Corriente Marxista Internacional

Chile, como México hace un año, parecía el país más estable de América Latina. Pero eso ya terminó. Después de las movilizaciones de los estudiantes hace año y medio, ahora irrumpió a la escena de los acontecimientos el proletariado chileno, exigiendo mejores condiciones de vida y de trabajo.

Chile, como México hace un año, parecía el país más estable de América Latina. Pero eso ya terminó. Después de las movilizaciones de los estudiantes hace año y medio, ahora irrumpió a la escena de los acontecimientos el proletariado chileno, exigiendo mejores condiciones de vida y de trabajo.

Hace meses tuvo lugar una huelga general del proletariado minero del cobre que duró varias semanas, y luego estuvieron en huelga los trabajadores mineros de las subcontratistas de la estatal CODELCO, quienes consiguieron su derecho a la negociación colectiva. Semanas antes, el trabajador Rodrigo Cisternas, fue asesinado por la policía en una protesta de trabajadores forestales. También hubo luchas de los trabajadores de la salud, y de otros sectores.

Pero la movilización más sobresaliente fue la jornada nacional de protesta convocada por la central sindical, la CUT, el 29 de agosto, contra la política social del gobierno que tuvo el apoyo del Partido Comunista y, lo que es más sobresaliente, del Partido Socialista que participa en el gobierno de Concertación de Bachelet y que refleja la presión creciente hacia la izquierda de sus bases.

Pese a que el gobierno prohibió marchar ese día por el centro de Santiago, en la movilización participaron decenas de miles de trabajadores que fueron reprimidos por la policía y terminó con decenas de heridos y 600 detenidos. Varios cientos de miles de trabajadores más participaron en todo el país en una jornada de protesta que conmovió los cimentos de toda la sociedad.

La protesta expresó el malestar de las masas contra la carestía de la vida, contra el fraude del sistema jubilatorio privado, contra el caos del transporte en el Gran Santiago y contra las leyes restrictivas que encorsetan cualquier voluntad de cambio de las masas trabajadoras.

La CUT también incluyó demandas políticas en la jornada de protesta contra el sistema antidemocrático de representación en el parlamento que impide, por ejemplo, que el Partido Comunista (con el 10% de apoyo electoral) tenga representación parlamentaria; y contra el quorum elevadísimo que se requiere en el Congreso para modificar cualquier ley fundamental: en el terreno laboral, educativo, salud, previsional, etc.; herencia directa de la dictadura pinochetista; y que la cobardía del ala más derechista del Partido Socialista, presente en el gobierno de Concertación con la burguesa Democracia Cristiana, ha impedido modificar.

La clase obrera chilena, como también la argentina, ha dado una lección de Sociología a los intelectuales de clase media y sus seguidores en el movimiento obrero que afirman que las condiciones de trabajo precarias, la externalización del trabajo de las empresas, la fragmentación de los trabajadores en pequeños sindicatos y empresas, etc. impedían reunir a los trabajadores como clase y expresar colectivamente sus demandas comunes.

No es casualidad que una de las principales demandas de la movilización fuera el derecho a la negociación colectiva de todos los trabajadores que laboran en una misma empresa (como recién lo consiguieron los trabajadores mineros subcontratados de CODELCO).

También los sectarios y ultraizquierdistas (de Chile y Argentina) recibieron su lección al presenciar cómo los trabajadores expresaron invariablemente su malestar y su lucha a través de la central sindical tradicional, la CUT, independientemente del carácter reformista de sus dirigentes.

El "milagro económico chileno" no fue tal. Estuvo basado durante décadas en las leyes represivas de la dictadura, que aún se mantienen, y en la sobreexplotación de los trabajadores. Estos han dicho que ya es suficiente y todo el ambiente social en Chile ha cambiado completamente en sólo unos meses.

En Chile se preparan acontecimientos tormentosos que sacudirán de arriba hacia abajo a las organizaciones tradicionales de masas de la clase obrera, no sólo la CUT sino también los partidos comunista y socialista.


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