periodo anterior habían separado a Trotsky de Lenin, que fundamentalmente se suscribían a la cuestión organizativa. Trotsky abrazó el modelo organizativo bolchevique. A partir de ese momento Lenin le consideró el mejor bolchevique.

Desde su llegada a Petrogrado el 4 de mayo, Trotsky se convierte en el principal aliado de Lenin, en una de las columnas centrales de la acción del partido entre las masas. El partido Bolchevique (incluso para los enemigos de la revolución) pasó a ser conocido como el de Lenin y Trotsky.

El camino hacia la fusión con el grupo bolchevique lo recorrió Trotsky con rapidez. El 10 de mayo Lenin, Zinoviev y Kámenev se reúnen con él para concretar su entrada en el partido. Su alta formal se produce en julio, incorporándose directamente al Comité Central. En ese lapso de tiempo colabora activamente en la elaboración de los principales documentos bolcheviques y a petición del partido entra en el Comité Ejecutivo del Sóviet de Petro-grado, del que ya fue presidente en la revolución de 1905.

Las Tesis de Abril y la dirección bolchevique

La batalla en el seno del Partido Bolchevique en el mes de abril, como hemos explicado más arriba, supone un viraje en la política del partido y la derrota de los sectores de la dirección más proclives al compromiso con la democracia burguesa. Pero esta derrota no implicó la desaparición de esa corriente. En los meses siguientes, en las cuestiones fundamentales, volvieron a manifestarse una y otra vez. Zinoviev y Kámenev eran los exponentes más claros de esta tendencia; otros dirigentes, comprometidos con la línea del partido de febrero a abril (como Stalin), se mantuvieron en un expectante segundo plano dejándose llevar por los acontecimientos. Lenin, consciente de la realidad de esta tendencia, se mantenía en guardia, dispuesto a combatir firmemente cualquier elemento de duda o vacilación.

En esta lucha encontró en Trotsky su mejor y más capaz aliado, siendo su más fuerte punto de apoyo en la preparación del partido para la toma del poder.

La burguesía y sus aliados mencheviques y social-revolucionarios no cejaban en su intento de integrar al bolchevismo en los engranajes de la democracia burguesa y comprometerlo con la política del Gobierno Provisional. En algunos dirigentes bolcheviques esta presión surtía efecto, lo que sometía al partido a continuos choques internos.

"Las resoluciones de la conferencia de abril condujeron al partido por la senda justa, en esencia. Pero en el estrato superior de este, las divergencias no quedaron eliminadas. Al contrario. Durante el curso de los acontecimientos las mismas asumieron formas aún más concretas y se agudizaron al extremo en el momento decisivo de la revolución, en las jornadas de octubre" (Trotsky, Lecciones de Octubre).

Los choques más virulentos y significativos se producen en torno a la posición bolchevique ante la Conferencia Democrática y el preparlamento organizados por los partidos reformistas y la burguesía, y sobre el momento concreto de la realización de la insurrección.

La conferencia tenía como objetivo paralizar la lucha de los bolcheviques por el poder de los sóviets. Era una asamblea, en la que la mayoría de los delegados habían sido elegidos a dedo, para asegurarse una mayoría burguesa y reformista abrumadora y oponerla a la mayoría bolchevique en los sóviets. El desarrollo que esperaban era cristalino: que los sóviets fueran cediendo poco a poco sus funciones a los organismos de la democracia burguesa (Duma o Parlamento, Adminis-tración local, etc.), y, al fin, que desaparecieran de la escena. Para conseguirlo necesitaban de la participación de los bolcheviques para que, con su presencia, legitimaran esta maniobra.

La postura de Lenin era acudir a la Conferencia, retirarse ostensiblemente denunciando la trampa y no participar en el preparlamento que surgió de dicha conferencia. "El partido revolucionario puede volverse de espaldas al parlamento (burgués) únicamente en caso de que se proponga como fin inmediato derrocar al régimen existente" (Trotsky, Historia de la Revolución Rusa). Para Lenin y Trotsky se trataba precisamente de eso.

El 20 de septiembre se celebra una conferencia del partido para discutir la posición ante el preparlamento. Trotsky es el ponente del Comité Central y propugna el boicot. La derecha del partido se impone y la postura de Trotsky es derrotada por 77 votos a 50. El 22 de septiembre escribía Lenin: "Hay que boicotear el preparlamento; hay que ir a los sóviets. (...) Trotsky era partidario del boicot. ¡Bravo compañero Trotsky" (Trotsky, ibid.). La intervención de las organizaciones locales del partido en el debate posibilita el cambio en la correlación de fuerzas, y finalmente triunfan las tesis del boicot. El 10 de octubre los bolcheviques abandonan el preparlamento y una vez más es Trotsky el orador bolchevique que lo anuncia, reclamando todo el poder para los sóviets.

No menos encarnizada es la discusión sobre la insurrección. Lenin -partidario de organizarla- se apoya nuevamente en la base del partido consiguiendo vencer la resistencia de la derecha en el Comité Central y la conocida oposición de Kámanev Zinóviev.

Preparando Octubre

Previamente, tras las jornadas de julio (manifestaciones obreras armadas en Petrogrado), el Gobierno Provisional había ordenado la detención de Lenin, Kámenev y Zinoviev como instigadores de las movilizaciones, pero no la de Trotsky. Este respondió a este intento de meter una cuña, ante las masas, entre él y Lenin, con una carta pública en la que exponía su total coincidencia con los planteamientos de los acusados y su participación al mismo nivel en los acontecimientos, y se mostraba, al igual que ellos, enemigo irreconciliable del Gobierno Provisional. A raíz de este posicionamiento público ingresó en prisión hasta que el 4 de septiembre, fruto de la presión obrera, fue liberado.

La derrota de la intentona contrarrevolucionaria del general Kornilov da un nuevo impulso a la revolución. El ascenso bolchevique es imparable y poco a poco van haciéndose con la mayoría en los sóviets. El 23 de septiembre Trotsky es elegido presidente del Sóviet de Petrogrado, y desde esta posición se convierte en una de las piezas claves de la insurrección de octubre. Lenin, todavía en la clandestinidad, participa desde lejos y preocupado por el cariz que van tomando los acontecimientos insiste en la necesidad de pasar inmediatamente a la acción. Para Lenin el momento de la toma del poder ha llegado, y teme que la indecisión de la dirección del partido, manifestada en febrero y marzo, se reproduzca.

La posición del partido, a instancias de Trotsky, era la de organizar los preparativos de la insurrección con la vista puesta en la apertura, el 24 de octubre, del II Congreso de los Sóviets de toda Rusia, en el que los bolcheviques tenían garantizada la mayoría. El primer punto del orden del día en dicho congreso sería la deposición del Gobierno Provisional y la toma del poder por el máximo órgano soviético.

El Gobierno Provisional, consciente del peligro, ordena trasladar la guarnición de Petro-grado (mayoritariamente bolchevique) al frente, sustituyéndola por fuerzas que le fueran fieles (los cosacos y los batallones de la muerte). El Sóviet de Petrogrado reacciona creando el Comité Militar Revolucionario, que bajo la dirección de Trotsky revoca la orden. Por su parte la guarnición declara su sometimiento a las directrices del órgano soviético y niega la autoridad del Gobierno. Es el 16 de octubre y nos encontramos ante el primer acto de la insurrección. Desde ese momento la agitación revolucionaria de los bolcheviques se canaliza fundamentalmente a través del Comité Militar Revolu-cionario. Los mítines en los cuarteles, en los distintos regimientos de la ciudad, se suceden. Trotsky es el principal orador en los más importantes. Las adhesiones a la autoridad del Comité se producen por práctica unanimidad.

En la noche del 24 al 25 de octubre Trotsky firma la orden número uno, dirigida a la guarnición de Petrogrado: "El Sóviet de Petrogrado se encuentra en peligro inminente. Anoche conspiradores contrarrevolucionarios trataron de llamar a Petrogrado a los junkers y a los batallones de asalto. Por la presente ordeno a ustedes que preparen su regimiento para la acción. Esperen nuevas órdenes. Toda dilación y vacilación será considerada un acto de traición a la revolución".

En la sesión del II Congreso de los Sóviets, el 25 de octubre, Trotsky explica en su discurso: "Hemos levantado la bandera de la insurrección abiertamente ante el pueblo entero. La consigna de la insurrección era: ‘todo el poder a los sóviets, a través del Congreso de los Sóviets’. Nos dicen: ‘no esperásteis al Congreso para vuestro levantamiento’. Nosotros lo hubiéramos querido, pero Kerenski no lo hubiera hecho. (...) Como partido considerábamos que era nuestra tarea hacer posible que el Congreso de los Sóviets tomara el poder. Si el Congreso se hubiese visto rodeado por los junkers, ¿cómo habría tomado el poder? Para cumplir esa tarea hacía falta un partido que arrancase el poder de manos de la contrarrevolución y os dijera: ‘¡Aquí tenéis el poder y vuestro deber es tomarlo!" (John Reed, Diez días que estremecieron el mundo).

Hoy, cuando se cumplen 60 años del asesinato de Trotsky, desde estas páginas queremos homenajear a este gran revolucionario, no sólo reivindicando la vigencia de sus ideas y continuando su lucha; también, y este es el objetivo de este artículo, reconociendo la enorme importancia que tuvo su participación en los acontecimientos de la Rusia revolucionaria de 1917.

Trotsky y el Ejército Rojo